jueves, 26 de mayo de 2016

PRIMER AÑO 1999

Esta espabilada niña, que cada vez que pasaban los días, y disfrutaba del cariño que le procesaba toda su familia. Aparte, fue conociendo a los demás niños y niñas que vivían en las casas, y jugaba con ellos e intentaba entablar una amistad. El día de su primer cumpleaños, le celebraron una fiesta por todo lo alto en el patio con todos los vecinos y vecinas, y también con sus primas. Decoraron el patio con serpentinas de colores por los alrededores de los balcones, pusieron globos con cintas, la piñata la pusieron cerca de las escaleras, por si algunos no llegaban y se subían para que pudieran alcanzar. Su madre le compró para que se lo pusiera ese día tan feliz para ella y para todos, un traje de color amarillo y blanco con flores de colores, estilo hippie, junto con unos zapatos de color rojo y por último una pasada del mismo color del traje. Pero lo que ella no se esperaba es que le iban a grabar en vídeo, estaba a su aire y cada vez que le hablaban, se ponía algunas veces hasta nerviosa y haciendo cosas para llamar la atención de las personas que tenía a su alrededor. Aunque miraba con curiosidad, por ver como estaba adornado y el jaleo de los niños y niñas jugando en el patio.


Cada vecino pusieron diferentes comidas para que todos los invitados comieran de todo lo que colocaban, por ejemplo, aceitunas rellenas de atún, sándwiches de jamón cocido, de chorizo, patatas, y de bebida, cerveza, coca-cola, fanta de naranja, fanta de limón, etc. La madre de las dos niñas, aparte, habló con su hermano Enrique para que trajera a su novia, para que el resto de la familia la conociera. Las niñas cuando la conocieron, les pareció buena muchacha, simpática, agradable y buena gente, su nombre era Sonia. Aparte de eso, en las casas de vecinos, pusieron música y todos empezaron a bailar y a pasárselo muy bien. Su tío Luis, le compró una tarta de los teletubbies, unos muñecos que a la pequeña Yousara le gustaba ver mucho con su hermana en la televisión. Siempre quería estar en los brazos de su abuela, aunque , algunas veces, la cogía su tío Luis, su abuelo Manuel, cuando llegó el momento de soplar la vela de un año, la cogió su madre y todos los demás niños y niñas se pusieron alrededor de la tarta junto con la cumpleañera. Al terminar, la hermana mayor, Carmen, se ofreció a partir la tarta para repartirla y preguntando quien quería comer un trozo. Esta fiesta terminó cerca entrada la madrugada, porque al fin y al cabo, eran como una gran familia que se apreciaban mucho y se ayudaban como podían.





En este año, en 1999, Carmen, le quedaba solamente un año para hacer su primera comunión, y todas las tardes que su madre la llevaba a la catequesis, aprendía cosas nuevas que la catequista les enseñaba a ella y al resto de los niños y niñas de la clase. Antes de que se acabaran las vacaciones de verano, le tocaba confesarse antes de hacer la comunión. Fueron a verla su madre con su hermana pequeña, sus abuelos maternos y su “padre”. Llamaban a los niños uno por uno, se levantaban del banco y se dirigían al cura para confesarle los pecados que tenía cada uno. Cuando llegó el turno de Carmen, se sentó enfrente del párroco y le confesó sus pecados, y él les mandaba rezar tres padres nuestros y dos aves marías. Esta pequeñita le encantaba que su madre o su padre la grabara en vídeo o le hiciera fotos, pero la verdad, es que es foto génica, ya depende de lo que estaba haciendo, ya sea sentada o levantada, distraída o jugando con su hermana. Cuando su hermana llegaba a casa del colegio, buscaba a su hermana pequeña para estar juntas y pasar una tarde agradable comiendo y viendo la televisión que la tenían cerca de las camas donde dormían, aunque la pequeña todavía dormía en su cuna, pero a veces le gustaba que su madre la pasara a la cama para dormir junto a ella y sentir el calor de su madre y el de su padre. Con su padre tenía pasión, porque era la que estaba más unida a él, la llevaba a la calle por las tardes a darle una vuelta con el coche y se llevaba a la hermana mayor, algunas veces le pedían que las llevara al parque para jugar allí y disfrutar del día tan soleado que hacía.   












