jueves, 21 de enero de 2016

Boda Por Lo Civil y Viaje A Marruecos

Una noche, Mari dejó a su hija al cargo de su madre, porque quería salir con sus amigos a dar una vuelta. No se ponían de acuerdo a qué lugar exactamente iban a ir, entonces, fueron andando por el paseo marítimo hasta llegar a una discoteca que se llamaba “Las Pérgolas”. Entraron en el sitio que estaba muy lleno de personas que bailaban y tomaban alcohol. Cuando se encontraba en la pista de baile, una persona le metió un pisotón, que la pobre empezó a dolerle bastante. Se giró para ver quién era, y era un chaval muy guapo, de piel morena y ojos color miel. Él amablemente le pidió disculpas por el pisotón y empezaron a bailar los dos. Le preguntó cuál era su nombre, y ella le contestó: Encantada de conocerte, me llamo María Del Carmen, pero todos me dicen Mari. Y luego él se presentó: Mi nombre es Redouan El Hartouk Ben Chamout. Después de las presentaciones, se dieron dos besos en la cara, cuando terminó la canción, se dirigieron para una mesa y se sentaron todos. Mari, en ese momento, presentó a su acompañante al resto de sus amigos, que desde el primer momento, le cayeron muy bien. Después de esa noche, de tanto hablar y contándose cada uno lo que había pasado en sus vidas, desde el primer momento que se vieron, sabían que iban a congeniar muy bien. Él le contó a ella que estaba trabajando en un circo, y que se cambiaba constantemente de lugares, porque recorrieron media España. Conoció a algunas personas famosas que se pasaban por allí porque les llamaba la atención este mundo que decían que tenía mucha magia. Un día, le llegó a Mari una carta de Redouan diciéndole que se encontraba en la ciudad de Madrid, que era muy bonita y que la hechaba mucho de menos, porque no dejaba ni un solo minuto en pensar en ella. Ella no se lo pensó ni un instante, se cogió un tren en la estación y se fue directamente para Madrid a darle una sorpresa a Redouan. Cuando la vio, se alegró muchísimo de verla, le dio un abrazo y un beso en los labios. Ya ahí es cuando se hicieron pareja y empezaron a salir. Al regresar de su viaje y de despedirse de su novio, le contó a su madre que había conocido a un chaval en la discoteca y que fue un flechazo, y que fue a verlo al circo donde él está trabajando.




A ella le pareció bien lo que su hija le contaba, sin embargo, Carmen que todavía era pequeña, no sabía lo que las personas mayores se contaban la una a la otra. Decidieron casarse por lo civil el 16 de Febrero de 1993 en la antigua “Cárcel Vieja”, coincidiendo con la final del concurso de agrupaciones del carnaval del “Gran Teatro Falla”. Carmen, por aquel entonces, tenía la edad de tres años y no entendía lo que pasaba a su alrededor. Él se fue andando con algunos de los hermanos de Mari, mientras la novia iba en taxi con sus padres y su hija. Como Mari no tenía traje de novia, se hizo un traje chaqueta de color verde agua, que lo conjuntó con una camisa blanca muy bonita, sus medias de color blanco transparente, sus zapatos blancos también y su ramo de margaritas con flores blancas, regalo de una de las trabajadoras de la misma casa que ella trabajaba. Fue una boda sencilla y con los invitados más allegados, dieron un convite en la casa de ella, que estaba guardando el dinero de su sueldo que el matrimonio le daba por su trabajo, y ella con su esfuerzo, alquiló la casa de la planta baja. Entre todos los vecinos, cada uno pusieron tipos de comidas distintas, como bocadillos, otros traían refrescos, litros de cerveza, etc. Los padres de Mari, Dolores y Manuel, les dio una buena impresión a Redouan, y les cayó muy bien, como persona, hombre y sobre todo, que hiciera feliz a su hija y a su nieta. Mari le contó a su ya futuro marido, que lo había pasado muy mal, tanto en su infancia, como ahora, porque ella se sacrificaba mucho por su familia y por su hija, para sacarla adelante y para darle una buena educación. También, lo pasaba muy mal con el mayor de sus hermanos, Francisco, que estaba enganchado en las drogas, y algunas veces, iba a buscar a su hermana con su madre a la casa del matrimonio rico, para que ellos pudiesen cobrar el dinero de las semanas trabajado, y después, él se lo gastaba todo en su consumo. Ya comenzando esta nueva vida como marido y mujer y junto con la pequeña Carmen, los tres estuvieron felices y muy contentos. Era una casa muy acogedora y siempre entraban los hijos de los vecinos para jugar con la pequeña Carmen. Ahora los tres empiezan una nueva etapa en sus vidas, en crear un buen ambiente y una familia. Se fueron de viaje de novios a Marruecos, para que Mari conociera a toda la familia de Redouan, sus padres y sus hermanos. Estuvieron una semana, para que le diera tiempo de verlo todo, como por ejemplo: el zoco árabe, donde se vendían todo tipo de productos para la comida, le ofrecieron té caliente para que lo probara, y como tenía el pelo largo, algunas veces se lo recogía para que no le molestara en ningún momento. Fueron a la playa, se lo pasaron muy bien, conoció realmente lo que era el Marruecos rico y el pobre, Redouan vivía en el pobre, pero sin embargo, en el rico, la familia de él, poseían un campo muy grande. Donde cultivaban muchas frutas y verduras muy frescas y buenas de la temporada. Mari a toda la familia, les cayó muy bien, la madre de él, le decía que era una “Pimienta Chili”, porque era una mujer muy luchadora y sobre todo, buena madre. 



