CAPÍTULO
6
Navidad de 1968, solamente falta muy poco para que
termine este año y que empiece el que está por venir, 1969. Dolores estaba a
punto de dar a luz a su cuarto retoño, era una niña y le puso como su difunta
madre, María del Carmen. Era una niña dicharachera, alegre, divertida,
simpática, pero sobre todo muy muy muy trabajadora. Ayudaba a su madre con las
tareas de la casa, como lavar la ropa, hacer la comida, tender, planchar,
barrer, fregar, limpiar los suelos, etc. Cuando cumplió 9 años, un día que
estaba en el colegio, la profesora le dijo que tenía que hacer la primera
comunión. Ella estaba en el colegio de Enseñanza Pública “San Rafael”, que
antiguamente, le pusieron o la gente lo llamaban “El grupo”. Hizo su primera
comunión en el Oratorio de San Felipe, donde se firmó la Constitución de “La
Pepa” en el año 1812. Le pertenecía en realidad, la parroquia de San Lorenzo,
que se encuentra situada en la calle Sagasta, pero en aquel momento se
encontraba en obras. Se hizo su foto de comunión con su hermano agarrado a su
mano, estaban los dos muy guapos. Ya en su casa con sus padres y sus demás
hermanos, se quitó el traje y lo colocó encima de su cama. Se puso su ropa y se
fue a la calle a jugar con los niños y niñas. Eran las seis de la tarde, su
madre la llamó y subió a ponerse otra vez el vestido con su pasada incluyendo
un velo cortito. Bajando las escaleras del patio de la casa de vecinos, sus
padres le hicieron una pequeña fiesta con todos los niños y niñas que habían,
con su tarta y unos bocadillos que aportaban las vecinas. Una anécdota de la infancia de esta
jovencita era que un día estando en clase con sus compañeras, le pidió permiso
a la profesora para ir al servicio. Pero ella le decía que no la dejaba ir, y
por más que se lo preguntaba, le contestaba lo mismo. Entonces, se bajó la
falda de su uniforme y lo hizo en clase debajo de su pupitre. Al final, la
profesora consiguió echarla de clase y expulsarla del colegio. Cuando llegó a
su casa, fue a buscar a su madre y le contó lo que le había sucedido, hasta que
ella le dijo a su hija que no fuera más. Se quedó en su casa ayudando a su
madre con sus hermanos pequeños, y con las tareas del hogar. Una de las
hermanas de Dolores, María de los Ángeles, había tenido un bebé, que le
pusieron Fernando David, y estaban buscando a una muchacha para cuidarlo. Ella
no se lo pensó dos veces, y le preguntó a su hija que si quería irse para
Puerto Real con sus tíos. A lo primero le costó mucho trabajo separarse de su
madre y hermanos, hasta que al final se fue. La ponía su tía a limpiar, fregar,
planchar, tender, lavar la ropa y también al cuidado del pequeño. En navidad,
un día de Reyes, Mari, que así era como la llamaban, se ponía a llorar porque
hechaba de menos a sus padres y hermanos. Sus tíos trabajaban en la casa cuna
de Puerto Real, entonces, ellos con su coche la llevaban a Cádiz para que
estuviera disfrutando de su familia, celebrando cualquier fiesta que hubiera
allí. Ya pasado un tiempo, no pudo más, cogió una bolsa negra de basura, metió
su ropa, y se fue de aquel lugar porque no quería estar ni un momento viendo
como pasaban los días, y cada vez hechaba más de menos a su familia y no le
quedaban más lágrimas que resbalaban por sus mejillas sonrosadas. Camino de la
casa de sus tíos, llegó hasta la carretera y se puso a hacer autostop para que
alguien se parara para llevarla hasta Cádiz.
