CAPÍTULO 5
Verano de 1967, concretamente, en el hospital de "El
Mora", el 21 de Agosto, llegó un niño rubio con unos ojos grandes y muy
bonitos. Lo llamaron Jesús, como el rey de los judíos. Se matriculó en el
colegio "San Rafael", salió de monaguillo en la procesión de la luz y
las aguas que estaba en el Oratorio De San Felipe. Hizo su primera comunión
allí, en el patio de su casa le celebraron una fiesta por todo lo alto, con su
tarta incluida. Saliendo con su pandilla
por la calle dando una vuelta, conoció a una muchacha muy guapa. Se llamaba Ana
María, y empezaron a salir juntos. Del fruto de este amor y de esta unión,
nació un bebé. Le pusieron como su padre, se parecía mucho, tenía los ojos
azules como su madre, y era rubio como los dos. También se formó en la mili,
aprendió muchas cosas. Un día, estaba con un amigo dando un garbeo. Y le dijo
el uno al otro: Jesús, ¿Nos colamos en el castillo de Santa Catalina?. Se quedó
un poco pensativo, mirándose los dos, él le contestó: ¿Estás seguro?. Entonces,
saltaron la reja y entraron dentro. Antiguamente, los dos castillos se
comunicaban, porque muchos chavales los destinaban allí, y hacían las guardias
por las noches. Entraron en la capilla, se encontraron con unas estatuas un
poco grandes, eran de un portál de belén. No se lo pensaron dos veces y se lo
llevaron. Cuando dieron parte a la policía de que se habían robado las figuras,
hasta fueron los medios de comunicación. Llegaron a la casa donde vivían, los
cogieron y se lo llevaron a la cárcel. Estuvieron bastantes años por lo que
habían hecho, y los familiares que podían , iban a verlos los días de visita. A
Jesús los guardias penitenciarios que lo veían que tenía buena conducta, lo
ponían a hacer, mejor dicho, a trabajar de lo que hacía falta.Lo pusieron a
trabajar de jardinero cuidando las macetas que habían en el patio y todo tipo
de flores y árboles. Los dos lo pasaron muy mal separarse de cada familia, en
especial, Francisco, "paco", el amigo y compañero de aventuras.
Porque había dejado a su mujer embarazada de su hija y a su pequeño hijo, que
se llamaba como él. El día más esperado para los dos ya estaba casi por llegar,
el de la libertad. Los familiares que fueron a recogerlo a la puerta, se
pusieron todos contentos y felices por verlos. Después de tanto tiempo encerrados,
le contaron a sus amigos y vecinos los duros días que pasaron allí dentro. Las
navidades se lo pasaban muy bien, reunidos cada uno con los suyos, celebrando
esta fiesta a lo grande. Pero ocurrió algo que nadie podía imaginar, él se
estaba juntando con gentes que no le convenían, pero al final támbien cayó.
Antes de que vinieran estas fechas que son muy señaladas para todos, la policía
apareció en su casa, y le preguntaron a su madre si él estaba. Entraron y se lo
llevaron detenido por tener en su poder "grifa", que tenía para su
consumo habitual. Volvió a pasar el mal rato delante del juez, y entró en el
Centro Penitenciario Puerto 3. Su hermana le intentó localizar a un abogado
para que le rebajara la condena, y habló con un amigo de su trabajo sobre el
tema familiar que tenía. Entonces, él se puso en contacto con su cuñado, que
era abogado de oficio. Y le comentó el caso de Jesús, no se lo pensó dos veces
y dijo que si, que se ocuparía de todo. Para el régimen de las visitas eran los
fines de semana, quien iba a verlo eran su hermana, su madre, su padre y
algunas de sus sobrinas. Él le contaba a su familia como se encontraba allí, y
aparte su situación, le llevaban ropa, y algunas veces paquetes de tabaco o
zumos, dulces, etc. Allí le vieron que tenía buena conducta, y se portaba bien,
le pusieron a trabajar en la cocina, porque cocinaba bastante bien, en los
talleres que iba por las tardes, hacía manualidades, y tampoco no se le daba
bastante mal. Hacía ceniceros con paquetes de tabacos y latas, sofás, pintaba
de vez en cuando cuadros, cosía, etc, y le regaló algunos a su hermana y a su
madre. Un día, llamaron a su casa, su madre cojió el teléfono móvil, y le
dijeron que a su hijo ya le quedaba poco para cumplir la condena, y ya salía de
aquel sitio, que no quería volver a pisarlo más en su vida. Cuando le comunicaron esa noticia, el
corazón parecía que se le iba a salir del pecho. Llegó el día más esperado , lo
vieron entrar por la puerta con su bolsa, y ella loca de contenta se fue para
su hijo y le regaló el mejor de sus abrazos y su cariño. Aparte de recibir el
cariño de su madre, támbien estaban algunos de sus hermanos y sus sobrinas. En
los carnavales, se disfrazaba con sus hermanos y se lo pasaba muy bien haciendo
reír con su simpatía y su alegría. Tenía muchos amigos con los que compartir
sus buenos y malos ratos, como todo el mundo. Se iba a un bar que se llamaba “Casa
Erizo”, donde conocía hace mucho tiempo a su dueño y a los demás que paraban
por allí. Llegaba la época de “La Erizada, y ayudaba en la barra sirviendo
cerveza o algunas veces cortando erizos para dárselos a las personas que se
acercaban para probar los deliciosos manjares que degustaban. En su época del
servicio militar, se hizo con algunos compañeros de cuarto unos pocos de tatuajes,
tiene una araña en la rodilla, el nombre de la que era su novia y madre de su único
hijo en el pecho, el corazón de jesucristo en la espalda, y algunos más. Le
cuenta a su padre mientras está viendo la televisión sentados en el sofá, una
anécdota que le pasó en el servicio militar. Un día estando en fila delante del
teniente, uno de ellos dijo que venía el subteniente. Y cuando se enteraron los
demás, se hartaron de reír, y el subteniente se le puso la cara muy seria. Eso
a él no le sentó nada bien, y recibieron alguno que otro castigo. La habitación
era de camaliteras y decía que uno de ellos le apestaba mucho los pies y tenían
que lavarse y cambiarse de ropa todos los días. Ahora en la actualidad, tiene
46 años y vive con sus padres. En sus ratos libres, se las ingenia como puede,
para no estar aburrido. Se levanta temprano por las mañanas, ayuda a sus padres
en las tareas de la casa, se pone su ropa de faena y se va a hechar una mano a
las personas que lo llaman para hacerle trabajos de arreglos de sus casas, por
ejemplo, pintarles las paredes, arreglarles cables, hacerle alguna que otra
mudanza, encalar, hacer mezclas, etc. Pero lo que de verdad le gusta más es
hablar con su padre de sus cosas mientras están sentados en el sofá viendo la
televisión. Ya sea de política, cuando hicieron el servicio militar, de lo que
han trabajado, muchas más.




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