CAPÍTULO 8
Año 1974, concretamente, 15 de septiembre, Dolores
se quedó encinta de su sexto hijo. Corriendo, la llevaron al Hospital de “El
Mora”, porque ya había roto aguas. El médico, cuando salió de la sala de
partos, le comunicó al marido que ha sido padre de otro niño. Se fue para la
habitación de su mujer para verlo, se quedó prendado de su pequeño, que era
rubio y muy guapo. Le pusieron el nombre de Enrique, un compadre y muy amigo de
la familia. Lo bautizaron en la iglesia de “La Palma”, le hicieron una fiesta
por todo lo alto en el patio de su casa junto con los demás vecinos que vivían
allí y todos eran como una gran familia. Se instaló en la marina, a él sin
embargo, le llamaba más la atención el mundo de el mar que a sus hermanos. Hizo
muchos amigos, estudió en el mismo colegio que su hermano Luis, Valcárcel. Para
los estudios, se le daba bastante bien, sacaba buenas notas. Hizo su primera
comunión en la misma iglesia donde se bautizó, sus padres estaban muy
orgullosos de su hijo. En realidad, era un niño como otro cualquiera, pero era
bastante travieso, y alguna que otra travesura hacía, y su madre le regañaba
bastante. Conoció a una muchacha muy guapa que se llamaba Sonia Gago Borrell,
su familia veía con buenos ojos su relación. Compartieron buenos momentos
juntos, salían a muchos sitios donde se lo pasaban muy bien y se divertían
mucho. Cuando se la presentaron a sus padres, le gustaron mucho para su hijo,
pero sin embargo, un vicio muy imposible de quitarse entró Enrique, el alcohol
y el tabaco. A su novia le molestaba mucho que fumara, y él para complacerla,
se iba con su suegro a fumar a la calle y hablaban de cosas de hombres. Pero el
otro que era el que no podía controlar, tenía sus consecuencias. Cuando bebía o
se pasaba de copas, se ponía muy pesado y daba mucho la lata, hasta que la
novia, que se llevaron más de cinco años juntos, se cansó de todo, y lo dejó.
Pasó un tiempo después de que dejaran su relación, y ella empezó a conocer a
otro muchacho que trabajaba de vigilante de seguridad en la puerta de un
supermercado, se casaron y tienen una niña muy guapa, que se parece mucho a su
madre. Sin embargo, para Enrique su vida siguió siendo la misma, él se
levantaba temprano, iba a un almacén, donde conoció a un hombre que lo aprecia
mucho, le dicen el “Tito”, y le ayudaba a por los mandados, y de vez en cuando,
lo invitaba a alguna que otra cerveza, o le daba algo para que también pudiera
aportar en casa y ayudar a su madre con los mandados. Algunas veces lo buscaban
para trabajar en algún que otro chapús, como encalando paredes, pintando,
poniendo perlita, etc. Y ahora, lo conocen más con el mote de “perlita”, porque
un día lo vieron por la calle con un carro en el que llevaba un saco de perlita
para encalar una casa, y desde entonces, lo llaman asín.



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