Bueno, pues ya
he terminado una de las primeras partes de este libro, la historia de mis
abuelos y mis tíos. Antes de contaros y meterme de lleno en mi historia, voy a
hacer un breve resumen de la ciudad de Cádiz, y también de el barrio donde me
vió crecer, jugar en sus calles y nacer.
viernes, 27 de noviembre de 2015
miércoles, 25 de noviembre de 2015
Capítulo 9
CAPÍTULO
9
Otoño de 1978, día 30 de Septiembre, Dolores se
encontraba en su casa en compañía de su marido y sus hijos, estaba a punto de
cumplir la fecha para que naciera su séptimo hijo. Los dolores de el parto cada
vez eran más fuertes, entonces, como pudieron, la llevaron al hospital y la
atendieron lo más rápido que podían. Una de las enfermeras que estaba con el
médico ayudándolo en la sala de partos, apareció por el pasillo y les dijo que
habían tenido una niña muy guapa y espabilada. Todavía no se ponían de acuerdo
que nombre le iban a poner, cuando llegaron a su casa, la pequeña dormía en una
cama litera con su hermana Mari. Entonces, a ella se le ocurrió un nombre que
le gustaba mucho, y era Verónica. Se lo dijo a su madre, y le gustó. La
llevaron a la iglesia para hablar con el párroco para bautizarla con el nombre
que al final eligieron para su hija. Hizo su primera comunión junto con su
hermano Enrique, y dieron un convite en su casa para los demás vecinos y sus
hijos. Era una niña bastante traviesa y más de un dolor de cabeza le dio a sus
padres, es amiga de sus amigos, siempre se juntaban con muchos chavales y se lo
pasaban de lujo con las cosas que hacían. Una anécdota de cuando ella era
pequeña, que le pedía a sus padres por Reyes juguetes de niños, y era lo que
más le gustaba, como por ejemplo, los muñecos de playmobil. Se pegaba horas y
horas jugando con el resto de sus hermanos, ya en la calle, jugaba con los
demás niños y niñas, pero con quien se sentía más a gusto era con los niños.
Con uno de ellos, que es el mejor de sus amigos, se llamaba “Piri”, cuando se juntaban
hacía alguna de las suyas, como por ejemplo, se encontraron por la calle a unos
pequeños ratones de alcantarilla, y los metieron en una caja de cerillas,
cuando llegaron corriendo los dos al patio de la casa de Vero, que era como la
llamaban, la madre al verlos, no sabía lo que estaban tramando los dos. Cuando
le vió la caja pequeña de cerillos, ella empezó a decirles que se la diera, y
cuando la abrió, pegó un salto y un susto al ver a esos pequeños ratoncillos
que salían. Estudió en el colegio de Valcárcel, igual que sus hermanos Luis y
Enrique.




Ella no ha tenido ningún problema con los profesores ni con sus calificaciones, porque cuando llegaba el momento de las notas, los profesores le decían cosas buenas a sus padres. Después de que se sacara su graduado escolar, se sacó un curso de administrativo y de mecanografía. Se fue de su casa para irse a vivir con una amiga y su familia en la calle de “La Palma”. La madre enfermó de cáncer, entonces, el padre le pidió a Verónica que se quedara en su casa para que le hechara un cable. Y pudieron salir adelante. Ahora ella ha conocido más amigos y sale con ellos de marcha, se lo pasa muy bien. Tiene una amiga que conoció hace poco y se llama María, que Vero ha dejado su casa para irse a vivir con su amiga en el Barrio de Santa María, en la calle Botica. Y las dos hacen todo lo que puede para salir las dos adelante solas, cada una con sus trabajos. Su primera amiga se llamaba Mª José y su hermana Mayte. Se portaron con ella como si fuera otra más de la familia. Vero les hacía la comida, le ayudaba con las tareas de la casa, sacaba a los perros a la calle, etc. Dolores le cogió muchísimo cariño a las amigas de su hija, que también las ayudaba como podía. Vero vivía con sus padres y sus hermanos en el barrio de “La Viña”, muy conocido en Cádiz, por sus costumbres, la alegría de su gente y la alegría que desprende en todo el barrio entero. No hay un barrio con más arte y jolgorio que este.