Hasta que un camionero se paró en cuanto la vió, ella amable se dirigió y le preguntó al caballero que conducía el camión, que si él iba para Cádiz. Le contestó que sí, y la llevó hasta su casa y la dejó en la puerta. Cuando entró, su madre se puso loca de contenta por ver otra vez a su querida hija. Le contó a sus padres y a sus hermanos que no quería volver más a Puerto Real, hasta que le llamaron por teléfono, y la madre habló con su hermana, y le dijo que la pequeña no iba a ir más a aquella casa donde lo ha pasado muy mal y lloraba mucho por las noches cuando estaba acostada. Ya tranquila con su familia y ayudando a su madre con las tareas del hogar y del cuidado de sus hermanos. Una mujer que la conocía y sabía lo trabajadora que era, entró a trabajar en una casa rica. Sus propietarios se llamaban Dolores y Miguel. El matrimonio tenían 2 niñas y un niño, María Victoria, Cecilia y Cristóbal. Mari tenía por aquel entonces entre 12 o 13 años. Ella veía a su madre como ejemplo con las tareas del hogar y la enseñó muy bien. Limpiaba las escaleras de rodillas con un cubo lleno de agua y un paño, también ayudaba en la misma casa a una mujer que se llamaba Consuelo. Con los años, las dos se hicieron muy buenas amigas, la señora de la casa cuando vió a la pequeña entrar para que la conocieran, se quedaron muy sorprendidos por la edad que ella les dijo cuando se lo preguntaron. Y el matrimonio contestó que tenía perfectamente la misma edad que sus nietas. Se quedó a trabajar y ella y la señora hicieron buenas migas. Lo ganaba bastante bien, llevaba dinero a su casa para que su madre comprara lo que hacía falta. Cuando llegó la boda de uno de los hijos de los dueños de la casa, Mari, estaba también tanto en la iglesia como en el convite. Fue ganándose poco a poco el cariño de todos, que ya la consideraban como un miembro más de la familia. Iba muy guapa vestida, con un traje negro que le llegaba por las rodillas, aparte estaba delgada, llevaba unos tacones que le hacían juego con el traje y como peinado un pasador puesto en el pelo. Se llevó bastantes años trabajando en esta casa, que todavía se dice pronto ya. Después entró a trabajar en una ONG, Cruz Roja Española, la pusieron a prueba, y los jefes la vieron como limpiaba, la contrataron de limpiadora junto con otra mujer.
Se conocieron las dos y al cabo de unos días, se hicieron compañeras y buenas amigas. Aparte conoció a los demás trabajadores, como por ejemplo: Carolina Camacho, Jesús Riera, Ana Muñoz, la presidenta Mª Concepción, África, Eli, Pilar Denis, Miguel Cela, que daba clases allí, el antiguo ordenanza Manolo Montesinos, Maru, Lourdes, etc. Todo el mundo la apreciaban mucho, cuando terminaba su turno o se iba a desayunar, siempre estaba acompañada por algunos de los voluntarios o por algunas muchachas de económicos o administración. Algunas veces se quedaba a charlar con algún que otro trabajador contándole como estaba y como se encontraba. Iba a un bar que se llamaba “El bar de Luis”, era muy famoso y aparte conocido. En él se encontraba todas las mañanas a la hermana del fallecido Francisco Rivera “Paquirri”, que le encantaba desayunar allí, por el ambiente tan bueno que hacía. El cocinero Luis y el camarero son buenas personas, simpáticos, graciosos, y siempre estaban armando jaleo que se escuchaban desde la calle, ya sea tocando las palmas, cantando o bailando. El bar es muy bonito, tiene cuadros antiguos que se pueden observar carteles de las corridas de toros, cabezas de toros disecadas colgadas en la pared, miniaturas de balcones antiguos con macetas y su pretín, etc. Mari lo pasaba muy bien rodeada de tanta gente que tenía a su alrededor, se reía mucho con ellos. Trabajando como limpiadora en Cruz Roja estuvo 13 años, y el antiguo ordenanza se jubiló. Entonces ya fue cuando a ella le enseñaron como se manejaba un ordenador, coger y pasar las llamadas de teléfono, lo que tiene que decir cuando una persona entra y pregunta por algún departamento, en realidad, lo que hace un administrativo. Y poco a poco se ganó el puesto. Tuvo que hacer un curso de primeros auxilios y media parte de administración, y con el esfuerzo y el apoyo, lo consiguió. Con su gracia, se gana rápidamente a las personas y también su sinceridad y la manera de decir lo que piensa en todo momento.
Hasta que un camionero se paró en cuanto la vió, ella amable se dirigió y le preguntó al caballero que conducía el camión, que si él iba para Cádiz. Le contestó que sí, y la llevó hasta su casa y la dejó en la puerta. Cuando entró, su madre se puso loca de contenta por ver otra vez a su querida hija. Le contó a sus padres y a sus hermanos que no quería volver más a Puerto Real, hasta que le llamaron por teléfono, y la madre habló con su hermana, y le dijo que la pequeña no iba a ir más a aquella casa donde lo ha pasado muy mal y lloraba mucho por las noches cuando estaba acostada. Ya tranquila con su familia y ayudando a su madre con las tareas del hogar y del cuidado de sus hermanos. Una mujer que la conocía y sabía lo trabajadora que era, entró a trabajar en una casa rica. Sus propietarios se llamaban Dolores y Miguel. El matrimonio tenían 2 niñas y un niño, María Victoria, Cecilia y Cristóbal. Mari tenía por aquel entonces entre 12 o 13 años. Ella veía a su madre como ejemplo con las tareas del hogar y la enseñó muy bien. Limpiaba las escaleras de rodillas con un cubo lleno de agua y un paño, también ayudaba en la misma casa a una mujer que se llamaba Consuelo. Con los años, las dos se hicieron muy buenas amigas, la señora de la casa cuando vió a la pequeña entrar para que la conocieran, se quedaron muy sorprendidos por la edad que ella les dijo cuando se lo preguntaron. Y el matrimonio contestó que tenía perfectamente la misma edad que sus nietas. Se quedó a trabajar y ella y la señora hicieron buenas migas. Lo ganaba bastante bien, llevaba dinero a su casa para que su madre comprara lo que hacía falta. Cuando llegó la boda de uno de los hijos de los dueños de la casa, Mari, estaba también tanto en la iglesia como en el convite. Fue ganándose poco a poco el cariño de todos, que ya la consideraban como un miembro más de la familia. Iba muy guapa vestida, con un traje negro que le llegaba por las rodillas, aparte estaba delgada, llevaba unos tacones que le hacían juego con el traje y como peinado un pasador puesto en el pelo. Se llevó bastantes años trabajando en esta casa, que todavía se dice pronto ya. Después entró a trabajar en una ONG, Cruz Roja Española, la pusieron a prueba, y los jefes la vieron como limpiaba, la contrataron de limpiadora junto con otra mujer.
Se conocieron las dos y al cabo de unos días, se hicieron compañeras y buenas amigas. Aparte conoció a los demás trabajadores, como por ejemplo: Carolina Camacho, Jesús Riera, Ana Muñoz, la presidenta Mª Concepción, África, Eli, Pilar Denis, Miguel Cela, que daba clases allí, el antiguo ordenanza Manolo Montesinos, Maru, Lourdes, etc. Todo el mundo la apreciaban mucho, cuando terminaba su turno o se iba a desayunar, siempre estaba acompañada por algunos de los voluntarios o por algunas muchachas de económicos o administración. Algunas veces se quedaba a charlar con algún que otro trabajador contándole como estaba y como se encontraba. Iba a un bar que se llamaba “El bar de Luis”, era muy famoso y aparte conocido. En él se encontraba todas las mañanas a la hermana del fallecido Francisco Rivera “Paquirri”, que le encantaba desayunar allí, por el ambiente tan bueno que hacía. El cocinero Luis y el camarero son buenas personas, simpáticos, graciosos, y siempre estaban armando jaleo que se escuchaban desde la calle, ya sea tocando las palmas, cantando o bailando. El bar es muy bonito, tiene cuadros antiguos que se pueden observar carteles de las corridas de toros, cabezas de toros disecadas colgadas en la pared, miniaturas de balcones antiguos con macetas y su pretín, etc. Mari lo pasaba muy bien rodeada de tanta gente que tenía a su alrededor, se reía mucho con ellos. Trabajando como limpiadora en Cruz Roja estuvo 13 años, y el antiguo ordenanza se jubiló. Entonces ya fue cuando a ella le enseñaron como se manejaba un ordenador, coger y pasar las llamadas de teléfono, lo que tiene que decir cuando una persona entra y pregunta por algún departamento, en realidad, lo que hace un administrativo. Y poco a poco se ganó el puesto. Tuvo que hacer un curso de primeros auxilios y media parte de administración, y con el esfuerzo y el apoyo, lo consiguió. Con su gracia, se gana rápidamente a las personas y también su sinceridad y la manera de decir lo que piensa en todo momento.




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