miércoles, 9 de diciembre de 2015

Amor a Primera Vista y Nacimiento

AMOR A PRIMERA VISTA

Los hermanos de María Del Carmen se juntaban en el patio de su casa, y se lo pasaban muy bien cantando,  tocando la guitarra y tocando las palmas al son del compás.  En el grupo, uno de ellos, se fijó en ella. Su nombre era Miguel, era muy guapo y le gustaba mucho el cachondeo. Ese arte que desprendía con la guitarra, era porque salía en  bastantes comparsas con algunos de los autores reconocidos de esta fiesta como es el carnaval. Mari, aquel entonces, lo conoció con la edad de 16 años.  Empezaron a salir, y surgió algo más que una amistad entre los dos, se llevaron juntos 1 año.  Poco a poco dio paso al amor sin que se dieran cuenta con el tiempo, él vivía en la calle “San Rafael”, en un primer piso con sus padres y hermanos. Y ella vivía con sus padres y hermanos en la calle “San Félix”, el padre de Miguel vió con buenos ojos esta relación de su hijo. Tenía una melena entre castaño y rubio, se llevaron juntos muchos años, que Mari, le comunicó a su pareja y a sus padres de que iban a tener un hijo. Entonces, le dijo a ella que no le iba a faltar de nada, y que haría lo que pudiese para sacar adelante tanto a la madre como al hijo. Era un chaval bastante alocado, pero sin embargo, para la situación en la que se encontraba, era maduro, y sabía lo que le esperaba. Tanto para las dos familias, la llegada de un nieto era una alegría muy bien avenida. Cuando llegó la hora de que Mari estaba con los dolores de el parto, la llevó su madre corriendo para el hospital de El Mora. Las horas se pasaban cada vez más lentas, y en la sala de espera, mientras los familiares y amigos que se encontraban allí, esperando alguna noticia de como iban las cosas. 24 de Enero de 1990, son las cuatro menos cinco de la madrugada, hasta que el médico por el megáfono, comunicó  que María Del Carmen Gil Villegas había tenido una niña que ha pesado 2,950 Kg. Todos los que estaban, se pusieron locos de contentos, hasta cantando y bailando. Tanto la madre como la hija, se encontraban las dos en perfecto estado y bien. Miguel se dirigió a la habitación donde estaban acostadas sus dos amores. Cogió a su pequeña en brazos que llevaba puesto un mono amarillo con botones blancos y zapatitos del mismo color y tenía el pelo negro y largo, que cuando vino al mundo, se lo tuvieron que cortar un poco. A Mari le gustaba el nombre para su hija Nazareth, pero al padre no le hacía mucha gracia, entonces, fue al registro civil a registrar a la niña, y cuando llegó al hospital, la madre vio el nombre que aparecía, y se llevó una sorpresa, ponía María Del Carmen Sánchez Gil, el nombre de su futura hija. Al principio, eso a ella no le sentó nada bien, pero al final se conformó, y todos contentos. La llevaron a su casa donde iba a ser criada por el cariño de sus abuelos maternos y sus tíos. Mari contaba tanto el apoyo de sus padres y de sus hermanos, ella con el esfuerzo de su trabajo y de levantarse todos los días temprano para sacar adelante a su hija, ya tenía su propia casa, en el piso de abajo, se encontraba con su cocina montada con el comedor a conjunto y su dormitorio con la cama de matrimonio. Los dos hacían todo lo posible para sacar a su hija adelante, Mari que seguía trabajando en la casa de la familia adinerada, y Miguel hacía todo lo que se le pasaba por la cabeza, hasta hacer de mimo en la calle para sacar algún dinerillo para él también poder aportar. Para que a la pequeña no le faltara de nada y así darle una buena educación. No se pensaba el futuro y el destino que les deparaban, pero un día, en un mal momento, Miguel cayó en un vicio muy peligroso, que no sabía como controlarlo, era la droga. Cuando Mari lo supo, no se lo pensó dos veces, y le dejó. Le dijo que ella iba a salir adelante con el apoyo de su familia para criar a su pequeña de seis meses. Con el paso del tiempo, se fue creando un ambiente bastante desagradable, el hermano mayor de Mari, Francisco, estaba enganchado en la droga, y daba bastantes disgustos y problemas en la casa, aunque Carmen, aunque era pequeña todavía, no sabía nada de la vida. Pero veía con sus ojitos, el dolor que estaba pasando sus abuelos por ver a su hijo de esa manera. A nadie se le pasaba por la cabeza como una niña se ha criado en el ambiente en el que le ha tocado ver y vivir con ellos, sin embargo, la mujer de el segundo hijo de Dolores, Manuel, decía que sus hijas no se criarían en ese ambiente que no le gustaba para nada. 



Aquí os dejo estas dos fotografías de mi madre cuando estaba embarazada de mí, y mi padre trabajando en una escuela taller. Donde conoció a muchos chavales, que con el tiempo, se hicieron muy buenos amigos, y siempre estaban tocando las palmas, cantando y bailando para alegrarles el día. 




Y esta que veis, aquí estoy con mi madre en la casa donde ella trabajaba cuando era joven. Ella me tuvo a la edad de 20 años, es una mujer luchadora por sacarme adelante junto con mis abuelos y mis tíos, valiente, se sacrificaba mucho para poder mantenerme, cuando mi padre se enganchó a la droga, se fue dejándome con tan solo 6 meses de nacida. Siempre voy a decir que esta mujer que veis en esta imagen, ha hecho el doble papel de madre y de padre, porque a mí me ha hecho falta el cariño de él. 

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Mi Cádiz

Aquí os dejo algunas de las imágenes de mi Cádiz querido y amado, el que me vio nacer, crecer, disfrutar de la alegría de sus gentes y sobre todo, de jugar en sus calles. De sus fiestas, como el carnaval o la navidad, de bañarme en las aguas de mi playa de La Caleta, donde ella precisamente me vio sentir el fresquito en mi cuerpo de su agua cristalina y refrescante, de pisar su arena y sentirla por los dedos de mis pies pequeños y ahora también. De ese Cristo de la Misericordia crucificado en la cruz junto a su madre, María Santísima de las Penas, y con la más pequeña que se encuentra en el altar mayor, Virgen de La Palma. De ese Hospital de El Mora donde nací y donde se hartaron de cantar y bailar cuando supieron de mi llegada a este mundo y de lo que me iba a deparar el futuro. 

Mi barrio de "La Viña".









Playa de "La Caleta". 



Los tesoros de mi barrio y mis guías que alumbran mi camino día tras día.




Hospital de "El Mora".





La alegría que desprende sus gentes y el ambiente que hay en la calle por estas fiestas típicas.