Capítulo 8
CAPÍTULO 8
Año 1974, concretamente, 15 de septiembre, Dolores
se quedó encinta de su sexto hijo. Corriendo, la llevaron al Hospital de “El
Mora”, porque ya había roto aguas. El médico, cuando salió de la sala de
partos, le comunicó al marido que ha sido padre de otro niño. Se fue para la
habitación de su mujer para verlo, se quedó prendado de su pequeño, que era
rubio y muy guapo. Le pusieron el nombre de Enrique, un compadre y muy amigo de
la familia. Lo bautizaron en la iglesia de “La Palma”, le hicieron una fiesta
por todo lo alto en el patio de su casa junto con los demás vecinos que vivían
allí y todos eran como una gran familia. Se instaló en la marina, a él sin
embargo, le llamaba más la atención el mundo de el mar que a sus hermanos. Hizo
muchos amigos, estudió en el mismo colegio que su hermano Luis, Valcárcel. Para
los estudios, se le daba bastante bien, sacaba buenas notas. Hizo su primera
comunión en la misma iglesia donde se bautizó, sus padres estaban muy
orgullosos de su hijo. En realidad, era un niño como otro cualquiera, pero era
bastante travieso, y alguna que otra travesura hacía, y su madre le regañaba
bastante. Conoció a una muchacha muy guapa que se llamaba Sonia Gago Borrell,
su familia veía con buenos ojos su relación. Compartieron buenos momentos
juntos, salían a muchos sitios donde se lo pasaban muy bien y se divertían
mucho. Cuando se la presentaron a sus padres, le gustaron mucho para su hijo,
pero sin embargo, un vicio muy imposible de quitarse entró Enrique, el alcohol
y el tabaco. A su novia le molestaba mucho que fumara, y él para complacerla,
se iba con su suegro a fumar a la calle y hablaban de cosas de hombres. Pero el
otro que era el que no podía controlar, tenía sus consecuencias. Cuando bebía o
se pasaba de copas, se ponía muy pesado y daba mucho la lata, hasta que la
novia, que se llevaron más de cinco años juntos, se cansó de todo, y lo dejó.
Pasó un tiempo después de que dejaran su relación, y ella empezó a conocer a
otro muchacho que trabajaba de vigilante de seguridad en la puerta de un
supermercado, se casaron y tienen una niña muy guapa, que se parece mucho a su
madre. Sin embargo, para Enrique su vida siguió siendo la misma, él se
levantaba temprano, iba a un almacén, donde conoció a un hombre que lo aprecia
mucho, le dicen el “Tito”, y le ayudaba a por los mandados, y de vez en cuando,
lo invitaba a alguna que otra cerveza, o le daba algo para que también pudiera
aportar en casa y ayudar a su madre con los mandados. Algunas veces lo buscaban
para trabajar en algún que otro chapús, como encalando paredes, pintando,
poniendo perlita, etc. Y ahora, lo conocen más con el mote de “perlita”, porque
un día lo vieron por la calle con un carro en el que llevaba un saco de perlita
para encalar una casa, y desde entonces, lo llaman asín.Capítulo 7
CAPÍTULO 7
Pasadas las
navidades y con la entrada de el nuevo año, 1971, concretamente, el 24 de
Enero, Dolores se quedó en estado de su quinto retoño. Cuando nació en el
Hospital de “El Mora”, no se decidían con el nombre que le iba a poner,
entonces la madre de el padre del pequeño, le dijo a su hijo que le pusieran
como ella, que se llamaba luisa. Y fue
un niño, lo llamaron Luis. Era de piel
morena y los cabellos negros, parecía un gitanito. Su colegio fue Valcárcel,
que se encuentra enfrente de la playa de “La Caleta”. De pequeño, su madre lo
sentaba en el balcón de su casa, porque a él le gustaba ver a las personas pasar,
y aparte se ponía a meterse con todo el mundo que él veía. Le encantaba los
animales, de hecho, en la casa siempre tenían como mascota un perro, pájaros y
muchos otros más. Hizo su primera comunión en la iglesia de “La Palma”, con el
resto de sus compañeros. Estaba siempre pegado a las faldas de su hermana María
Del Carmen, que era su hermana preferida y favorita. Una anécdota de cuando él
era pequeño, que un día vió entrar por la puerta de su casa a unas monjas que
venían a hablar con su madre, entonces, empezó a decir palabrotas y una de las
vecinas que lo estaba escuchando, le puso en la boca pimiento picante para que
no dijera más cosas porque le llamaban mucho la atención. Llegaba la fecha de
las navidades y de los Reyes Magos, él esperaba con ilusión esa llegada porque
sabía lo que había pedido y se lo traían. Se puso muy contento e ilusionado por
todo lo que estaba viendo a su alrededor, disfrutaba muchísimo junto con sus
padres y hermanos, aunque en aquella época se pasaba bastante mal en todas las
familias para poder mantener a sus hijos, y se hacían lo que podían. Aunque
costaba muchísimo trabajo y esfuerzo, pero por verlos con una sonrisa en la
cara merecía la pena. Hizo la mili en Ubrique, con todos sus honores, y su
familia fueron todos juntos a la jura de bandera. Ya en su casa, fue poco a
poco haciendo su vida como los demás chavales. Empezó a fumar jovencito, y también
a buscar trabajo para ayudar a sus padres. Estuvo trabajando en una empresa de
limpieza que se llamaba “UTE”, que lo que hacía era barrer las calles los fines
de semana, y lo hicieron fijo.
