martes, 19 de enero de 2016

Preinfancia



La pequeña Carmen se ganaba con su sonrisita y su gracia aparte de su familia, también de los vecinos que vivían en aquella casa que se desprendía un ambiente muy agradable y acogedor. Era una niña risueña, graciosa, simpática, con mucho genio, no controlaba los nervios, y sobre todo, muy guapa. Era para todos la alegría de la casa, aparte de sus primas y primos. La bautizaron en la iglesia de “La Palma”, junto con su primo, que se bautizaron el mismo día. A  él le pusieron el nombre de Francisco Gil Guerra, que era el hijo de uno de los hermanos de Mari, el mayor, y la madre de el pequeño se llamaba Amelia. Ella se quedó en estado al mismo tiempo que su cuñada, pero sin embargo, este pequeñín, nació antes que su prima.
 



Concretamente, un 27 de Diciembre de 1989 en el hospital de “El Mora”. Carmen llevaba puesto un pantalón rosa con una rebeca del mismo color con los botones blancos y los zapatitos a juego. Y su primo estaba vestido con un pantalón celeste con una rebeca del mismo color y los zapatitos a juego. El padrino de Carmen fue su tío Luis, y su madrina, quien mejor que su abuela Dolores. La madrina de el pequeño Francisco fue su tía Mari, y su padrino un hermano de su madre. Después se fueron para la casa, e hicieron una pequeña velada con todos los vecinos reunidos, para darles la bienvenida a estos niños al mundo, y que iban a formar parte de sus vidas. Aquello parecía una feria de gente que se encontraban en el patio de la casa, era antigua pero bonita. Sus paredes tenían incrustadas piedras de la playa de “La Caleta”, que Francisco, el hermano mayor de Mari, traía y la ponía. Enfrente de la pared se podía ver un pozo que lo habían tapado, para que nadie se pudiera caer en él. Porque antes de que pasara todo esto, en la misma finca, vivió un cura, y cuando fue a asomarse al pozo, perdió el equilibrio y se cayó. En la parte de arriba, se podía contemplar un redondel de macetas con distintos tipos de flores, que le gustaba muchísimo al abuelo de la pequeña Carmen. Que cada día se levantaba temprano para regarlas y oler el aroma que desprendía. Con ellos, vivía en la primera planta una señora que se llamaba Dolores, pero todo el mundo le decían “Chicla”, porque ella nació y se crió en Chiclana, por eso la llamaban de esa manera. Sus hijos y sus nietos venían a verla cuando podían y disfrutar de su compañía. 

Pero lo mejor, es que se ganaba con facilidad, el cariño y el aprecio de todos sus vecinos. En la puerta de la planta baja vivían una mujer mayor con su hijo, ella se llamaba Manuela, y su hijo, Manuel, “Manolo” para los amigos. Era una familia muy humilde, pero sin embargo, su hijo tenía un vicio muy malo, el alcohol. Y todos los días llegaba a su casa borracho, aunque algunas veces, lo traían algunos de sus amigos que estaban con él en el bar. Pero sin duda, no se podía negar que era una persona que se buscaba como podía la vida, pescando o mariscando, y después, lo vendía en la calle. Sin embargo, su madre, después de la pérdida de su marido, que era el padrino de Mari, siempre se subía a casa de Dolores para hacerle un poco de compañía y le daba su vaso de café, mientras miraba jugando a la pequeña Carmen, entretenida con cualquier juguete o rodeada de algunos de sus tíos diciéndole cosas para hacerle reír.
 Dolores y su marido Manuel, compraron una cunita para la pequeña, ella la puso al lado derecho de su cama, para vigilarla, mientras Mari, dormía en una cama litera junto con su hermana pequeña Verónica. Dolores decía que la niña era pequeñita y que no quería que le hicieran daño. Mari se levantaba temprano para irse a trabajar en la casa de el matrimonio que la apreciaban mucho. Entonces, esta niñita fue criada por sus abuelos y sus tíos, mientras su madre trabajaba muy duro para poder sacarla adelante con todo su esfuerzo. Cuando su abuela tenía que tender la ropa en la azotea, la ponía en una mantita en el suelo, para que no sintiera la frialdad, y se llevaba sus juguetes para así jugar mientras su abuela hacía las tareas de la casa, y también a hablar con las vecinas. Su abuela la sacaba a la casapuerta donde vivían con su cochecito para que ella viera el jaleo de los coches y de las personas que pasaban por la calle. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario