Una noche, Mari dejó a su hija al cargo de su madre, porque quería
salir con sus amigos a dar una vuelta. No se ponían de acuerdo a qué lugar
exactamente iban a ir, entonces, fueron andando por el paseo marítimo hasta
llegar a una discoteca que se llamaba “Las Pérgolas”. Entraron en el sitio que
estaba muy lleno de personas que bailaban y tomaban alcohol. Cuando se
encontraba en la pista de baile, una persona le metió un pisotón, que la pobre
empezó a dolerle bastante. Se giró para ver quién era, y era un chaval muy
guapo, de piel morena y ojos color miel. Él amablemente le pidió disculpas por
el pisotón y empezaron a bailar los dos. Le preguntó cuál era su nombre, y ella
le contestó: Encantada de conocerte, me llamo María Del Carmen, pero todos me
dicen Mari. Y luego él se presentó: Mi nombre es Redouan El Hartouk Ben
Chamout. Después de las presentaciones, se dieron dos besos en la cara, cuando
terminó la canción, se dirigieron para una mesa y se sentaron todos. Mari, en
ese momento, presentó a su acompañante al resto de sus amigos, que desde el
primer momento, le cayeron muy bien. Después de esa noche, de tanto hablar y
contándose cada uno lo que había pasado en sus vidas, desde el primer momento
que se vieron, sabían que iban a congeniar muy bien. Él le contó a ella que
estaba trabajando en un circo, y que se cambiaba constantemente de lugares,
porque recorrieron media España. Conoció a algunas personas famosas que se
pasaban por allí porque les llamaba la atención este mundo que decían que tenía
mucha magia. Un día, le llegó a Mari una carta de Redouan diciéndole que se
encontraba en la ciudad de Madrid, que era muy bonita y que la hechaba mucho de
menos, porque no dejaba ni un solo minuto en pensar en ella. Ella no se lo
pensó ni un instante, se cogió un tren en la estación y se fue directamente
para Madrid a darle una sorpresa a Redouan. Cuando la vio, se alegró muchísimo
de verla, le dio un abrazo y un beso en los labios. Ya ahí es cuando se
hicieron pareja y empezaron a salir. Al regresar de su viaje y de despedirse de
su novio, le contó a su madre que había conocido a un chaval en la discoteca y
que fue un flechazo, y que fue a verlo al circo donde él está trabajando.
jueves, 21 de enero de 2016
Boda Por Lo Civil y Viaje A Marruecos
Una noche, Mari dejó a su hija al cargo de su madre, porque quería
salir con sus amigos a dar una vuelta. No se ponían de acuerdo a qué lugar
exactamente iban a ir, entonces, fueron andando por el paseo marítimo hasta
llegar a una discoteca que se llamaba “Las Pérgolas”. Entraron en el sitio que
estaba muy lleno de personas que bailaban y tomaban alcohol. Cuando se
encontraba en la pista de baile, una persona le metió un pisotón, que la pobre
empezó a dolerle bastante. Se giró para ver quién era, y era un chaval muy
guapo, de piel morena y ojos color miel. Él amablemente le pidió disculpas por
el pisotón y empezaron a bailar los dos. Le preguntó cuál era su nombre, y ella
le contestó: Encantada de conocerte, me llamo María Del Carmen, pero todos me
dicen Mari. Y luego él se presentó: Mi nombre es Redouan El Hartouk Ben
Chamout. Después de las presentaciones, se dieron dos besos en la cara, cuando
terminó la canción, se dirigieron para una mesa y se sentaron todos. Mari, en
ese momento, presentó a su acompañante al resto de sus amigos, que desde el
primer momento, le cayeron muy bien. Después de esa noche, de tanto hablar y
contándose cada uno lo que había pasado en sus vidas, desde el primer momento
que se vieron, sabían que iban a congeniar muy bien. Él le contó a ella que
estaba trabajando en un circo, y que se cambiaba constantemente de lugares,
porque recorrieron media España. Conoció a algunas personas famosas que se
pasaban por allí porque les llamaba la atención este mundo que decían que tenía
mucha magia. Un día, le llegó a Mari una carta de Redouan diciéndole que se
encontraba en la ciudad de Madrid, que era muy bonita y que la hechaba mucho de
menos, porque no dejaba ni un solo minuto en pensar en ella. Ella no se lo
pensó ni un instante, se cogió un tren en la estación y se fue directamente
para Madrid a darle una sorpresa a Redouan. Cuando la vio, se alegró muchísimo
de verla, le dio un abrazo y un beso en los labios. Ya ahí es cuando se
hicieron pareja y empezaron a salir. Al regresar de su viaje y de despedirse de
su novio, le contó a su madre que había conocido a un chaval en la discoteca y
que fue un flechazo, y que fue a verlo al circo donde él está trabajando.
Infancia Segunda Parte
Ya se fue el año 1992, para darle la bienvenida
al nuevo que acaba de entrar, y esperar a que este nuevo siglo sea más bueno
que el anterior. La pequeña Carmen, se levantó el día 6 de Enero de 1993, por
la mañana temprano, para ver lo que le habían traído los Reyes Magos. Cuando su
madre la cogió en brazos para llevarla hasta el comedor, ella se puso loca de
contenta por ver todos los juguetes que con tanta ilusión había pedido. Su
abuela bajó a la casa para ver todos los regalos de su nieta, que la pequeña no
paraba de jugar. Dolores empezó a decir que en su casa, en la primera planta,
tenía más cosas que enseñarles a todos. Su madre la vistió, y se fueron todos
para arriba. Cuando entraron, vieron algunos juguetes que la pequeña no se
esperaba ver. Estaba bastante asombrada, porque no sabía lo que quería coger
primero. Sus tíos estaban muy contentos por ver a la niña disfrutar mucho ese
día tan mágico y especial para ella. Era una niña muy buena, porque su madre y
su abuela sabían perfectamente lo que le gustaba y lo que no, y aparte, se
conformaba con lo que le traían. Después de que pasaran las navidades y los
Reyes Magos, llegó el día más importante para la pequeña de la casa, su
cumpleaños. Su padrino le compró una tarta de chocolate con nata y pepitas de
almendras, que en medio decía: Feliz Cumpleaños Carmen. Entonces, su madre,
sacó un paquete de velas que tenía guardado en un cajón de la cocina, y las
puso en la tarta para que su hija pidiera un deseo antes de soplarlas. También
cumplía años el mismo día y el mismo mes, su padrino, que compartió tarta con
su sobrina y ahijada. Carmen, le encantaba que su madre le hiciera fotos,
porque siempre le decía su abuela que era muy fotogénica y que no le daba corte
ninguno en estar haciendo cualquier cosa con tal de que la fotografiasen. Mari,
entonces, se le presentó un problema que ella no se lo esperaba. Su pareja
Redouan, que llevaban los dos apenas un año y medio cerca de dos juntos, se
presentó en su casa y le dijo que ya no trabajaba más en aquel circo. Entonces,
ella se lo presentó a su hija, y se quedó un poco impresionada la primera vez
que esa persona se le acercó para conocerla. La pequeña como apenas entendía lo
que pasaba, se lo tomó bastante bien que otra persona estaría al lado de su
madre. Y poco a poco, fue pasando los días, y Carmen, llamaba a la pareja de su
madre, papá. Porque para ella, se pensaba que era su padre, porque el
verdadero, se enganchó a las drogas y su madre decidió dejarlo, porque no
quería aguantar con una persona que estuviera de esa manera. Él cogió y se fue
de Cádiz, a un centro para desintoxicarse.
miércoles, 20 de enero de 2016
Infancia
Cuando Mari dio a luz a la pequeña Carmen, una de
las hijas de una vecina que se llamaba Isabel, Fina, dio a luz en el hospital
de “El Mora”. Vino a este mundo una pequeña niña, su madre le puso el nombre de
Desireé. Esta pequeña se convirtió en una compañera de juegos para Carmen. En
tan poco tiempo, se hicieron buenas amigas, y jugaban a muchos juegos y
compartían muchas cosas juntas. Dolores, la abuela de Carmen, se llevaba a su
nieta a la calle a darle un paseo, mientras su hija Mari, se levantaba muy
temprano para irse a trabajar a la casa del matrimonio rico que la apreciaban y
querían mucho. Cuando Dolores entraba en la casa de sus vecinas, juntaban a las
niñas para que jugaran y se lo pasasen muy bien. Uno de los tíos de la pequeña
Carmen, Jesús, tuvo un hijo, le pusieron como él, y era muy guapo. Con su prima
se llevaba bien, y siempre estaban juntos. Este pequeño vivía con su madre y
sus abuelos en la misma casa donde también vivían Manolo y su mujer Milagrosa
junto con sus hijas Ana Isabel y María Victoria. Cuando Jesús llevaba a su
sobrina a casa de su novia a verla y a ver a su hijo, se juntaban todos los
primos y se lo pasaban de lujo jugando al escondite, el pilla pilla, pollito
inglés y a muchos más juegos. Mari, ya por aquel entonces, tenía su propia
casa, con su cocina- comedor, su dormitorio con la cama de matrimonio, un espejo redondo y grande de madera, con su mesa-tocador, el armario para guardar la ropa y por último, una especie de estantería para guardar sus cosas. A la
hora del almuerzo, Dolores tenía la costumbre de coger en brazos a la pequeña mientras
se ponía a hacer la comida en la cocina, y su hija Mari le decía a su madre que
soltara a la niña y que la dejara en el sofá viendo la televisión. Algunas
veces, Mari se llevaba a su hija a la casa donde trabajaba, para que los
señores la vieran y disfrutar de su compañía. En la misma calle “San Félix”,
enfrente de la casa donde vivía esta pequeña, se encontraba un pequeño almacén
donde se podía ver bastantes cosas de
limpieza, de caramelos, golosinas, y muchas cosas más. El dueño de este almacén
se llamaba Agustín, que los niños y niñas apreciaban mucho su compañía, aunque
para eso, tenía un perro de raza callejera, se llamaba Churro. 


Le pusieron ese nombre porque le encantaba los churros que vendían en la plaza de abastos, y también cuando llegaba la época de navidad, se ponía a bailar cuando le cantaban que había polvorones, porque le gustaban. Cuando llegaba el carnaval, Agustín se las ingeniaba bastante bien para decorar su almacén con serpentinas, caretas de animales graciosos, martillos de plástico, y sobre todo, vendía paquetes de papelillos para que los niños los tiraran por la calle. Al lado, se encontraba una casa de vecinos en estas fechas la adornaban con caretas grandes, con maquetas de Cádiz, como por ejemplo: El Gran Teatro Falla o la entrada de la playa de “La Caleta”. Y una de ellas, la hizo el tío mayor de Carmen, Francisco, y el dueño de la finca, se lo pagaba bien por su trabajo y todo a mano. Esa casa pertenecía a una mujer muy famosa en Cádiz, que se llamaba “Antonia Cózar”, más conocida como “La Caracolera”, por sus famosos caracoles que le salían muy buenos y que probaba todo el mundo. Y ahora esta tradición, la está siguiendo su hijo. Por este rinconcito han pasado muchos personajes famosos, como por ejemplo: La presentadora de Canal Sur Televisión, Irma Soriano, La cantante Rocío Jurado, El presentador Paco Lobatón, La actriz Concha Velasco, Carmen Sevilla, Martirio, y otros más rostros conocidos del panorama español. Un día de carnaval, se le ocurrieron a la abuela de la pequeña Carmen y la abuela de Desireé, disfrazaron a sus nietas de ratitas, la pequeña Carmen, vestía un delantal blanco con volantitos rosa, su traje de lunares rosa y blanco, su pasadita con las orejitas, sus leotardos blancos con sus calcetines también blancos, su jersey de cuello alto blanco, con sus bigotes pintados en la nariz y sus zapatos negros con su moñita rosa. Desireé, tenía puesto su traje con lunares rojos y blancos, su delantal rojo y blanco con volantes rojos, su jersey blanco con sus leotardos y calcetines del mismo color, su pasada con sus orejitas de lunares rojos y blancos, su bigote también pintado de color negro en la nariz y por último sus zapatos negros con su moñito rojo.





Preinfancia Segunda Parte
Esta pequeña fue creciendo y a darse cuenta en el mundo que le ha
tocado ver y sobre todo vivir. Siempre recibía el cariño de todos los que la
querían y la rodeaban. Sus tíos son para ella un gran apoyo y también una gran
compañía. En cada cumpleaños, le hacían algún que otro regalo cuando podían.