Y por último, la fiesta que reune a toda la familia en casa y a los amigos, La Navidad.








viernes, 27 de noviembre de 2015

Intermedio

Bueno, pues ya he terminado una de las primeras partes de este libro, la historia de mis abuelos y mis tíos. Antes de contaros y meterme de lleno en mi historia, voy a hacer un breve resumen de la ciudad de Cádiz, y también de el barrio donde me vió crecer, jugar en sus calles y nacer. 


miércoles, 25 de noviembre de 2015

Capítulo 9

CAPÍTULO 9

Otoño de 1978, día 30 de Septiembre, Dolores se encontraba en su casa en compañía de su marido y sus hijos, estaba a punto de cumplir la fecha para que naciera su séptimo hijo. Los dolores de el parto cada vez eran más fuertes, entonces, como pudieron, la llevaron al hospital y la atendieron lo más rápido que podían. Una de las enfermeras que estaba con el médico ayudándolo en la sala de partos, apareció por el pasillo y les dijo que habían tenido una niña muy guapa y espabilada. Todavía no se ponían de acuerdo que nombre le iban a poner, cuando llegaron a su casa, la pequeña dormía en una cama litera con su hermana Mari. Entonces, a ella se le ocurrió un nombre que le gustaba mucho, y era Verónica. Se lo dijo a su madre, y le gustó. La llevaron a la iglesia para hablar con el párroco para bautizarla con el nombre que al final eligieron para su hija. Hizo su primera comunión junto con su hermano Enrique, y dieron un convite en su casa para los demás vecinos y sus hijos. Era una niña bastante traviesa y más de un dolor de cabeza le dio a sus padres, es amiga de sus amigos, siempre se juntaban con muchos chavales y se lo pasaban de lujo con las cosas que hacían. Una anécdota de cuando ella era pequeña, que le pedía a sus padres por Reyes juguetes de niños, y era lo que más le gustaba, como por ejemplo, los muñecos de playmobil. Se pegaba horas y horas jugando con el resto de sus hermanos, ya en la calle, jugaba con los demás niños y niñas, pero con quien se sentía más a gusto era con los niños. Con uno de ellos, que es el mejor de sus amigos, se llamaba “Piri”, cuando se juntaban hacía alguna de las suyas, como por ejemplo, se encontraron por la calle a unos pequeños ratones de alcantarilla, y los metieron en una caja de cerillas, cuando llegaron corriendo los dos al patio de la casa de Vero, que era como la llamaban, la madre al verlos, no sabía lo que estaban tramando los dos. Cuando le vió la caja pequeña de cerillos, ella empezó a decirles que se la diera, y cuando la abrió, pegó un salto y un susto al ver a esos pequeños ratoncillos que salían. Estudió en el colegio de Valcárcel, igual que sus hermanos Luis y Enrique. 

















Ella no ha tenido ningún problema con los profesores ni con sus calificaciones, porque cuando llegaba el momento de las notas, los profesores le decían cosas buenas a sus padres. Después de que se sacara su graduado escolar, se sacó un curso de administrativo y de mecanografía. Se fue de su casa para irse a vivir con una amiga y su familia en la calle de “La Palma”. La madre enfermó de cáncer, entonces, el padre le pidió a Verónica que se quedara en su casa para que le hechara un cable. Y pudieron salir adelante. Ahora ella ha conocido más amigos y sale con ellos de marcha, se lo pasa muy bien. Tiene una amiga que conoció hace poco y se llama María, que Vero ha dejado su casa para irse a vivir con su amiga en el Barrio de Santa María, en la calle Botica. Y las dos hacen todo lo que puede para salir las dos adelante solas, cada una con sus trabajos. Su primera amiga se llamaba Mª José y su hermana Mayte. Se portaron con ella como si fuera otra más de la familia. Vero les hacía la comida, le ayudaba con las tareas de la casa, sacaba a los perros a la calle, etc. Dolores le cogió muchísimo cariño a las amigas de su hija, que también las ayudaba como podía. Vero vivía con sus padres y sus hermanos en el barrio de “La Viña”, muy conocido en Cádiz, por sus costumbres, la alegría de su gente y la alegría que desprende en todo el barrio entero. No hay un barrio con más arte y jolgorio que este. 




Capítulo 8

CAPÍTULO 8

Año 1974, concretamente, 15 de septiembre, Dolores se quedó encinta de su sexto hijo. Corriendo, la llevaron al Hospital de “El Mora”, porque ya había roto aguas. El médico, cuando salió de la sala de partos, le comunicó al marido que ha sido padre de otro niño. Se fue para la habitación de su mujer para verlo, se quedó prendado de su pequeño, que era rubio y muy guapo. Le pusieron el nombre de Enrique, un compadre y muy amigo de la familia. Lo bautizaron en la iglesia de “La Palma”, le hicieron una fiesta por todo lo alto en el patio de su casa junto con los demás vecinos que vivían allí y todos eran como una gran familia. Se instaló en la marina, a él sin embargo, le llamaba más la atención el mundo de el mar que a sus hermanos. Hizo muchos amigos, estudió en el mismo colegio que su hermano Luis, Valcárcel. Para los estudios, se le daba bastante bien, sacaba buenas notas. Hizo su primera comunión en la misma iglesia donde se bautizó, sus padres estaban muy orgullosos de su hijo. En realidad, era un niño como otro cualquiera, pero era bastante travieso, y alguna que otra travesura hacía, y su madre le regañaba bastante. Conoció a una muchacha muy guapa que se llamaba Sonia Gago Borrell, su familia veía con buenos ojos su relación. Compartieron buenos momentos juntos, salían a muchos sitios donde se lo pasaban muy bien y se divertían mucho. Cuando se la presentaron a sus padres, le gustaron mucho para su hijo, pero sin embargo, un vicio muy imposible de quitarse entró Enrique, el alcohol y el tabaco. A su novia le molestaba mucho que fumara, y él para complacerla, se iba con su suegro a fumar a la calle y hablaban de cosas de hombres. Pero el otro que era el que no podía controlar, tenía sus consecuencias. Cuando bebía o se pasaba de copas, se ponía muy pesado y daba mucho la lata, hasta que la novia, que se llevaron más de cinco años juntos, se cansó de todo, y lo dejó. Pasó un tiempo después de que dejaran su relación, y ella empezó a conocer a otro muchacho que trabajaba de vigilante de seguridad en la puerta de un supermercado, se casaron y tienen una niña muy guapa, que se parece mucho a su madre. Sin embargo, para Enrique su vida siguió siendo la misma, él se levantaba temprano, iba a un almacén, donde conoció a un hombre que lo aprecia mucho, le dicen el “Tito”, y le ayudaba a por los mandados, y de vez en cuando, lo invitaba a alguna que otra cerveza, o le daba algo para que también pudiera aportar en casa y ayudar a su madre con los mandados. Algunas veces lo buscaban para trabajar en algún que otro chapús, como encalando paredes, pintando, poniendo perlita, etc. Y ahora, lo conocen más con el mote de “perlita”, porque un día lo vieron por la calle con un carro en el que llevaba un saco de perlita para encalar una casa, y desde entonces, lo llaman asín.