LLEGADA A CASA

Pasados los tres días en el Hospital, la madre y la pequeña, que por fin le pusieron el nombre de Yousara, el médico que estuvo pendiente de su recuperación, le dio el alta, y se fueron para su casa. Cuando llegaron, los abuelos maternos se alegraron muchísimo al tener a la bebé en casa, y que sintiera el cariño de toda su familia. Todos los vecinos y vecinas salieron de sus casas para contemplar a la bebé de cerca de cinco kilogramos de peso, era una niña muy espabilada, pero, eso sí, con bastante genio y sabía mucho, lo que en Cádiz se dice “sabe el latín”. Su abuela Dolores, loca de contenta al tener otra nieta, ayudaba a su hija a bañar a la pequeña, darle de comer, vestirla, dormir la siesta, etc. Su hermana mayor, Carmen, a lo primero, le fue cogiendo celos a su hermana pequeña, porque veía que tanto su madre como el resto de la familia, estaban
más pendientes de la bebé que de ella, y no sabía como llamar la atención. Pero poco a poco, fue pasando los días y le echaba el ojo lo que su abuela hacía con su hermana, para ella después hacerlo por sí sola. Como por ejemplo, cambiarle los pañales, darle el biberón y sobre todo, jugar con ella y hacerle reír. Su hermana mayor se convirtió en una segunda madre para esta pequeña, y aprendiendo cada vez más. Fue creciendo y viendo con sus pequeños ojitos lo que tenía a su alrededor, lo que descubría con tan solo tocar con sus manitas, y sobre todo, disfrutar de la vida que le deparara. Su abuela, cada vez que su hija se iba a trabajar, se encargaba de sus dos reinas de la casa, de las que se le iluminaban la cara y los ojos al verlas. Carmen contaba con la edad de ocho años, y seguía estudiando en el colegio de Valcárcel. Y aparte, se estaba preparando para su primera comunión, yendo todas las tardes a catequesis que la acompañaba su madre. Algunas veces, la abuela Dolores, cuando estaba haciendo la comida en la cocina de su casa, que vivía enfrente de su hija, cogía en brazos a la pequeña y se la llevaba con ella. Y el padre se ponía a decirle que la soltara en su coche, porque temía que se le cayera al suelo. Era la alegría de la casa, tanto así, que cuando empezó a decir sus propias palabras, el primer nombre que se le salió por la boca era “Kike”, el nombre de su tío materno. Al verla la madre y la abuela a lo primero, se asustaron mucho, porque se creía que a la pequeña se estaba ahogando con algo. La llevaron al médico, y le dijeron que la niña estaba haciendo el intento de hablar y llamaba a su tío, que se pasaba muchas horas con él jugando y hacerle reír a todas horas. Cuando podía su abuela, se las llevaban a las dos hermanas al parque, a la playa que jugaran y se lo pasaran bien. Sus padres los fines de semana, echaban el día en la calle, comiendo en algún bar y estar relajados.









viernes, 6 de mayo de 2016

Nacimiento de mi hermana pequeña

Antes de que la pequeña Carmen le quedara poco para verle la carita a su hermanita pequeña, su madre la llevó en el mes de junio a la playa de cortadura con el resto de la familia. Se le ocurrieron a todos los que se encontraban allí, hacer una barbacoa. Aparte de pasar un día agradable y en buen ambiente, Carmen se llevó, para ella jugar su casita de campaña con su muñeca favorita.Ella estaba loca de contenta jugando con la arena, metiéndola en el cubo y haciendo formas. Aparte, se le unió otra pequeña, que también pasaba un día agradable con sus padres, porque estaba buscando a alguien con quien jugar y estar entretenida. Y se le unió a la pequeña, que a la familia le cayó muy bien.  