Hasta que vino entró un jefe nuevo y empezó a echar
a los fijos para que entraran personas nuevas, y uno de ellos fue él. Cuando se
enteró, no supo hacer nada para volver a recuperar ese puesto de trabajo que le
había costado conseguir. Conoció a una muchacha que se llamaba Montserrat, y se
llevó con ella cerca de tres años, pero otra persona se interpuso entre los
dos, y ella cogió y se fue con el otro que le convenía más, y Luis entonces
cayó en una depresión muy fuerte. Le costó muchísimo volver a empezar su vida después
de lo que pasó, pero gracias a sus amigos que han estado siempre a su lado, lo
han ayudado y lo animaron a que continuara con su vida normal. Entró a ayudar a
una mujer mayor en su casa, que era la madre de un amigo muy querido.
Llegó
hasta el punto de vivir con ellos y aceptarlo como otro miembro más en la
familia. Pero un día, le dijeron que no querían que él estuviera ya con ellos,
entonces, los amigos hablaron con su hermana Mari, y ella les dijo que volviera
a su casa con sus padres, que era el sitio donde nunca había tenido que salir.
Ahora él sigue soltero, e intentando buscarse la vida como puede, también ha
hechado los papeles para que le puedan dar una ayuda por los años que se ha
llevado trabajando, que son 5 años, él se conforma con lo que sea, para poder
ayudar en casa, porque con la pensión que cobra su padre por jubilado no les
llega lo suficiente. Lo que más le gusta a él es mariscar, ya sean burgaillos,
erizos, chocos, y toda clase de pescados y mariscos. Cuando se va acercando el
carnaval, se prepara para irse con más amigos a mariscar erizos, lapas,
burgaillos, pulpos, para así poder venderlos el día de la “Erizada”, y la “Ostionada”,
y con lo que pueda sacar, tiene algo para que él tenga para sus cosas. Se ponen en su lugar preferido para así poder llamar la atención de las personas que pasen por su lado, observando todo lo que él le pueda ofrecer, donde le gusta colocarse nada mejor que el barrio donde le vió crecer, su barrio de "La Viña".
martes, 24 de noviembre de 2015
Capítulo 6
CAPÍTULO
6
Navidad de 1968, solamente falta muy poco para que
termine este año y que empiece el que está por venir, 1969. Dolores estaba a
punto de dar a luz a su cuarto retoño, era una niña y le puso como su difunta
madre, María del Carmen. Era una niña dicharachera, alegre, divertida,
simpática, pero sobre todo muy muy muy trabajadora. Ayudaba a su madre con las
tareas de la casa, como lavar la ropa, hacer la comida, tender, planchar,
barrer, fregar, limpiar los suelos, etc. Cuando cumplió 9 años, un día que
estaba en el colegio, la profesora le dijo que tenía que hacer la primera
comunión. Ella estaba en el colegio de Enseñanza Pública “San Rafael”, que
antiguamente, le pusieron o la gente lo llamaban “El grupo”. Hizo su primera
comunión en el Oratorio de San Felipe, donde se firmó la Constitución de “La
Pepa” en el año 1812. Le pertenecía en realidad, la parroquia de San Lorenzo,
que se encuentra situada en la calle Sagasta, pero en aquel momento se
encontraba en obras. Se hizo su foto de comunión con su hermano agarrado a su
mano, estaban los dos muy guapos. Ya en su casa con sus padres y sus demás
hermanos, se quitó el traje y lo colocó encima de su cama. Se puso su ropa y se
fue a la calle a jugar con los niños y niñas. Eran las seis de la tarde, su
madre la llamó y subió a ponerse otra vez el vestido con su pasada incluyendo
un velo cortito. Bajando las escaleras del patio de la casa de vecinos, sus
padres le hicieron una pequeña fiesta con todos los niños y niñas que habían,
con su tarta y unos bocadillos que aportaban las vecinas. Una anécdota de la infancia de esta
jovencita era que un día estando en clase con sus compañeras, le pidió permiso
a la profesora para ir al servicio. Pero ella le decía que no la dejaba ir, y
por más que se lo preguntaba, le contestaba lo mismo. Entonces, se bajó la
