martes, 6 de octubre de 2015

Capítulo 3

Capítulo 3

 20 de Febrero de 1965, vísperas de carnavales, alegría en las calles por sus gentes disfrazadas, los niños  muy alegres y contentos, jugando, tirando papelillos y serpentinas. Aparte, adornaban los patios de las casas, y el que veían más simpático, le daban un premio, algunas veces, llegaba un personaje famoso para disfrutar de esta fiesta típica y gaditana. Ya sea un actor o actriz de películas o presentador o presentadora de televisión. Los encargados de realizar esta labor eran los dueños de la casa donde vivían o de alguna peña del barrio. Se echaban bastantes fotos, después la enmarcaban y la colocaban como recuerdo. Se llenaban las esquinas para escuchar cantar a las chirigotas callejeras, haciendo reír y pasar un buen rato. Pasaron por esta bella ciudad, la presentadora de Canal Sur, Irma Soriano, la actriz Concha Velasco, el cantaor flamenco Chano Lobato,el actor de teatro Paco Valladares, presentador de Canal Sur, Agustín Bravo, empezando en esta etapa, el poeta Rafael Alberti, la cantante de copla y actriz Isabel Pantoja, y muchos rostros conocidos. Dolores se quedó embarazada, cuando le vieron las primeras contracciones, se puso nerviosa y al mismo tiempo, respiraba y aguantaba como podía. Con sus gritos, alertó a los vecinos, y se la llevaron al Hospital de El Mora, que lo fundó un hombre con la intención de que eso pertenece al pueblo. Cuando llegaron, pidieron ayuda, que se había puesto de parto, las enfermeras que les vieron, cogieron una camilla, y fueron como podían para el paritorio. Avisaron al médico, y la ayudaron a dar a luz. Antiguamente, en estos casos, las mujeres para parir, se subían al potro, y le cosían los puntos de la cesárea. Manuel se encontraba de viaje, trabajando para dar de comer a su familia, las horas pasaban muy lentamente, aún no había noticias, se escuchaban los gritos desde la sala de espera, donde la estaban todos esperando ansiosos. Aparte de sus vecinos, también fueron su suegra y algunas de sus cuñadas. 





Salió una enfermera vestida con su cofia blanca con una cruz roja, una falda, una camisa del mismo color, medias blancas, zapatos blancos y una capa azul corta, que le llegaba hasta la espalda. Les dijeron que la paciente se encontraba bien y que ha tenido un niño muy sano, aunque al principio, venía con una vuelta en el cuello de el cordón umbilical. Gracias a Dios, le salvó la vida, lo bañaron y se lo llevaron a la incubadora con más bebés. La pasaron a una habitación para que estuviera mejor y más tranquila, Empezaron a llegar los amigos, y ella se alegró muchísimo de verlos otra vez. La enfermera encargada de los neonatos, le trajeron a Dolores su pequeño recién nacido. Manuel al ver tanta gente, pasó como pudo para ir junto a su mujer y su primogénito. Aún no sabían como le iban a poner, pero era un poco nervioso y espabilado. Lo llamaron Francisco, como el padre de Dolores, era el sol que iluminaba el día y los corazones de sus padres. El niño era calvo, ojos marrones, gordito, gracioso y guapo, el matrimonio estaba dando un paseo con el cochecito por el parque, y había un fotógrafo que estaba buscando bebés para un anuncio de televisión de marca de papillas. Cuando los vieron aparecer, se dirigieron a ellos, y les hablaron de que estaban buscando a niños pequeños para hacer un anuncio de televisión. Y les preguntaron que si podían hacerle fotos a su hijo, y dijeron que si. Hasta que al final, le gustaron, y lo eligieron, se lo pensaron mucho, pero al final, les contestaron a los muchachos que no. Su infancia era de lo más normal, lo matricularon en el colegio de el Campo del Sur, que se llamaba "Generalísimo Franco". Jugaba con sus amigos, los profesores le llamaban muchísimo la atención, porque era muy malo, más que eso, travieso. Una vez lo expulsaron, por el comportamiento, y el profesor le preguntaba que si tenía los libros, y le dijo que no. Aunque los estudios no se le daban nada mal,  le trajo el día de las notas a su madre unas buenas calificaciones. Una vez,  en la calle jugando con otros compañeros en la acera, tenía una caja de cerillas, e introdujo en ella unos pequeños ratoncillos de la alcantarilla. Llegó a su casa corriendo, y su madre le preguntó: ¿A dónde vas con tanta prisa, Paquito?; entonces, le respondió: A mi habitación, mamá.  Se agachó para introducir la mano debajo de la cama, cogió una caja de cartón, y guardó como pudo a los animalitos. Ella al principio, no sabía exactamente que era lo que estaba haciendo su hijo, hasta que un día, haciendo limpieza general, se encontró con lo que tanto guardaba, la abrió y vió a eso roedores, pegó un susto, que hizo tirar la caja, se escaparon todos, y se esparcieron por la casa. Los echaba con la escoba y con lo que veía a su paso, el niño cuando se sorprendió al ver el problema que había causado, su padre se enteró y decidió castigarlo. Las navidades eran las fechas más esperadas para muchas personas, que se reunían en sus casas  y pasar un buen rato juntos en paz y armonía. Terminaban la cena, salían a la calle, se juntaban hasta los vecinos de al lado y de enfrente, cogían las botellas de anís del mono, las panderetas, las zambombas, se ponían en corro, e iban cantando villancicos todos alegres. Llegó el momento más esperado por los más pequeños, la cabalgata de Los Reyes Magos, en el cortejo se podía ver a los gigantes cabezudos, animales, como camellos, gansos, aves, etc. Los pajes reales llevando a los camellos en los que estaban sus majestades tirando caramelos para que los niños y niñas recogiesen, y llevárselos a sus casas. También se encontraba junto a ellos el cartero real con las cartas para entregárselas a los reyes.  A la mañana siguiente, los padres iban a la habitación de sus hijos, los despertaban diciéndole que les habían traído los que ellos pidieron. Aunque, en la calle San Félix, Paquito pidió un muñeco que estaba de moda en aquel año, y tenía mucha ilusión por tenerlo. Su deseo se cumplió, lo vio en el salón de su casa, se fue corriendo para él, lo sacó de la caja donde estaba guardado. El nombre del muñeco era “Geyperman”, estaba vestido con ropa de guerra, y llevaba un rifle. Aparte le trajeron un juego de palillos chinos, “Mikado”. Él se puso muy contento y feliz jugando, y sus padres también. Terminados los estudios, no quiso seguir estudiando, hasta que le vino a la cabeza que lo que quería era trabajar para sacar a su familia adelante. Mientras que su padre se encontraba fuera del país, hacía lo que podía para traer dinero a su casa, le comentó a su madre que iba a buscar trabajo, entonces cuando escuchaba las palabras que salían de la boca de su hijo, se sintió muy orgullosa porque se estaba convirtiendo en un hombre hecho y derecho, sabiendo lo que verdaderamente quería hacer en la vida. Un profesor le dijo en una de sus clases que dibujaba muy bien, y a raíz de eso, la gente les pedía dibujos, y él con mucho gusto los realizaba. En una peña muy famosa, “La Peña de Juan Villar”, que se encuentra en la entrada de la playa de “La Caleta”, el dueño habló con el chico y vio los dibujos que tenían guardados en una carpeta, se quedó impresionado. Le comentó que tiene pensado poner en una de las paredes un cuadro con todos los cantaores de flamenco de Cádiz, la idea que se le estaba ocurriendo fue genial, le contestó: ¿Por qué mejor no te hago un árbol genealógico del flamenco?, esta fue la impresión que se llevó cuando le dijo eso: “Me parece una idea maravillosa”. Y se puso manos a la obra, empezó a hacer varios bocetos en sucio, y se los enseñó. Al principio, no estaba muy conforme con los que estaba viendo, pero al final, tomó una buena decisión, y se quedó con el que más le gustó. Lo mandó enmarcar, y lo colocó a la entrada en la parte izquierda. 


Muchísimas personas se acercaban para contemplar aquella maravilla, aunque en verano es muy típico por su gastronomía, sus platos más conocidos. Como por ejemplo, caballas asadas con picadillo, chocos fritos, cazón en adobo, puntillitas, sardinas frescas, pulpo a la gallega, la ensalada especial de la casa, y muchos otros. Tanto así, que cuando terminó el dibujo le dijo el dueño a él: “Antes de que me lo des, fírmalo con tu nombre, y espero que nunca cambies, y vas a tener mucho éxito con las manos que tienes, porque eres un chaval prodigioso”. Se alistó en el servicio militar, y juró bandera delante de las miradas de sus padres y sus hermanos. Una vez, antes de esto, trabajó en el cementerio antiguo de Cádiz, como sepulturero. Llegaba a su casa y le contaba a sus padres que era un trabajo bastante duro, y por la noche. Pasaba mucho frío, y en alguna que otra tumba que enterraba, se llevaba consigo un trozo de hueso o cabeza de un animal. Antiguamente, uno se intentaba hacer lo que pueda para llevar algo de alimento a sus familias, en estos casos, a él le gustaba este oficio, a pesar de que era demasiado y el riesgo que podía tener. Su madre de algunas veces que entraba en su cuarto para hacer limpieza general, no se percataba de lo que tenía su hijo en la repisa, hasta que vio con sus propios ojos, la cabeza de un gato en esqueleto. Ya eso se convirtió en más bien en una costumbre, y tanto así, que empezó una colección. Al cabo de los años, en sus ratos libres, seguía dibujando, a pesar del carácter y los nervios que padecía, no se estaba ningún momento sin hacer nada. Un hombre que tenía una chatarrería enfrente del mercado central de abastos, buscaba a personas que sirvieran para limpiar bronce, oro, plata, pulimentar, pintar, preparar escayolas, arreglar cacharros usados, etc. En el servicio militar, se hacían entre ellos tatuajes, y él se los dibujaba a algunos y así sucesivamente. Le hicieron en la espalda el corazón de Jesús, unos muy raros en las manos, y otros más. Francisco, que pasaba en aquel momento, le dijo un amigo: ¿Por qué no te acercas y preguntas?, y él contestó: voy a intentarlo, a ver qué me dicen. Entró en el taller donde se encontraba el dueño, con su mujer y uno de sus hijos. Cuando puso un pie dentro, el encargado apareció detrás de una cortina donde tenía un sofá y una televisión. Él se presentó, le dijo su nombre, y le contaba que era un hombre muy activo, y sobre todo, un manitas. Hasta que al final, le preguntó si no tenía ningún problema en empezar con 15 días de prueba. Se dieron la mano, y lo convenció, le dijo: No se va a arrepentir. El dueño llamó a su mujer y a sus hijos que también se encontraban allí, les comunicó que a partir de ese momento se incorporaba un nuevo trabajador. Le mandaba a hacer bastantes trabajos, y con el paso del tiempo, se fue acostumbrando a su ambiente. Se levantaba todos los días a las ocho de la mañana, para estar puntual. Limpiaba cobre, lo llamaban para pintar casas, recoger muebles antiguos, el oro con mucho cuidado, la mujer del dueño algunas veces le hacía favores en su casa por si podía arreglarle algo que no tenía solución, tanto que le cogieron cariño y lo invitaban a su casa a comer, era como uno más de la familia. Los domingos, en el baratillo de Cádiz, que es muy conocido, las personas traían cosas que ya no le servían para poder venderlas y ganarse un poco de dinero, como por ejemplo, muñecas antiguas, ropas, zapatos, monedas de colección, libros como novelas de amor, de terror, de historias, películas de VHS, discos de vinilo de música de algunos cantantes famosos e ingleses, Manolo Escobar, Isabel Pantoja, El fari, Julio Iglesias, Bon Jovi, Elvis Preisley, Lola Flores, y otros muchos más.


Este pequeñín que veis en estas dos fotografías, es mi primo Moisés, otro de los hijos que tuvo mi tío Francisco con una muchacha que se llamaba Mª José.