Capítulo 7

CAPÍTULO 7


Pasadas las navidades y con la entrada de el nuevo año, 1971, concretamente, el 24 de Enero, Dolores se quedó en estado de su quinto retoño. Cuando nació en el Hospital de “El Mora”, no se decidían con el nombre que le iba a poner, entonces la madre de el padre del pequeño, le dijo a su hijo que le pusieran como ella, que se llamaba luisa.  Y fue un niño, lo llamaron Luis.  Era de piel morena y los cabellos negros, parecía un gitanito. Su colegio fue Valcárcel, que se encuentra enfrente de la playa de “La Caleta”. De pequeño, su madre lo sentaba en el balcón de su casa, porque a él le gustaba ver a las personas pasar, y aparte se ponía a meterse con todo el mundo que él veía. Le encantaba los animales, de hecho, en la casa siempre tenían como mascota un perro, pájaros y muchos otros más. Hizo su primera comunión en la iglesia de “La Palma”, con el resto de sus compañeros. Estaba siempre pegado a las faldas de su hermana María Del Carmen, que era su hermana preferida y favorita. Una anécdota de cuando él era pequeño, que un día vió entrar por la puerta de su casa a unas monjas que venían a hablar con su madre, entonces, empezó a decir palabrotas y una de las vecinas que lo estaba escuchando, le puso en la boca pimiento picante para que no dijera más cosas porque le llamaban mucho la atención. Llegaba la fecha de las navidades y de los Reyes Magos, él esperaba con ilusión esa llegada porque sabía lo que había pedido y se lo traían. Se puso muy contento e ilusionado por todo lo que estaba viendo a su alrededor, disfrutaba muchísimo junto con sus padres y hermanos, aunque en aquella época se pasaba bastante mal en todas las familias para poder mantener a sus hijos, y se hacían lo que podían. Aunque costaba muchísimo trabajo y esfuerzo, pero por verlos con una sonrisa en la cara merecía la pena. Hizo la mili en Ubrique, con todos sus honores, y su familia fueron todos juntos a la jura de bandera. Ya en su casa, fue poco a poco haciendo su vida como los demás chavales. Empezó a fumar jovencito, y también a buscar trabajo para ayudar a sus padres. Estuvo trabajando en una empresa de limpieza que se llamaba “UTE”, que lo que hacía era barrer las calles los fines de semana, y lo hicieron fijo. 



Hasta que vino entró un jefe nuevo y empezó a echar a los fijos para que entraran personas nuevas, y uno de ellos fue él. Cuando se enteró, no supo hacer nada para volver a recuperar ese puesto de trabajo que le había costado conseguir. Conoció a una muchacha que se llamaba Montserrat, y se llevó con ella cerca de tres años, pero otra persona se interpuso entre los dos, y ella cogió y se fue con el otro que le convenía más, y Luis entonces cayó en una depresión muy fuerte. Le costó muchísimo volver a empezar su vida después de lo que pasó, pero gracias a sus amigos que han estado siempre a su lado, lo han ayudado y lo animaron a que continuara con su vida normal. Entró a ayudar a una mujer mayor en su casa, que era la madre de un amigo muy querido.
Llegó hasta el punto de vivir con ellos y aceptarlo como otro miembro más en la familia. Pero un día, le dijeron que no querían que él estuviera ya con ellos, entonces, los amigos hablaron con su hermana Mari, y ella les dijo que volviera a su casa con sus padres, que era el sitio donde nunca había tenido que salir. Ahora él sigue soltero, e intentando buscarse la vida como puede, también ha hechado los papeles para que le puedan dar una ayuda por los años que se ha llevado trabajando, que son 5 años, él se conforma con lo que sea, para poder ayudar en casa, porque con la pensión que cobra su padre por jubilado no les llega lo suficiente. Lo que más le gusta a él es mariscar, ya sean burgaillos, erizos, chocos, y toda clase de pescados y mariscos. Cuando se va acercando el carnaval, se prepara para irse con más amigos a mariscar erizos, lapas, burgaillos, pulpos, para así poder venderlos el día de la “Erizada”, y la “Ostionada”, y con lo que pueda sacar, tiene algo para que él tenga para sus cosas. Se ponen en su lugar preferido para así poder llamar la atención de las personas que pasen por su lado, observando todo lo que él le pueda ofrecer, donde le gusta colocarse nada mejor que el barrio donde le vió crecer, su barrio de "La Viña".






martes, 24 de noviembre de 2015

Capítulo 6

CAPÍTULO 6

Navidad de 1968, solamente falta muy poco para que termine este año y que empiece el que está por venir, 1969. Dolores estaba a punto de dar a luz a su cuarto retoño, era una niña y le puso como su difunta madre, María del Carmen. Era una niña dicharachera, alegre, divertida, simpática, pero sobre todo muy muy muy trabajadora. Ayudaba a su madre con las tareas de la casa, como lavar la ropa, hacer la comida, tender, planchar, barrer, fregar, limpiar los suelos, etc. Cuando cumplió 9 años, un día que estaba en el colegio, la profesora le dijo que tenía que hacer la primera comunión. Ella estaba en el colegio de Enseñanza Pública “San Rafael”, que antiguamente, le pusieron o la gente lo llamaban “El grupo”. Hizo su primera comunión en el Oratorio de San Felipe, donde se firmó la Constitución de “La Pepa” en el año 1812. Le pertenecía en realidad, la parroquia de San Lorenzo, que se encuentra situada en la calle Sagasta, pero en aquel momento se encontraba en obras. Se hizo su foto de comunión con su hermano agarrado a su mano, estaban los dos muy guapos. Ya en su casa con sus padres y sus demás hermanos, se quitó el traje y lo colocó encima de su cama. Se puso su ropa y se fue a la calle a jugar con los niños y niñas. Eran las seis de la tarde, su madre la llamó y subió a ponerse otra vez el vestido con su pasada incluyendo un velo cortito. Bajando las escaleras del patio de la casa de vecinos, sus padres le hicieron una pequeña fiesta con todos los niños y niñas que habían, con su tarta y unos bocadillos que aportaban las  vecinas. Una anécdota de la infancia de esta jovencita era que un día estando en clase con sus compañeras, le pidió permiso a la profesora para ir al servicio. Pero ella le decía que no la dejaba ir, y por más que se lo preguntaba, le contestaba lo mismo. Entonces, se bajó la falda de su uniforme y lo hizo en clase debajo de su pupitre. Al final, la profesora consiguió echarla de clase y expulsarla del colegio. Cuando llegó a su casa, fue a buscar a su madre y le contó lo que le había sucedido, hasta que ella le dijo a su hija que no fuera más. Se quedó en su casa ayudando a su madre con sus hermanos pequeños, y con las tareas del hogar. Una de las hermanas de Dolores, María de los Ángeles, había tenido un bebé, que le pusieron Fernando David, y estaban buscando a una muchacha para cuidarlo. Ella no se lo pensó dos veces, y le preguntó a su hija que si quería irse para Puerto Real con sus tíos. A lo primero le costó mucho trabajo separarse de su madre y hermanos, hasta que al final se fue. La ponía su tía a limpiar, fregar, planchar, tender, lavar la ropa y también al cuidado del pequeño. En navidad, un día de Reyes, Mari, que así era como la llamaban, se ponía a llorar porque hechaba de menos a sus padres y hermanos. Sus tíos trabajaban en la casa cuna de Puerto Real, entonces, ellos con su coche la llevaban a Cádiz para que estuviera disfrutando de su familia, celebrando cualquier fiesta que hubiera allí. Ya pasado un tiempo, no pudo más, cogió una bolsa negra de basura, metió su ropa, y se fue de aquel lugar porque no quería estar ni un momento viendo como pasaban los días, y cada vez hechaba más de menos a su familia y no le quedaban más lágrimas que resbalaban por sus mejillas sonrosadas. Camino de la casa de sus tíos, llegó hasta la carretera y se puso a hacer autostop para que alguien se parara para llevarla hasta Cádiz.



 Hasta que un camionero se paró en cuanto la vió, ella amable se dirigió y le preguntó al caballero que conducía el camión, que si él iba para Cádiz. Le contestó que sí, y la llevó hasta su casa y la dejó en la puerta. Cuando entró, su madre se puso loca de contenta por ver otra vez a su querida hija. Le contó a sus padres y a sus hermanos que no quería volver más a Puerto Real, hasta que le llamaron por teléfono, y la madre habló con su hermana, y le dijo que la pequeña no iba a ir más a aquella casa donde lo ha pasado muy mal y lloraba mucho por las noches cuando estaba acostada. Ya tranquila con su familia y ayudando a su madre con las tareas del hogar y del cuidado de sus hermanos. Una mujer que la conocía y sabía lo trabajadora que era, entró a trabajar en una casa rica. Sus propietarios se llamaban Dolores y Miguel. El matrimonio tenían 2 niñas y un niño, María Victoria, Cecilia y Cristóbal. Mari tenía por aquel entonces entre 12 o 13 años. Ella veía a su madre como ejemplo con las tareas del hogar y la enseñó muy bien. Limpiaba las escaleras de rodillas con un cubo lleno de agua y un paño, también ayudaba en la misma casa a una mujer que se llamaba Consuelo. Con los años, las dos se hicieron muy buenas amigas, la señora de la casa cuando vió a la pequeña entrar para que la conocieran, se quedaron muy sorprendidos por la edad que ella les dijo cuando se lo preguntaron. Y el matrimonio contestó que tenía perfectamente la misma edad que sus nietas. Se quedó a trabajar y ella y la señora hicieron buenas migas. Lo ganaba bastante bien, llevaba dinero a su casa para que su madre comprara lo que hacía falta. Cuando llegó la boda de uno de los hijos de los dueños de la casa, Mari, estaba también tanto en la iglesia como en el convite. Fue ganándose poco a poco el cariño de todos, que ya la consideraban como un miembro más de la familia. Iba muy guapa vestida, con un traje negro que le llegaba por las rodillas, aparte estaba delgada, llevaba unos tacones que le hacían juego con el traje y como peinado un pasador puesto en el pelo. Se llevó bastantes años trabajando en esta casa, que todavía se dice pronto ya. Después entró a trabajar en una ONG, Cruz Roja Española, la pusieron a prueba, y los jefes la vieron como limpiaba, la contrataron de limpiadora junto con otra mujer. 

Se conocieron las dos y al cabo de unos días, se hicieron compañeras y buenas amigas. Aparte conoció a los demás trabajadores, como por ejemplo: Carolina Camacho, Jesús Riera, Ana Muñoz, la presidenta Mª Concepción, África, Eli, Pilar Denis, Miguel Cela, que daba clases allí, el antiguo ordenanza Manolo Montesinos, Maru, Lourdes, etc. Todo el mundo la apreciaban mucho, cuando terminaba su turno o se iba a desayunar, siempre estaba acompañada por algunos de los voluntarios o por algunas muchachas de económicos o administración. Algunas veces se quedaba a charlar con algún que otro trabajador contándole como estaba y como se encontraba. Iba a un bar que se llamaba “El bar de Luis”, era muy famoso y aparte conocido. En él se encontraba todas las mañanas a la hermana del fallecido Francisco Rivera “Paquirri”, que le encantaba desayunar allí, por el ambiente tan bueno que hacía. El cocinero Luis y el camarero son buenas personas, simpáticos, graciosos, y siempre estaban armando jaleo que se escuchaban desde la calle, ya sea tocando las palmas, cantando o bailando. El bar es muy bonito, tiene cuadros antiguos que se pueden observar carteles de las corridas de toros, cabezas de toros disecadas colgadas en la pared, miniaturas de balcones antiguos con macetas y su pretín, etc. Mari lo pasaba muy bien rodeada de tanta gente que tenía a su alrededor, se reía mucho con ellos. Trabajando como limpiadora en Cruz Roja estuvo 13 años, y el antiguo ordenanza se jubiló. Entonces ya fue cuando a ella le enseñaron como se manejaba un ordenador, coger y pasar las llamadas de teléfono, lo que tiene que decir cuando una persona entra y pregunta por algún departamento, en realidad, lo que hace un administrativo. Y poco a poco se ganó el puesto. Tuvo que hacer un curso de primeros auxilios y media parte de administración, y con el esfuerzo y el apoyo, lo consiguió. Con su gracia, se gana rápidamente a las personas y también  su sinceridad y la manera de decir lo que piensa en todo momento. 