falda de su uniforme y lo hizo en clase debajo de su pupitre. Al final, la
profesora consiguió echarla de clase y expulsarla del colegio. Cuando llegó a
su casa, fue a buscar a su madre y le contó lo que le había sucedido, hasta que
ella le dijo a su hija que no fuera más. Se quedó en su casa ayudando a su
madre con sus hermanos pequeños, y con las tareas del hogar. Una de las
hermanas de Dolores, María de los Ángeles, había tenido un bebé, que le
pusieron Fernando David, y estaban buscando a una muchacha para cuidarlo. Ella
no se lo pensó dos veces, y le preguntó a su hija que si quería irse para
Puerto Real con sus tíos. A lo primero le costó mucho trabajo separarse de su
madre y hermanos, hasta que al final se fue. La ponía su tía a limpiar, fregar,
planchar, tender, lavar la ropa y también al cuidado del pequeño. En navidad,
un día de Reyes, Mari, que así era como la llamaban, se ponía a llorar porque
hechaba de menos a sus padres y hermanos. Sus tíos trabajaban en la casa cuna
de Puerto Real, entonces, ellos con su coche la llevaban a Cádiz para que
estuviera disfrutando de su familia, celebrando cualquier fiesta que hubiera
allí. Ya pasado un tiempo, no pudo más, cogió una bolsa negra de basura, metió
su ropa, y se fue de aquel lugar porque no quería estar ni un momento viendo
como pasaban los días, y cada vez hechaba más de menos a su familia y no le
quedaban más lágrimas que resbalaban por sus mejillas sonrosadas. Camino de la
casa de sus tíos, llegó hasta la carretera y se puso a hacer autostop para que
alguien se parara para llevarla hasta Cádiz.
Hasta que un camionero se paró en cuanto la vió, ella amable se dirigió y le preguntó al caballero que conducía el camión, que si él iba para Cádiz. Le contestó que sí, y la llevó hasta su casa y la dejó en la puerta. Cuando entró, su madre se puso loca de contenta por ver otra vez a su querida hija. Le contó a sus padres y a sus hermanos que no quería volver más a Puerto Real, hasta que le llamaron por teléfono, y la madre habló con su hermana, y le dijo que la pequeña no iba a ir más a aquella casa donde lo ha pasado muy mal y lloraba mucho por las noches cuando estaba acostada. Ya tranquila con su familia y ayudando a su madre con las tareas del hogar y del cuidado de sus hermanos. Una mujer que la conocía y sabía lo trabajadora que era, entró a trabajar en una casa rica. Sus propietarios se llamaban Dolores y Miguel. El matrimonio tenían 2 niñas y un niño, María Victoria, Cecilia y Cristóbal. Mari tenía por aquel entonces entre 12 o 13 años. Ella veía a su madre como ejemplo con las tareas del hogar y la enseñó muy bien. Limpiaba las escaleras de rodillas con un cubo lleno de agua y un paño, también ayudaba en la misma casa a una mujer que se llamaba Consuelo. Con los años, las dos se hicieron muy buenas amigas, la señora de la casa cuando vió a la pequeña entrar para que la conocieran, se quedaron muy sorprendidos por la edad que ella les dijo cuando se lo preguntaron. Y el matrimonio contestó que tenía perfectamente la misma edad que sus nietas. Se quedó a trabajar y ella y la señora hicieron buenas migas. Lo ganaba bastante bien, llevaba dinero a su casa para que su madre comprara lo que hacía falta. Cuando llegó la boda de uno de los hijos de los dueños de la casa, Mari, estaba también tanto en la iglesia como en el convite. Fue ganándose poco a poco el cariño de todos, que ya la consideraban como un miembro más de la familia. Iba muy guapa vestida, con un traje negro que le llegaba por las rodillas, aparte estaba delgada, llevaba unos tacones que le hacían juego con el traje y como peinado un pasador puesto en el pelo. Se llevó bastantes años trabajando en esta casa, que todavía se dice pronto ya. Después entró a trabajar en una ONG, Cruz Roja Española, la pusieron a prueba, y los jefes la vieron como limpiaba, la contrataron de limpiadora junto con otra mujer.
Se conocieron las dos y al cabo de unos días, se hicieron compañeras y buenas amigas. Aparte conoció a los demás trabajadores, como por ejemplo: Carolina Camacho, Jesús Riera, Ana Muñoz, la presidenta Mª Concepción, África, Eli, Pilar Denis, Miguel Cela, que daba clases allí, el antiguo ordenanza Manolo Montesinos, Maru, Lourdes, etc. Todo el mundo la apreciaban mucho, cuando terminaba su turno o se iba a desayunar, siempre estaba acompañada por algunos de los voluntarios o por algunas muchachas de económicos o administración. Algunas veces se quedaba a charlar con algún que otro trabajador contándole como estaba y como se encontraba. Iba a un bar que se llamaba “El bar de Luis”, era muy famoso y aparte conocido. En él se encontraba todas las mañanas a la hermana del fallecido Francisco Rivera “Paquirri”, que le encantaba desayunar allí, por el ambiente tan bueno que hacía. El cocinero Luis y el camarero son buenas personas, simpáticos, graciosos, y siempre estaban armando jaleo que se escuchaban desde la calle, ya sea tocando las palmas, cantando o bailando. El bar es muy bonito, tiene cuadros antiguos que se pueden observar carteles de las corridas de toros, cabezas de toros disecadas colgadas en la pared, miniaturas de balcones antiguos con macetas y su pretín, etc. Mari lo pasaba muy bien rodeada de tanta gente que tenía a su alrededor, se reía mucho con ellos. Trabajando como limpiadora en Cruz Roja estuvo 13 años, y el antiguo ordenanza se jubiló. Entonces ya fue cuando a ella le enseñaron como se manejaba un ordenador, coger y pasar las llamadas de teléfono, lo que tiene que decir cuando una persona entra y pregunta por algún departamento, en realidad, lo que hace un administrativo. Y poco a poco se ganó el puesto. Tuvo que hacer un curso de primeros auxilios y media parte de administración, y con el esfuerzo y el apoyo, lo consiguió. Con su gracia, se gana rápidamente a las personas y también su sinceridad y la manera de decir lo que piensa en todo momento.
Hasta que un camionero se paró en cuanto la vió, ella amable se dirigió y le preguntó al caballero que conducía el camión, que si él iba para Cádiz. Le contestó que sí, y la llevó hasta su casa y la dejó en la puerta. Cuando entró, su madre se puso loca de contenta por ver otra vez a su querida hija. Le contó a sus padres y a sus hermanos que no quería volver más a Puerto Real, hasta que le llamaron por teléfono, y la madre habló con su hermana, y le dijo que la pequeña no iba a ir más a aquella casa donde lo ha pasado muy mal y lloraba mucho por las noches cuando estaba acostada. Ya tranquila con su familia y ayudando a su madre con las tareas del hogar y del cuidado de sus hermanos. Una mujer que la conocía y sabía lo trabajadora que era, entró a trabajar en una casa rica. Sus propietarios se llamaban Dolores y Miguel. El matrimonio tenían 2 niñas y un niño, María Victoria, Cecilia y Cristóbal. Mari tenía por aquel entonces entre 12 o 13 años. Ella veía a su madre como ejemplo con las tareas del hogar y la enseñó muy bien. Limpiaba las escaleras de rodillas con un cubo lleno de agua y un paño, también ayudaba en la misma casa a una mujer que se llamaba Consuelo. Con los años, las dos se hicieron muy buenas amigas, la señora de la casa cuando vió a la pequeña entrar para que la conocieran, se quedaron muy sorprendidos por la edad que ella les dijo cuando se lo preguntaron. Y el matrimonio contestó que tenía perfectamente la misma edad que sus nietas. Se quedó a trabajar y ella y la señora hicieron buenas migas. Lo ganaba bastante bien, llevaba dinero a su casa para que su madre comprara lo que hacía falta. Cuando llegó la boda de uno de los hijos de los dueños de la casa, Mari, estaba también tanto en la iglesia como en el convite. Fue ganándose poco a poco el cariño de todos, que ya la consideraban como un miembro más de la familia. Iba muy guapa vestida, con un traje negro que le llegaba por las rodillas, aparte estaba delgada, llevaba unos tacones que le hacían juego con el traje y como peinado un pasador puesto en el pelo. Se llevó bastantes años trabajando en esta casa, que todavía se dice pronto ya. Después entró a trabajar en una ONG, Cruz Roja Española, la pusieron a prueba, y los jefes la vieron como limpiaba, la contrataron de limpiadora junto con otra mujer.