El 30 de Julio de 1998, en el Hospital Puerta del Mar, nació la que iba a ser la niña pequeña de la casa y para todos. Vino al mundo a las cinco menos cinco de la tarde, con un peso de 4, 950 kg. Cuando los médicos que se encontraban junto con las enfermeras en la sala de partos, le enseñaron a la recién madre su pequeña, que la sujetaba con una mano, le dijo: Pero chiquilla, ¿ Cómo has podido echar esto por ahí? . Se la dieron a Mari, que la bebé estaba llena de sangre, antes de que se la llevaran para que las enfermeras la lavaran, le dio a su hija un besito en la frente.  Después, de todo lo que había pasado, la madre perdió bastante sangre durante el parto, por lo que le pusieron unas bolsas de sangre para que poco a poco fuera recuperándose. Los médicos se dieron cuenta aparte de que a esta mujer, en la hora del alumbramiento, de hacer el esfuerzo de empujar, le abrió los tejidos como si fueran filetes de pollo, le destrozaron completamente la barriga, hasta no tenía ombligo. Entonces, se pusieron manos a la obra, y poco a poco empezaron a curarla. Del mismo dolor que tenía, que apenas se podía mover de la camilla, la sedaron para que aparte se calmara y descansara. Sobre las seis y media de la tarde, el médico que la atendió durante el parto, le dijo a los familiares que todo había salido muy bien, y que las dos, tanto madre como hija, se encontraban en buen estado. Cuando el médico se fue, las enfermeras pasaron con la camilla en la que se encontraba tumbada Mari, que la llevaban para la habitación. Su madre Dolores junto con su marido Manuel, el marido de Mari y padre de la pequeña, Redouan y por último, la hija mayor, Carmen, fueron entrando en la habitación para acompañar a la madre. La abuela de la pequeña junto con su nieta, se dirigieron hasta la sala de incubadoras, donde vieron muchos bebés acabados de nacer, limpitos y con un pijama de color blanco con el nombre del centro médico. Cuando Carmen vio a su hermana pequeña con los pelitos de la cabeza de color negro, se puso muy contenta al contemplar su carita tan pequeña, sus manitas, sus pies, etc. Dolores le dio a su nieta la mano para irse a la habitación, y la pequeña que contaba con la edad de ocho años, le dijo la abuela a la nieta: Ahora se van a llevar a tu hermanita a la habitación con tu mamá para que ella le pueda amamantarla. Mari, que todavía estaba bajo los efectos de la anestesia, pudo ver por un momento a sus padres, a su hija mayor y a su marido al lado de ella, mientras le preguntaba como se encontraba. Al girar la cabeza hacia la puerta, pudo ver aunque un poco borroso, a la enfermera dándole a su pequeña para que le diera de comer y así poder estar en los brazos de su madre. Dolores, la abuela, al contemplar esta bonita escena, su hija le dijo a ella: Mamá ayúdame a incorporarme un poco para poder estar más cómoda. Y ella con mucho gusto ayudó a su hija postrada en la camilla, a incorporarse despacio para no caer a la pequeña mientras estaba mamando el pecho de su madre, que aparte, se estaba quedando media dormida. Poco a poco, se fueron yendo del hospital, algunos amigos y familiares que visitaron tanto a la madre como a la pequeña en la habitación, porque aparte se quedaban con la curiosidad de ver a la niña de cerca de cinco kilos que pesó al nacer. Todavía no se decidieron que nombre le iban a poner a la bebé, tenían algunos nombres que les gustaban mucho, por ejemplo, el padre le gustaba el nombre de Mirian, que significaba en el idioma de ellos, “María”. Sin embargo, Mari, antes de que se quedara en estado y de tener a la pequeña, se fue con su marido a pasar unos días de viaje a Marruecos, y ella escuchó un nombre que dijo que era muy bonito, era el de “Yousara”. No se ponían de acuerdo cuál de los dos iban a escoger, entonces, la niña mayor, lo eligió el que ella más le gustaba, y se decantó por el que había dicho su madre. Y la llamaron Yousara El Hartouk Gil. Antes de terminar su turno y retirarse a descansar, el médico se pasó por la habitación para saber como se encontraba la madre y la pequeña. Al ver solamente al marido que se encontraba acompañando a su mujer y a su hija, les comentó que tenía que quedarse unos días en el centro médico para que poco a poco fuera recuperando las fuerzas y así estar más calmada y tranquila. La hija mayor, Carmen, estaba en aquel momento, estudiando la primaria en el colegio Valcárcel, donde le sacaba a su madre buenas notas en los exámenes, y así poder salir de ese curso sin ningún suspenso.