jueves, 12 de noviembre de 2015

Capítulo 5

CAPÍTULO 5

Verano de 1967, concretamente, en el hospital de "El Mora", el 21 de Agosto, llegó un niño rubio con unos ojos grandes y muy bonitos. Lo llamaron Jesús, como el rey de los judíos. Se matriculó en el colegio "San Rafael", salió de monaguillo en la procesión de la luz y las aguas que estaba en el Oratorio De San Felipe. Hizo su primera comunión allí, en el patio de su casa le celebraron una fiesta por todo lo alto, con su tarta  incluida. Saliendo con su pandilla por la calle dando una vuelta, conoció a una muchacha muy guapa. Se llamaba Ana María, y empezaron a salir juntos. Del fruto de este amor y de esta unión, nació un bebé. Le pusieron como su padre, se parecía mucho, tenía los ojos azules como su madre, y era rubio como los dos. También se formó en la mili, aprendió muchas cosas. Un día, estaba con un amigo dando un garbeo. Y le dijo el uno al otro: Jesús, ¿Nos colamos en el castillo de Santa Catalina?. Se quedó un poco pensativo, mirándose los dos, él le contestó: ¿Estás seguro?. Entonces, saltaron la reja y entraron dentro. Antiguamente, los dos castillos se comunicaban, porque muchos chavales los destinaban allí, y hacían las guardias por las noches. Entraron en la capilla, se encontraron con unas estatuas un poco grandes, eran de un portál de belén. No se lo pensaron dos veces y se lo llevaron. Cuando dieron parte a la policía de que se habían robado las figuras, hasta fueron los medios de comunicación. Llegaron a la casa donde vivían, los cogieron y se lo llevaron a la cárcel. Estuvieron bastantes años por lo que habían hecho, y los familiares que podían , iban a verlos los días de visita. A Jesús los guardias penitenciarios que lo veían que tenía buena conducta, lo ponían a hacer, mejor dicho, a trabajar de lo que hacía falta.Lo pusieron a trabajar de jardinero cuidando las macetas que habían en el patio y todo tipo de flores y árboles. Los dos lo pasaron muy mal separarse de cada familia, en especial, Francisco, "paco", el amigo y compañero de aventuras. Porque había dejado a su mujer embarazada de su hija y a su pequeño hijo, que se llamaba como él. El día más esperado para los dos ya estaba casi por llegar, el de la libertad. Los familiares que fueron a recogerlo a la puerta, se pusieron todos contentos y felices por verlos. Después de tanto tiempo encerrados, le contaron a sus amigos y vecinos los duros días que pasaron allí dentro. Las navidades se lo pasaban muy bien, reunidos cada uno con los suyos, celebrando esta fiesta a lo grande. Pero ocurrió algo que nadie podía imaginar, él se estaba juntando con gentes que no le convenían, pero al final támbien cayó. Antes de que vinieran estas fechas que son muy señaladas para todos, la policía apareció en su casa, y le preguntaron a su madre si él estaba. Entraron y se lo llevaron detenido por tener en su poder "grifa", que tenía para su consumo habitual. Volvió a pasar el mal rato delante del juez, y entró en el Centro Penitenciario Puerto 3. Su hermana le intentó localizar a un abogado para que le rebajara la condena, y habló con un amigo de su trabajo sobre el tema familiar que tenía. Entonces, él se puso en contacto con su cuñado, que era abogado de oficio. Y le comentó el caso de Jesús, no se lo pensó dos veces y dijo que si, que se ocuparía de todo. Para el régimen de las visitas eran los fines de semana, quien iba a verlo eran su hermana, su madre, su padre y algunas de sus sobrinas. Él le contaba a su familia como se encontraba allí, y aparte su situación, le llevaban ropa, y algunas veces paquetes de tabaco o zumos, dulces, etc. Allí le vieron que tenía buena conducta, y se portaba bien, le pusieron a trabajar en la cocina, porque cocinaba bastante bien, en los talleres que iba por las tardes, hacía manualidades, y tampoco no se le daba bastante mal. Hacía ceniceros con paquetes de tabacos y latas, sofás, pintaba de vez en cuando cuadros, cosía, etc, y le regaló algunos a su hermana y a su madre. Un día, llamaron a su casa, su madre cojió el teléfono móvil, y le dijeron que a su hijo ya le quedaba poco para cumplir la condena, y ya salía de aquel sitio, que no quería volver a pisarlo más en su vida.  Cuando le comunicaron esa noticia, el corazón parecía que se le iba a salir del pecho. Llegó el día más esperado , lo vieron entrar por la puerta con su bolsa, y ella loca de contenta se fue para su hijo y le regaló el mejor de sus abrazos y su cariño. Aparte de recibir el cariño de su madre, támbien estaban algunos de sus hermanos y sus sobrinas. En los carnavales, se disfrazaba con sus hermanos y se lo pasaba muy bien haciendo reír con su simpatía y su alegría. Tenía muchos amigos con los que compartir sus buenos y malos ratos, como todo el mundo. Se iba a un bar que se llamaba “Casa Erizo”, donde conocía hace mucho tiempo a su dueño y a los demás que paraban por allí. Llegaba la época de “La Erizada, y ayudaba en la barra sirviendo cerveza o algunas veces cortando erizos para dárselos a las personas que se acercaban para probar los deliciosos manjares que degustaban. En su época del servicio militar, se hizo con algunos compañeros de cuarto unos pocos de tatuajes, tiene una araña en la rodilla, el nombre de la que era su novia y madre de su único hijo en el pecho, el corazón de jesucristo en la espalda, y algunos más. Le cuenta a su padre mientras está viendo la televisión sentados en el sofá, una anécdota que le pasó en el servicio militar. Un día estando en fila delante del teniente, uno de ellos dijo que venía el subteniente. Y cuando se enteraron los demás, se hartaron de reír, y el subteniente se le puso la cara muy seria. Eso a él no le sentó nada bien, y recibieron alguno que otro castigo. La habitación era de camaliteras y decía que uno de ellos le apestaba mucho los pies y tenían que lavarse y cambiarse de ropa todos los días. Ahora en la actualidad, tiene 46 años y vive con sus padres. En sus ratos libres, se las ingenia como puede, para no estar aburrido. Se levanta temprano por las mañanas, ayuda a sus padres en las tareas de la casa, se pone su ropa de faena y se va a hechar una mano a las personas que lo llaman para hacerle trabajos de arreglos de sus casas, por ejemplo, pintarles las paredes, arreglarles cables, hacerle alguna que otra mudanza, encalar, hacer mezclas, etc. Pero lo que de verdad le gusta más es hablar con su padre de sus cosas mientras están sentados en el sofá viendo la televisión. Ya sea de política, cuando hicieron el servicio militar, de lo que han trabajado, muchas más. 