Se conocieron las dos y al cabo de unos días, se hicieron compañeras y buenas amigas. Aparte conoció a los demás trabajadores, como por ejemplo: Carolina Camacho, Jesús Riera, Ana Muñoz, la presidenta Mª Concepción, África, Eli, Pilar Denis, Miguel Cela, que daba clases allí, el antiguo ordenanza Manolo Montesinos, Maru, Lourdes, etc. Todo el mundo la apreciaban mucho, cuando terminaba su turno o se iba a desayunar, siempre estaba acompañada por algunos de los voluntarios o por algunas muchachas de económicos o administración. Algunas veces se quedaba a charlar con algún que otro trabajador contándole como estaba y como se encontraba. Iba a un bar que se llamaba “El bar de Luis”, era muy famoso y aparte conocido. En él se encontraba todas las mañanas a la hermana del fallecido Francisco Rivera “Paquirri”, que le encantaba desayunar allí, por el ambiente tan bueno que hacía. El cocinero Luis y el camarero son buenas personas, simpáticos, graciosos, y siempre estaban armando jaleo que se escuchaban desde la calle, ya sea tocando las palmas, cantando o bailando. El bar es muy bonito, tiene cuadros antiguos que se pueden observar carteles de las corridas de toros, cabezas de toros disecadas colgadas en la pared, miniaturas de balcones antiguos con macetas y su pretín, etc. Mari lo pasaba muy bien rodeada de tanta gente que tenía a su alrededor, se reía mucho con ellos. Trabajando como limpiadora en Cruz Roja estuvo 13 años, y el antiguo ordenanza se jubiló. Entonces ya fue cuando a ella le enseñaron como se manejaba un ordenador, coger y pasar las llamadas de teléfono, lo que tiene que decir cuando una persona entra y pregunta por algún departamento, en realidad, lo que hace un administrativo. Y poco a poco se ganó el puesto. Tuvo que hacer un curso de primeros auxilios y media parte de administración, y con el esfuerzo y el apoyo, lo consiguió. Con su gracia, se gana rápidamente a las personas y también su sinceridad y la manera de decir lo que piensa en todo momento.

jueves, 12 de noviembre de 2015
Capítulo 5
CAPÍTULO 5
Verano de 1967, concretamente, en el hospital de "El
Mora", el 21 de Agosto, llegó un niño rubio con unos ojos grandes y muy
bonitos. Lo llamaron Jesús, como el rey de los judíos. Se matriculó en el
colegio "San Rafael", salió de monaguillo en la procesión de la luz y
las aguas que estaba en el Oratorio De San Felipe. Hizo su primera comunión
allí, en el patio de su casa le celebraron una fiesta por todo lo alto, con su
tarta incluida. Saliendo con su pandilla
por la calle dando una vuelta, conoció a una muchacha muy guapa. Se llamaba Ana
María, y empezaron a salir juntos. Del fruto de este amor y de esta unión,
nació un bebé. Le pusieron como su padre, se parecía mucho, tenía los ojos
azules como su madre, y era rubio como los dos. También se formó en la mili,
aprendió muchas cosas. Un día, estaba con un amigo dando un garbeo. Y le dijo
el uno al otro: Jesús, ¿Nos colamos en el castillo de Santa Catalina?. Se quedó
un poco pensativo, mirándose los dos, él le contestó: ¿Estás seguro?. Entonces,
saltaron la reja y entraron dentro. Antiguamente, los dos castillos se
comunicaban, porque muchos chavales los destinaban allí, y hacían las guardias
por las noches. Entraron en la capilla, se encontraron con unas estatuas un
poco grandes, eran de un portál de belén. No se lo pensaron dos veces y se lo
llevaron. Cuando dieron parte a la policía de que se habían robado las figuras,
hasta fueron los medios de comunicación. Llegaron a la casa donde vivían, los
cogieron y se lo llevaron a la cárcel. Estuvieron bastantes años por lo que
habían hecho, y los familiares que podían , iban a verlos los días de visita. A
Jesús los guardias penitenciarios que lo veían que tenía buena conducta, lo
ponían a hacer, mejor dicho, a trabajar de lo que hacía falta.Lo pusieron a
trabajar de jardinero cuidando las macetas que habían en el patio y todo tipo
de flores y árboles. Los dos lo pasaron muy mal separarse de cada familia, en
especial, Francisco, "paco", el amigo y compañero de aventuras.