Infancia Segunda Parte

Ya se fue el año 1992, para darle la bienvenida al nuevo que acaba de entrar, y esperar a que este nuevo siglo sea más bueno que el anterior. La pequeña Carmen, se levantó el día 6 de Enero de 1993, por la mañana temprano, para ver lo que le habían traído los Reyes Magos. Cuando su madre la cogió en brazos para llevarla hasta el comedor, ella se puso loca de contenta por ver todos los juguetes que con tanta ilusión había pedido. Su abuela bajó a la casa para ver todos los regalos de su nieta, que la pequeña no paraba de jugar. Dolores empezó a decir que en su casa, en la primera planta, tenía más cosas que enseñarles a todos. Su madre la vistió, y se fueron todos para arriba. Cuando entraron, vieron algunos juguetes que la pequeña no se esperaba ver. Estaba bastante asombrada, porque no sabía lo que quería coger primero. Sus tíos estaban muy contentos por ver a la niña disfrutar mucho ese día tan mágico y especial para ella. Era una niña muy buena, porque su madre y su abuela sabían perfectamente lo que le gustaba y lo que no, y aparte, se conformaba con lo que le traían. Después de que pasaran las navidades y los Reyes Magos, llegó el día más importante para la pequeña de la casa, su cumpleaños. Su padrino le compró una tarta de chocolate con nata y pepitas de almendras, que en medio decía: Feliz Cumpleaños Carmen. Entonces, su madre, sacó un paquete de velas que tenía guardado en un cajón de la cocina, y las puso en la tarta para que su hija pidiera un deseo antes de soplarlas. También cumplía años el mismo día y el mismo mes, su padrino, que compartió tarta con su sobrina y ahijada. Carmen, le encantaba que su madre le hiciera fotos, porque siempre le decía su abuela que era muy fotogénica y que no le daba corte ninguno en estar haciendo cualquier cosa con tal de que la fotografiasen. Mari, entonces, se le presentó un problema que ella no se lo esperaba. Su pareja Redouan, que llevaban los dos apenas un año y medio cerca de dos juntos, se presentó en su casa y le dijo que ya no trabajaba más en aquel circo. Entonces, ella se lo presentó a su hija, y se quedó un poco impresionada la primera vez que esa persona se le acercó para conocerla. La pequeña como apenas entendía lo que pasaba, se lo tomó bastante bien que otra persona estaría al lado de su madre. Y poco a poco, fue pasando los días, y Carmen, llamaba a la pareja de su madre, papá. Porque para ella, se pensaba que era su padre, porque el verdadero, se enganchó a las drogas y su madre decidió dejarlo, porque no quería aguantar con una persona que estuviera de esa manera. Él cogió y se fue de Cádiz, a un centro para desintoxicarse. 