miércoles, 11 de noviembre de 2015

Capítulo 4

CAPÍTULO 4

El 21 de mayo de 1966, Dolores dio a luz a su segundo hijo. Le puso el nombre de su marido, Manuel. Era  tranquilo, muy distinto a su hermano, travieso y juguetón. Se pasaba horas y horas jugando en la calle con los demás niños, en el colegio era un buen alumno. Los maestros le contaban a su madre que en clase se portaba bien, y jugaba mucho con los compañeros. Hizo su primera comunión en la iglesia de San Lorenzo, que se encuentra en la calle Sagasta. Antiguamente, se celebraban los cumpleaños, los convites de los bautizos, de las bodas, en el patio que tenían los vecinos en su casa. Se reunían muchas personas, niños, mayores, familiares, etc, se lo pasaban de lujo, hasta cantaban, tocaban las palmas, se escuchaba el sonido de la guitarra. También formaba parte de la familia unos perros que hacían mucha compañía, se llamaban sicuti y aroa. Cuando venían del colegio, se ponían muy contentos y alegres. Ya hecho todo un hombre, entró en la mili, también se hizo muchos tatuajes. Conoció a una mujer que se llamaba Milagrosa, se llevó un tiempo saliendo como novios, se la presentó a sus padres, se quedaba a comer en su casa. Se casaron, tuvieron dos niñas, que se llamaban Ana Isabel y Mª Victoria. La mayor tiene 26 o 27 años, y la pequeña 19 años, y una nieta, África, de seis años, más o menos. Las dos hicieron la comunión en la misma iglesia, en la Castrense, que está enfrente del Gran Teatro Falla. Ellos vivían en la calle Soledad, en un primer piso, que tenían aparte cuando entraban en la casa, como una especie de patio pequeño muy recogidito, con muchas macetas, y muy bonito. Los vecinos eran muy buenas personas, no daban ningún problema. Anabel, sacaba buenas notas en el colegio donde estudiaba, tenía sus amigos, conoció a un muchacho, con él estuvo saliendo unos pocos de años, tuvieron una hija en común, se parece mucho a su madre cuando era pequeña. Se llevaba bien con su hermana, pero de vez en cuando, se peleaban por cosas, lo normal. Tenía un carácter un poco fuerte, pero era muy espabilada.  Años más tarde, vino a este mundo, Victoria. De cariño le decían Vicky. También se le daba bien los estudios, y sacaba notas muy buenas. A la mujer de Manuel, hace tiempo, se le murió un hermano. Eran cuatro hermanos, Carmen, Toñi, Pedro y Milagrosa. Estando pescando o mariscando, creo, en los bloques del campo del sur, se resbaló, y se dió un golpe en la cabeza. Corriendo, llamaron a una ambulancia, se lo llevaron para el hospital. Pero al llegar allí, falleció. Para la familia fue una tragedia, y muy duro, porque aparte, era el único varón que había. Fíjense ustedes que la madre todavía sigue con la pena metida en el cuerpo, y se le nota muchísimo. Ahora, en el año 2012, él está trabajando en la playa de la caleta, encargado. Vive en la calle San Andrés, teniendo a su mujer, a sus hijas y a su nieta, para que quiere más. En este año que nos encontramos, 2014, su hija pequeña tiene pareja, y le ha comunicado a sus padres y a su hermana que está embarazada. Para Manuel es otra alegría, porque va a volver a hacer abuelo por segunda vez. Con la crisis que está cayendo en la actualidad, traer un niño al mundo son muchos gastos, pero en todo caso, darle la bienvenida a este mundo que se va a enfrentar con carácter. 






martes, 6 de octubre de 2015

Capítulo 3

Capítulo 3

 20 de Febrero de 1965, vísperas de carnavales, alegría en las calles por sus gentes disfrazadas, los niños  muy alegres y contentos, jugando, tirando papelillos y serpentinas. Aparte, adornaban los patios de las casas, y el que veían más simpático, le daban un premio, algunas veces, llegaba un personaje famoso para disfrutar de esta fiesta típica y gaditana. Ya sea un actor o actriz de películas o presentador o presentadora de televisión. Los encargados de realizar esta labor eran los dueños de la casa donde vivían o de alguna peña del barrio. Se echaban bastantes fotos, después la enmarcaban y la colocaban como recuerdo. Se llenaban las esquinas para escuchar cantar a las chirigotas callejeras, haciendo reír y pasar un buen rato. Pasaron por esta bella ciudad, la presentadora de Canal Sur, Irma Soriano, la actriz Concha Velasco, el cantaor flamenco Chano Lobato,el actor de teatro Paco Valladares, presentador de Canal Sur, Agustín Bravo, empezando en esta etapa, el poeta Rafael Alberti, la cantante de copla y actriz Isabel Pantoja, y muchos rostros conocidos. Dolores se quedó embarazada, cuando le vieron las primeras contracciones, se puso nerviosa y al mismo tiempo, respiraba y aguantaba como podía. Con sus gritos, alertó a los vecinos, y se la llevaron al Hospital de El Mora, que lo fundó un hombre con la intención de que eso pertenece al pueblo. Cuando llegaron, pidieron ayuda, que se había puesto de parto, las enfermeras que les vieron, cogieron una camilla, y fueron como podían para el paritorio. Avisaron al médico, y la ayudaron a dar a luz. Antiguamente, en estos casos, las mujeres para parir, se subían al potro, y le cosían los puntos de la cesárea. Manuel se encontraba de viaje, trabajando para dar de comer a su familia, las horas pasaban muy lentamente, aún no había noticias, se escuchaban los gritos desde la sala de espera, donde la estaban todos esperando ansiosos. Aparte de sus vecinos, también fueron su suegra y algunas de sus cuñadas. 