Porque había dejado a su mujer embarazada de su hija y a su pequeño hijo, que
se llamaba como él. El día más esperado para los dos ya estaba casi por llegar,
el de la libertad. Los familiares que fueron a recogerlo a la puerta, se
pusieron todos contentos y felices por verlos. Después de tanto tiempo encerrados,
le contaron a sus amigos y vecinos los duros días que pasaron allí dentro. Las
navidades se lo pasaban muy bien, reunidos cada uno con los suyos, celebrando
esta fiesta a lo grande. Pero ocurrió algo que nadie podía imaginar, él se
estaba juntando con gentes que no le convenían, pero al final támbien cayó.
Antes de que vinieran estas fechas que son muy señaladas para todos, la policía
apareció en su casa, y le preguntaron a su madre si él estaba. Entraron y se lo
llevaron detenido por tener en su poder "grifa", que tenía para su
consumo habitual. Volvió a pasar el mal rato delante del juez, y entró en el
Centro Penitenciario Puerto 3. Su hermana le intentó localizar a un abogado
para que le rebajara la condena, y habló con un amigo de su trabajo sobre el
tema familiar que tenía. Entonces, él se puso en contacto con su cuñado, que
era abogado de oficio. Y le comentó el caso de Jesús, no se lo pensó dos veces
y dijo que si, que se ocuparía de todo. Para el régimen de las visitas eran los
fines de semana, quien iba a verlo eran su hermana, su madre, su padre y
algunas de sus sobrinas. Él le contaba a su familia como se encontraba allí, y
aparte su situación, le llevaban ropa, y algunas veces paquetes de tabaco o
zumos, dulces, etc. Allí le vieron que tenía buena conducta, y se portaba bien,
le pusieron a trabajar en la cocina, porque cocinaba bastante bien, en los
talleres que iba por las tardes, hacía manualidades, y tampoco no se le daba
bastante mal. Hacía ceniceros con paquetes de tabacos y latas, sofás, pintaba
de vez en cuando cuadros, cosía, etc, y le regaló algunos a su hermana y a su
madre. Un día, llamaron a su casa, su madre cojió el teléfono móvil, y le
dijeron que a su hijo ya le quedaba poco para cumplir la condena, y ya salía de
aquel sitio, que no quería volver a pisarlo más en su vida. Cuando le comunicaron esa noticia, el
corazón parecía que se le iba a salir del pecho. Llegó el día más esperado , lo
vieron entrar por la puerta con su bolsa, y ella loca de contenta se fue para
su hijo y le regaló el mejor de sus abrazos y su cariño. Aparte de recibir el
cariño de su madre, támbien estaban algunos de sus hermanos y sus sobrinas. En
los carnavales, se disfrazaba con sus hermanos y se lo pasaba muy bien haciendo
reír con su simpatía y su alegría. Tenía muchos amigos con los que compartir
sus buenos y malos ratos, como todo el mundo. Se iba a un bar que se llamaba “Casa
Erizo”, donde conocía hace mucho tiempo a su dueño y a los demás que paraban
por allí. Llegaba la época de “La Erizada, y ayudaba en la barra sirviendo
cerveza o algunas veces cortando erizos para dárselos a las personas que se
acercaban para probar los deliciosos manjares que degustaban. En su época del
servicio militar, se hizo con algunos compañeros de cuarto unos pocos de tatuajes,
tiene una araña en la rodilla, el nombre de la que era su novia y madre de su único
hijo en el pecho, el corazón de jesucristo en la espalda, y algunos más. Le
cuenta a su padre mientras está viendo la televisión sentados en el sofá, una
anécdota que le pasó en el servicio militar. Un día estando en fila delante del
teniente, uno de ellos dijo que venía el subteniente. Y cuando se enteraron los
demás, se hartaron de reír, y el subteniente se le puso la cara muy seria. Eso
a él no le sentó nada bien, y recibieron alguno que otro castigo. La habitación
era de camaliteras y decía que uno de ellos le apestaba mucho los pies y tenían
que lavarse y cambiarse de ropa todos los días. Ahora en la actualidad, tiene
46 años y vive con sus padres. En sus ratos libres, se las ingenia como puede,
para no estar aburrido. Se levanta temprano por las mañanas, ayuda a sus padres
en las tareas de la casa, se pone su ropa de faena y se va a hechar una mano a
las personas que lo llaman para hacerle trabajos de arreglos de sus casas, por
ejemplo, pintarles las paredes, arreglarles cables, hacerle alguna que otra
mudanza, encalar, hacer mezclas, etc. Pero lo que de verdad le gusta más es
hablar con su padre de sus cosas mientras están sentados en el sofá viendo la
televisión. Ya sea de política, cuando hicieron el servicio militar, de lo que
han trabajado, muchas más.
miércoles, 11 de noviembre de 2015
Capítulo 4
CAPÍTULO 4
El 21 de mayo de 1966, Dolores dio a luz a su segundo hijo.
Le puso el nombre de su marido, Manuel. Era
tranquilo, muy distinto a su hermano, travieso y juguetón. Se pasaba
horas y horas jugando en la calle con los demás niños, en el colegio era un
buen alumno. Los maestros le contaban a su madre que en clase se portaba bien,
y jugaba mucho con los compañeros. Hizo su primera comunión en la iglesia de
San Lorenzo, que se encuentra en la calle Sagasta. Antiguamente, se celebraban
los cumpleaños, los convites de los bautizos, de las bodas, en el patio que
tenían los vecinos en su casa. Se reunían muchas personas, niños, mayores,
familiares, etc, se lo pasaban de lujo, hasta cantaban, tocaban las palmas, se
escuchaba el sonido de la guitarra. También formaba parte de la familia unos
perros que hacían mucha compañía, se llamaban sicuti y aroa. Cuando venían del
colegio, se ponían muy contentos y alegres. Ya hecho todo un hombre, entró en
la mili, también se hizo muchos tatuajes. Conoció a una mujer que se llamaba
Milagrosa, se llevó un tiempo saliendo como novios, se la presentó a sus
padres, se quedaba a comer en su casa. Se casaron, tuvieron dos niñas, que se
llamaban Ana Isabel y Mª Victoria. La mayor tiene 26 o 27 años, y la pequeña 19
años, y una nieta, África, de seis años, más o menos. Las dos hicieron la
comunión en la misma iglesia, en la Castrense, que está enfrente del Gran
Teatro Falla. Ellos vivían en la calle Soledad, en un primer piso, que tenían
aparte cuando entraban en la casa, como una especie de patio pequeño muy
recogidito, con muchas macetas, y muy bonito. Los vecinos eran muy buenas
personas, no daban ningún problema. Anabel, sacaba buenas notas en el colegio
donde estudiaba, tenía sus amigos, conoció a un muchacho, con él estuvo
saliendo unos pocos de años, tuvieron una hija en común, se parece mucho a su
madre cuando era pequeña. Se llevaba bien con su hermana, pero de vez en
cuando, se peleaban por cosas, lo normal. Tenía un carácter un poco fuerte,
pero era muy espabilada. Años más tarde,
vino a este mundo, Victoria. De cariño le decían Vicky. También se le daba bien
los estudios, y sacaba notas muy buenas. A la mujer de Manuel, hace tiempo, se
le murió un hermano. Eran cuatro hermanos, Carmen, Toñi, Pedro y Milagrosa.
Estando pescando o mariscando, creo, en los bloques del campo del sur, se
resbaló, y se dió un golpe en la cabeza. Corriendo, llamaron a una ambulancia,
se lo llevaron para el hospital. Pero al llegar allí, falleció. Para la familia
fue una tragedia, y muy duro, porque aparte, era el único varón que había.
Fíjense ustedes que la madre todavía sigue con la pena metida en el cuerpo, y
se le nota muchísimo. Ahora, en el año 2012, él está trabajando en la playa de
la caleta, encargado. Vive en la calle San Andrés, teniendo a su mujer, a sus hijas
y a su nieta, para que quiere más. En este año que nos encontramos, 2014, su
hija pequeña tiene pareja, y le ha comunicado a sus padres y a su hermana que
está embarazada. Para Manuel es otra alegría, porque va a volver a hacer abuelo
por segunda vez. Con la crisis que está cayendo en la actualidad, traer un niño
al mundo son muchos gastos, pero en todo caso, darle la bienvenida a este mundo
que se va a enfrentar con carácter.
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