miércoles, 20 de enero de 2016

Infancia

Cuando Mari dio a luz a la pequeña Carmen, una de las hijas de una vecina que se llamaba Isabel, Fina, dio a luz en el hospital de “El Mora”. Vino a este mundo una pequeña niña, su madre le puso el nombre de Desireé. Esta pequeña se convirtió en una compañera de juegos para Carmen. En tan poco tiempo, se hicieron buenas amigas, y jugaban a muchos juegos y compartían muchas cosas juntas. Dolores, la abuela de Carmen, se llevaba a su nieta a la calle a darle un paseo, mientras su hija Mari, se levantaba muy temprano para irse a trabajar a la casa del matrimonio rico que la apreciaban y querían mucho. Cuando Dolores entraba en la casa de sus vecinas, juntaban a las niñas para que jugaran y se lo pasasen muy bien. Uno de los tíos de la pequeña Carmen, Jesús, tuvo un hijo, le pusieron como él, y era muy guapo. Con su prima se llevaba bien, y siempre estaban juntos. Este pequeño vivía con su madre y sus abuelos en la misma casa donde también vivían Manolo y su mujer Milagrosa junto con sus hijas Ana Isabel y María Victoria. Cuando Jesús llevaba a su sobrina a casa de su novia a verla y a ver a su hijo, se juntaban todos los primos y se lo pasaban de lujo jugando al escondite, el pilla pilla, pollito inglés y a muchos más juegos. Mari, ya por aquel entonces, tenía su propia casa, con su cocina- comedor, su dormitorio con la cama de matrimonio, un espejo redondo y grande de madera, con su mesa-tocador, el armario para guardar la ropa y por último, una especie de estantería para guardar sus cosas. A la hora del almuerzo, Dolores tenía la costumbre de coger en brazos a la pequeña mientras se ponía a hacer la comida en la cocina, y su hija Mari le decía a su madre que soltara a la niña y que la dejara en el sofá viendo la televisión. Algunas veces, Mari se llevaba a su hija a la casa donde trabajaba, para que los señores la vieran y disfrutar de su compañía. En la misma calle “San Félix”, enfrente de la casa donde vivía esta pequeña, se encontraba un pequeño almacén donde  se podía ver bastantes cosas de limpieza, de caramelos, golosinas, y muchas cosas más. El dueño de este almacén se llamaba Agustín, que los niños y niñas apreciaban mucho su compañía, aunque para eso, tenía un perro de raza callejera, se llamaba Churro. 



Le pusieron ese nombre porque le encantaba los churros que vendían en la plaza de abastos, y también cuando llegaba la época de navidad, se ponía a bailar cuando le cantaban que había polvorones, porque le gustaban. Cuando llegaba el carnaval, Agustín se las ingeniaba bastante bien para decorar su almacén con serpentinas, caretas de animales graciosos, martillos de plástico, y sobre todo, vendía paquetes de papelillos para que los niños los tiraran por la calle. Al lado, se encontraba una casa de vecinos en estas fechas la adornaban con caretas grandes, con maquetas de Cádiz, como por ejemplo: El Gran Teatro Falla o la entrada de la playa de “La Caleta”. Y una de ellas, la hizo el tío mayor de Carmen, Francisco, y el dueño de la finca, se lo pagaba bien por su trabajo y todo a mano. Esa casa pertenecía a una mujer muy famosa en Cádiz, que se llamaba “Antonia Cózar”, más conocida como “La Caracolera”, por sus famosos caracoles que le salían muy buenos y que probaba todo el mundo. Y ahora esta tradición, la está siguiendo su hijo. Por este rinconcito han pasado muchos personajes famosos, como por ejemplo: La presentadora de Canal Sur Televisión, Irma Soriano, La cantante Rocío Jurado, El presentador Paco Lobatón, La actriz Concha Velasco, Carmen Sevilla, Martirio, y otros más rostros conocidos del panorama español. Un día de carnaval, se le ocurrieron a la abuela de la pequeña Carmen y la abuela de Desireé, disfrazaron a sus nietas de ratitas, la pequeña Carmen, vestía un delantal blanco con volantitos rosa, su traje de lunares rosa y blanco, su pasadita con las orejitas, sus leotardos blancos con sus calcetines también blancos, su jersey de cuello alto blanco, con sus bigotes pintados en la nariz y sus zapatos negros con su moñita rosa. Desireé, tenía puesto su traje con lunares rojos y blancos, su delantal rojo y blanco con volantes rojos, su jersey blanco con sus leotardos y calcetines del mismo color, su pasada con sus orejitas de lunares rojos y blancos, su bigote también pintado de color negro en la nariz y por último sus zapatos negros con su moñito rojo. 