Salió una enfermera vestida con su cofia blanca con una cruz roja, una falda, una camisa del mismo color, medias blancas, zapatos blancos y una capa azul corta, que le llegaba hasta la espalda. Les dijeron que la paciente se encontraba bien y que ha tenido un niño muy sano, aunque al principio, venía con una vuelta en el cuello de el cordón umbilical. Gracias a Dios, le salvó la vida, lo bañaron y se lo llevaron a la incubadora con más bebés. La pasaron a una habitación para que estuviera mejor y más tranquila, Empezaron a llegar los amigos, y ella se alegró muchísimo de verlos otra vez. La enfermera encargada de los neonatos, le trajeron a Dolores su pequeño recién nacido. Manuel al ver tanta gente, pasó como pudo para ir junto a su mujer y su primogénito. Aún no sabían como le iban a poner, pero era un poco nervioso y espabilado. Lo llamaron Francisco, como el padre de Dolores, era el sol que iluminaba el día y los corazones de sus padres. El niño era calvo, ojos marrones, gordito, gracioso y guapo, el matrimonio estaba dando un paseo con el cochecito por el parque, y había un fotógrafo que estaba buscando bebés para un anuncio de televisión de marca de papillas. Cuando los vieron aparecer, se dirigieron a ellos, y les hablaron de que estaban buscando a niños pequeños para hacer un anuncio de televisión. Y les preguntaron que si podían hacerle fotos a su hijo, y dijeron que si. Hasta que al final, le gustaron, y lo eligieron, se lo pensaron mucho, pero al final, les contestaron a los muchachos que no. Su infancia era de lo más normal, lo matricularon en el colegio de el Campo del Sur, que se llamaba "Generalísimo Franco". Jugaba con sus amigos, los profesores le llamaban muchísimo la atención, porque era muy malo, más que eso, travieso. Una vez lo expulsaron, por el comportamiento, y el profesor le preguntaba que si tenía los libros, y le dijo que no. Aunque los estudios no se le daban nada mal,  le trajo el día de las notas a su madre unas buenas calificaciones. Una vez,  en la calle jugando con otros compañeros en la acera, tenía una caja de cerillas, e introdujo en ella unos pequeños ratoncillos de la alcantarilla. Llegó a su casa corriendo, y su madre le preguntó: ¿A dónde vas con tanta prisa, Paquito?; entonces, le respondió: A mi habitación, mamá.  Se agachó para introducir la mano debajo de la cama, cogió una caja de cartón, y guardó como pudo a los animalitos. Ella al principio, no sabía exactamente que era lo que estaba haciendo su hijo, hasta que un día, haciendo limpieza general, se encontró con lo que tanto guardaba, la abrió y vió a eso roedores, pegó un susto, que hizo tirar la caja, se escaparon todos, y se esparcieron por la casa. Los echaba con la escoba y con lo que veía a su paso, el niño cuando se sorprendió al ver el problema que había causado, su padre se enteró y decidió castigarlo. Las navidades eran las fechas más esperadas para muchas personas, que se reunían en sus casas  y pasar un buen rato juntos en paz y armonía. Terminaban la cena, salían a la calle, se juntaban hasta los vecinos de al lado y de enfrente, cogían las botellas de anís del mono, las panderetas, las zambombas, se ponían en corro, e iban cantando villancicos todos alegres. Llegó el momento más esperado por los más pequeños, la cabalgata de Los Reyes Magos, en el cortejo se podía ver a los gigantes cabezudos, animales, como camellos, gansos, aves, etc. Los pajes reales llevando a los camellos en los que estaban sus majestades tirando caramelos para que los niños y niñas recogiesen, y llevárselos a sus casas. También se encontraba junto a ellos el cartero real con las cartas para entregárselas a los reyes.  A la mañana siguiente, los padres iban a la habitación de sus hijos, los despertaban diciéndole que les habían traído los que ellos pidieron. Aunque, en la calle San Félix, Paquito pidió un muñeco que estaba de moda en aquel año, y tenía mucha ilusión por tenerlo. Su deseo se cumplió, lo vio en el salón de su casa, se fue corriendo para él, lo sacó de la caja donde estaba guardado. El nombre del muñeco era “Geyperman”, estaba vestido con ropa de guerra, y llevaba un rifle. Aparte le trajeron un juego de palillos chinos, “Mikado”. Él se puso muy contento y feliz jugando, y sus padres también. Terminados los estudios, no quiso seguir estudiando, hasta que le vino a la cabeza que lo que quería era trabajar para sacar a su familia adelante. Mientras que su padre se encontraba fuera del país, hacía lo que podía para traer dinero a su casa, le comentó a su madre que iba a buscar trabajo, entonces cuando escuchaba las palabras que salían de la boca de su hijo, se sintió muy orgullosa porque se estaba convirtiendo en un hombre hecho y derecho, sabiendo lo que verdaderamente quería hacer en la vida. Un profesor le dijo en una de sus clases que dibujaba muy bien, y a raíz de eso, la gente les pedía dibujos, y él con mucho gusto los realizaba. En una peña muy famosa, “La Peña de Juan Villar”, que se encuentra en la entrada de la playa de “La Caleta”, el dueño habló con el chico y vio los dibujos que tenían guardados en una carpeta, se quedó impresionado. Le comentó que tiene pensado poner en una de las paredes un cuadro con todos los cantaores de flamenco de Cádiz, la idea que se le estaba ocurriendo fue genial, le contestó: ¿Por qué mejor no te hago un árbol genealógico del flamenco?, esta fue la impresión que se llevó cuando le dijo eso: “Me parece una idea maravillosa”. Y se puso manos a la obra, empezó a hacer varios bocetos en sucio, y se los enseñó. Al principio, no estaba muy conforme con los que estaba viendo, pero al final, tomó una buena decisión, y se quedó con el que más le gustó. Lo mandó enmarcar, y lo colocó a la entrada en la parte izquierda. 


Muchísimas personas se acercaban para contemplar aquella maravilla, aunque en verano es muy típico por su gastronomía, sus platos más conocidos. Como por ejemplo, caballas asadas con picadillo, chocos fritos, cazón en adobo, puntillitas, sardinas frescas, pulpo a la gallega, la ensalada especial de la casa, y muchos otros. Tanto así, que cuando terminó el dibujo le dijo el dueño a él: “Antes de que me lo des, fírmalo con tu nombre, y espero que nunca cambies, y vas a tener mucho éxito con las manos que tienes, porque eres un chaval prodigioso”. Se alistó en el servicio militar, y juró bandera delante de las miradas de sus padres y sus hermanos. Una vez, antes de esto, trabajó en el cementerio antiguo de Cádiz, como sepulturero. Llegaba a su casa y le contaba a sus padres que era un trabajo bastante duro, y por la noche. Pasaba mucho frío, y en alguna que otra tumba que enterraba, se llevaba consigo un trozo de hueso o cabeza de un animal. Antiguamente, uno se intentaba hacer lo que pueda para llevar algo de alimento a sus familias, en estos casos, a él le gustaba este oficio, a pesar de que era demasiado y el riesgo que podía tener. Su madre de algunas veces que entraba en su cuarto para hacer limpieza general, no se percataba de lo que tenía su hijo en la repisa, hasta que vio con sus propios ojos, la cabeza de un gato en esqueleto. Ya eso se convirtió en más bien en una costumbre, y tanto así, que empezó una colección. Al cabo de los años, en sus ratos libres, seguía dibujando, a pesar del carácter y los nervios que padecía, no se estaba ningún momento sin hacer nada. Un hombre que tenía una chatarrería enfrente del mercado central de abastos, buscaba a personas que sirvieran para limpiar bronce, oro, plata, pulimentar, pintar, preparar escayolas, arreglar cacharros usados, etc. En el servicio militar, se hacían entre ellos tatuajes, y él se los dibujaba a algunos y así sucesivamente. Le hicieron en la espalda el corazón de Jesús, unos muy raros en las manos, y otros más. Francisco, que pasaba en aquel momento, le dijo un amigo: ¿Por qué no te acercas y preguntas?, y él contestó: voy a intentarlo, a ver qué me dicen. Entró en el taller donde se encontraba el dueño, con su mujer y uno de sus hijos. Cuando puso un pie dentro, el encargado apareció detrás de una cortina donde tenía un sofá y una televisión. Él se presentó, le dijo su nombre, y le contaba que era un hombre muy activo, y sobre todo, un manitas. Hasta que al final, le preguntó si no tenía ningún problema en empezar con 15 días de prueba. Se dieron la mano, y lo convenció, le dijo: No se va a arrepentir. El dueño llamó a su mujer y a sus hijos que también se encontraban allí, les comunicó que a partir de ese momento se incorporaba un nuevo trabajador. Le mandaba a hacer bastantes trabajos, y con el paso del tiempo, se fue acostumbrando a su ambiente. Se levantaba todos los días a las ocho de la mañana, para estar puntual. Limpiaba cobre, lo llamaban para pintar casas, recoger muebles antiguos, el oro con mucho cuidado, la mujer del dueño algunas veces le hacía favores en su casa por si podía arreglarle algo que no tenía solución, tanto que le cogieron cariño y lo invitaban a su casa a comer, era como uno más de la familia. Los domingos, en el baratillo de Cádiz, que es muy conocido, las personas traían cosas que ya no le servían para poder venderlas y ganarse un poco de dinero, como por ejemplo, muñecas antiguas, ropas, zapatos, monedas de colección, libros como novelas de amor, de terror, de historias, películas de VHS, discos de vinilo de música de algunos cantantes famosos e ingleses, Manolo Escobar, Isabel Pantoja, El fari, Julio Iglesias, Bon Jovi, Elvis Preisley, Lola Flores, y otros muchos más.