Con tal de verle una sonrisa dibujada en la cara, le sobraba. Con el paso del
tiempo, le enseñaban a decir palabras, para que a su vez fuera conociendo más
lo que poco a poco iba descubriendo a través de su lenguaje para que los demás
le entendieran y comprendieran. Se la llevaban a muchos lugares, para que ella
descubriera por sí misma ese mundo que le esperaba por ver, tocar y sentir. En
casa de sus abuelos, era un terremoto, porque desde que se levantaba por la mañana,
hasta que se acostaba por la noche, no paraba ni un momento. Le enseñaban
canciones para que ella después se le fuera quedando en su cabeza, y luego, se
la cantaba a todos. Su abuela Dolores la tenía muy bien alimentada, a base de
frutas, verduras, potajes, pasta, algún que otro dulce cuando se le apetecía,
etc. Y ella aunque le costaba un poco de trabajo comer sola, su abuela o su
madre la ayudaban para que fuera cogiendo práctica. Era una niña muy espabilada
sobre todo, le encantaba colorear, dibujar, jugar con los animales que tenían
sus abuelos en la casa, un perrito, un pato, un conejo, una tortuga, y
algunas veces ayudaba a su abuelo a limpiar las jaulas de los pájaros. Por las
mañanas, su abuela la levantaba de la cuna para pasarla al sofá, le daba como
siempre su desayuno y se ponía a ver la televisión, ya sean los dibujos
animados que ella solía ver. La tenían por así decirlo, muy mimada en el tema
de lo que le preguntaba su abuela que era lo que se le apetecía desayunar, lo
que más le gustaba tomar por las mañanas era su batido de fresa de la marca “Puleva”,
que le traían su tío Luis y un amigo de Mari, que se llamaba Reinaldo. Le
encantaba vestirse de gitana con sus tacones negros y cogía la mano del mortero
de la cocina de su abuela, que le servía como micrófono, y la única copla que
le enseñó su abuela a cantar era “María de la O”, y de vez en cuando, la
cantaba por el corredor para que los demás vecinos la escucharan y le decían
que era muy graciosa y que tenía mucho arte. La costumbre que cogió era que
cuando su abuela le preguntaba si quería algo, ella le contestaba: “No quero”.
Lo decía de esa manera, porque apenas sabía hablar y pronunciar bien lo que a
ella le respondían cuando le preguntaban. Llegaba la fecha de los carnavales, y
Dolores no sabía que disfraz iba a hacerle a su nieta. Entonces, su abuelo le
compró un disfraz muy gracioso, era de la abeja Maya, unos dibujos que a la
pequeña Carmen le gustaba mucho ver y casi siempre se reía. Su padre se la
llevaba al parque para que ella tomara el aire fresco, el ambiente que se podía
ver, los animales, como por ejemplo: patos, monos, pájaros, ponis, palomas,
alguna que otra lagartija rondando por allí, tortugas, etc. Disfrutaba mucho
sobre todo, cuando la sentaba en la hierba y la tocaba con sus manos, pero le
daba un poco de escalofrío al tocarla y le pinchaba un poquito. Sus abuelos cuando
llegaba la época de verano, la llevaban a la playa de “La Caleta”, a que
sintiera el agua fresquita cuando caminaba, sus pequeños pies pisando la arena
y sintiéndola con sus deditos. Le encantaba que la metiesen en las posas, la
sentaba su abuelo y ella como todo le llamaba la atención, salpicaba el agua
con sus manos y miraba las formas de las piedras tanto grandes como pequeñas. Un
día estando todos en la playa, en pleno mes de Julio, todas las familias
estaban disfrutando de un día muy agradable, comiendo tortilla de patatas,
filetes de pollo empanado, frutas, etc. Mientras, los más pequeños se iban o a
mariscar cangrejos por las piedras o jugando con su pala, su rastrillo y su
pequeño cubo llenándolo de agua para hacer un castillo de arena. Esa mañana tan
calurosa, aunque saltaba un poco de aire fresco, se celebraba un concurso muy
importante, que lo organizaba una peña bastante conocida en Cádiz. Consistía en
los que participaban, tenían que pescar un pez bastante grande y que pesara
unos pocos de Kilogramos, para después degustarlo. El abuelo de la pequeña
Carmen, no dudó ni un momento en apuntarse y participar. Hasta que al final, él
se hizo con la victoria, y ganó un trofeo. Toda la familia se pusieron muy
contentos, y lo celebraron hasta entrada la tarde. A los que a ellos se les unieron todos los demás vecinos que los apreciaban y los querían mucho junto con sus hijos.





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