Preinfancia Segunda Parte

Esta pequeña fue creciendo y a darse cuenta en el mundo que le ha tocado ver y sobre todo vivir. Siempre recibía el cariño de todos los que la querían y la rodeaban. Sus tíos son para ella un gran apoyo y también una gran compañía. En cada cumpleaños, le hacían algún que otro regalo cuando podían. Con tal de verle una sonrisa dibujada en la cara, le sobraba. Con el paso del tiempo, le enseñaban a decir palabras, para que a su vez fuera conociendo más lo que poco a poco iba descubriendo a través de su lenguaje para que los demás le entendieran y comprendieran. Se la llevaban a muchos lugares, para que ella descubriera por sí misma ese mundo que le esperaba por ver, tocar y sentir. En casa de sus abuelos, era un terremoto, porque desde que se levantaba por la mañana, hasta que se acostaba por la noche, no paraba ni un momento. Le enseñaban canciones para que ella después se le fuera quedando en su cabeza, y luego, se la cantaba a todos. Su abuela Dolores la tenía muy bien alimentada, a base de frutas, verduras, potajes, pasta, algún que otro dulce cuando se le apetecía, etc. Y ella aunque le costaba un poco de trabajo comer sola, su abuela o su madre la ayudaban para que fuera cogiendo práctica. Era una niña muy espabilada sobre todo, le encantaba colorear, dibujar, jugar con los animales que tenían sus abuelos en la casa, un perrito, un pato, un conejo, una tortuga, y algunas veces ayudaba a su abuelo a limpiar las jaulas de los pájaros. Por las mañanas, su abuela la levantaba de la cuna para pasarla al sofá, le daba como siempre su desayuno y se ponía a ver la televisión, ya sean los dibujos animados que ella solía ver. La tenían por así decirlo, muy mimada en el tema de lo que le preguntaba su abuela que era lo que se le apetecía desayunar, lo que más le gustaba tomar por las mañanas era su batido de fresa de la marca “Puleva”, que le traían su tío Luis y un amigo de Mari, que se llamaba Reinaldo. Le encantaba vestirse de gitana con sus tacones negros y cogía la mano del mortero de la cocina de su abuela, que le servía como micrófono, y la única copla que le enseñó su abuela a cantar era “María de la O”, y de vez en cuando, la cantaba por el corredor para que los demás vecinos la escucharan y le decían que era muy graciosa y que tenía mucho arte. La costumbre que cogió era que cuando su abuela le preguntaba si quería algo, ella le contestaba: “No quero”. Lo decía de esa manera, porque apenas sabía hablar y pronunciar bien lo que a ella le respondían cuando le preguntaban. Llegaba la fecha de los carnavales, y Dolores no sabía que disfraz iba a hacerle a su nieta. Entonces, su abuelo le compró un disfraz muy gracioso, era de la abeja Maya, unos dibujos que a la pequeña Carmen le gustaba mucho ver y casi siempre se reía. Su padre se la llevaba al parque para que ella tomara el aire fresco, el ambiente que se podía ver, los animales, como por ejemplo: patos, monos, pájaros, ponis, palomas, alguna que otra lagartija rondando por allí, tortugas, etc. Disfrutaba mucho sobre todo, cuando la sentaba en la hierba y la tocaba con sus manos, pero le daba un poco de escalofrío al tocarla y le pinchaba un poquito. Sus abuelos cuando llegaba la época de verano, la llevaban a la playa de “La Caleta”, a que sintiera el agua fresquita cuando caminaba, sus pequeños pies pisando la arena y sintiéndola con sus deditos. Le encantaba que la metiesen en las posas, la sentaba su abuelo y ella como todo le llamaba la atención, salpicaba el agua con sus manos y miraba las formas de las piedras tanto grandes como pequeñas. Un día estando todos en la playa, en pleno mes de Julio, todas las familias estaban disfrutando de un día muy agradable, comiendo tortilla de patatas, filetes de pollo empanado, frutas, etc. Mientras, los más pequeños se iban o a mariscar cangrejos por las piedras o jugando con su pala, su rastrillo y su pequeño cubo llenándolo de agua para hacer un castillo de arena. Esa mañana tan calurosa, aunque saltaba un poco de aire fresco, se celebraba un concurso muy importante, que lo organizaba una peña bastante conocida en Cádiz. Consistía en los que participaban, tenían que pescar un pez bastante grande y que pesara unos pocos de Kilogramos, para después degustarlo. El abuelo de la pequeña Carmen, no dudó ni un momento en apuntarse y participar. Hasta que al final, él se hizo con la victoria, y ganó un trofeo. Toda la familia se pusieron muy contentos, y lo celebraron hasta entrada la tarde. A los que a ellos se les unieron todos los demás vecinos que los apreciaban y los querían mucho junto con sus hijos. 











                                                                                  



Aquí aparezco con mi tío Enrique el día que cumplí 1 año de edad, la de arriba aparezco con un traje de gitana amarillo,  me ponía a cantar y a bailar como mi abuela me enseñó. Después me veis acompañada junto a mi tío Luis y también mi padrino. La de navidad, es que la señora de la casa donde trabajaba mi madre, le decía a ella que me llevara a jugar allí porque me querían mucho. El hombre que aparece agarrándome es mi padre, en el parque Genovés y en la plaza de Candelaria. Y por último, las de arriba son cuando mi familia me llevaba a la playa a que lo pasara bien y a disfrutar.