Este pequeñín que veis en estas dos fotografías, es mi primo Moisés, otro de los hijos que tuvo mi tío Francisco con una muchacha que se llamaba Mª José.


miércoles, 10 de junio de 2015

Historia de la tía Ángeles y Manoli

A esta mujer cuando era pequeña, la ingresaron en el Hospital del Mora porque contrajo la enfermedad de la tuberculosis, y de ello, le quitaron un pulmón. Su marido estaba bajando un día las escaleras del hospital y le comunicaron por megafonía que su mujer se encontraba muy grave. Cuando llegó a la habitación, le estaba dando a su mujer un paro cardíaco e intentaba reanimarla. De lo mismo que le entró, era que no aguantaba más de estar encerrada en ese sitio, y le pedía a su marido que la sacara de allí porque no le gustaba para nada estar rodeada de médicos y mucho menos de goteros y de enfermeras. Hasta que a los pocos meses, falleció, y está enterrada en el cementerio.  María De Los Ángeles, que nació el 24 de noviembre de 1955, en el hospital de El Mora, se fue para Puerto Real a trabajar como cocinera en una casa cuna. En el mismo sitio, había un muchacho que se llamaba Fernando Pacheco. Se conocieron en el año 1973, el trabajaba cuidando el jardín y del mantenimiento. Se enamoraron cuanto se vieron la primera vez, al cabo del tiempo, se casaron, tuvieron dos hijos, Fernando David y José Manuel. El primero nació el 30 de Abril de 1981, en el hospital de Puerto Real. Se sacó sus estudios en el instituto de educación secundaria Virgen Del Carmen, después empezó a trabajar en la empresa de Estindel SL, arreglando ascensores. Conoció en Puerto Real a una muchacha que se llamaba Beatriz, era una joven muy simpática, agradable, risueña, etc. Se llevaron muchos años de novios, y en sus planes estaba el de formar una familia. Han tenido una hija, le han puesto el nombre de julia. Es la alegría tanto de sus padres como de sus abuelos y de todas las demás personas que componen las dos familias. Ahora la pequeña tiene dos años, y sus padres deecidieron que cuando la niña ya estaría en el mundo, que se casaban, así lo hicieron. Contrajeron matrimonio por la iglesia en Puerto Real delante de todos sus invitados y familiares. En verano, pasaban los días en un chalet que ellos tenían. Ahí celebraban los cumpleaños de sus hijos, los convites de las comuniones, etc. Pero llegó un momento muy malo que estaban pasando, el marido de María De Los Ángeles, Fernando, le dió dos infartos y le tuvieron que operar de urgencia. Todo salió muy bien, y se encuentra en su casa con su mujer y su mascota, aunque ya se encuentra jubilado. Sin embargo, su mujer trabaja como ordenanza en la Diputación de Cádiz. Fernando por su parte, tiene un hermano paterno, se llamaba Pedro Pacheco, que fue en sus tiempos, alcalde de Puerto Real, porque él fue fruto de una mujer que hubo en la vida de su padre, después de su mujer. Y este niño lo entregaron en una casa cuna, donde dejaban a los niños que sus padres no podían mantenerlos, y los cuidaban los sacerdotes y las monjas. En la actualidad, el mayor vive con su mujer y su hija, desesperado por trabajar, y le ha dicho a su madre que a lo mejor se irá a Las Islas Canarias a ver si tiene suerte, y encontrar muy pronto un buen trabajo. El pequeño nació el 13 de Abril de 1985, no llegó a terminar sus estudios, se quitó del centro donde estaba porque él le dijo a sus padres que lo que quería era trabajr. Entonces, el padre en el trabajo de él le comentó a un compañero suyo que su hijo estaba buscando trabajo como un loco. Hasta que, cuando llegó a su casa, le dijo a José Manuel que se apuntara en un curso de soldadura. Aceptó, se apuntó en el centro más cercano, de tanto estudiar y con las prácticas, se lo sacó, empezó a hechar currículums, y lo llamaron de una empresa que se encargaba de los barcos, era DRAGADOS. Se llevó unos cuantos meses allí, pero con la crisis que se padece en estos años, lo echaron. Aunque, en el futuro él sigue trabajando en el mismo sitio, lo llaman para ir los fines de semana por las noches. Está saliendo con una muchacha que conoció en la pandilla donde salían sus amigos, esta se llamaba Rocío Jurado. Manuela, la última de sus hermanos, nació el 16 de Febrero de 1961, la dejó la madre con meses cuando falleció. Estudió en el colegio de la institución generalísimo Franco. De ahí, se fue para Puerto Real, se puso a trabajar muy joven. La llamaron para trabajar en una empresa de limpieza, lleva muchísimos años, y de momento le va muy bien. Se enamoró de un muchacho, su nombre era Juan, se casaron, y de esta unión, el 30 de Mayo de 1992, una niña graciosa y guapa. Le pusieron por nombre Paula Rincón Penedo. Se formó en el instituto La Salle Buen Consejo, donde se sacó su graduado, y después se matriculó en otro centro, era el Instituto de Educación Secundaria  Manuel De Falla. Manuela está divorciada, rehace su vida junto a otro hombre que ella ha conocido, su nombre es Antonio, su hija vive con ella en Puerto Real, y se encuentran muy felices y contentas. Aunque en el fondo no tiene mal corazón, y se ha atrevido a confesarle a su madre su condición sexual, le gustan las mujeres. Ella está muy orgullosa de ser como es, aparte tiene pareja, una muchacha que ha conocido por las redes sociales. La verdad es que la distancia hace mucho, pero todo tiene su recompensa. Se le pasan las horas hablando por el chat, se quieren muchísimo, y no pueden evitarse hecharse de menos la una a la otra. Al contrario, su madre la acepta con todos sus defectos, pero el padre no está demasiado conforme con todo esto. Antes de que naciera la niña, tuvo al niño mayor. Le puso Abraham, era un niño revoltoso, se ganaba el cariño de todos, incluso de sus tíos. No le faltaba de nada en su habitación, sus padres le compraban lo que el les pedía por reyes o por su cumpleaños. Estudió en el instituto Virgen del Carmen en Puerto Real. Hizo muchos amigos allí, con ellos salía a darse una vuelta, se lo pasaba muy bien. Jugaba con ellos al billar, se tomaban sus cervezas o refrescos, iba a bailar a las discotecas, etc. Ahora en la actualidad, está viviendo con su madre y su hermana, y de vez en cuando, le da algún que otro problema. Pero al fin y al cabo, son sus hijos y les tiene que aceptar como son y como ven el futuro que les espera.



 Esta es la familia que creó mi tía Ángeles con mi tío Fernando, con sus hijos Fernando David y José Manuel. Mi tía Manoli con sus hijos Abraham y Paula.



Y de esta pareja nacieron dos hijas muy guapas, a las que les pusieron los nombres de Julia y María.