
Vinieron a vivir a la casa, unos nuevos vecinos. Un
matrimonio con sus hijos, eran unas personas muy agradables y muy familiares.
La madre se llamaba Juani, el padre Manolo, la hija mayor Vanessa, el hijo
menor José Antonio, y la pequeña de los tres hermanos Yolanda. Se mudaron a la
casa de la primera planta, que estaba enfrente de la de Dolores. Cuando conoció
a toda la familia de Dolores, les cayeron de maravilla. Sobre todo, a la
pequeña Carmen, que decían de ella, que era una niña muy entrañable y cariñosa,
porque cada vez que la veía, se iba para Juani corriendo para darle un abrazo,
y le decía, mi niña. Las niñas congeniaron muy bien desde el primer momento que
se conocieron y se presentaron, también vivía un matrimonio con su pequeño en
casa de los padres de él. Se llamaban Francisco, Esperanza y el pequeño
Francisco Javier, pero desde pequeñito, le decían “Paquito”, y a su padre, los
más allegados le llamaban “Caco”. En realidad, todos en la finca, se llevaban
como una verdadera familia. Cuando llegaba algún cumpleaños o alguna que otra
celebración, se juntaban en el patio pequeño, cada uno de su casa, sacaban
comidas hechas por ellos, como ensaladilla, bocadillos pequeños de mortadela
con aceitunas, salchichón, jamón, chorizo, queso, refrescos, y que no falte la
cerveza para los que más le gustaban, y por último, el cachondeo, de cantar,
tocar las palmas, bailar, poner música y pasárselo de lujo y en buen ambiente.
A Carmen, le daba igual vestirse todos los días de gitana cuando llegaba la
época de Los Reyes Magos o se ponía el traje con todos sus accesorios para ir
cantando su copla favorita por el corredor de sus abuelos. Había otro pequeño
que vivía con sus padres en la casa de arriba al lado de la señora mayor que se
llamaba “Chicla”. Ese pequeño se llamaba Francisco Manuel Pacheco Daldés, su
madre se llamaba Manuela, pero todos la conocían por “Manoli”, y el padre del
pequeño, Francisco. Era hijo único, y algunas veces, se encontraba solo y se
refugiaba en los demás niños para jugar con ellos y disfrutar y reír mucho. La
madre de Carmen, Mari, cuando llegaba la época de verano, llevaba a su hija al
parque acuático “Aqua Sherry Bahía de Cádiz”, que se encontraba en el Puerto de
Santa María. Ella se lo pasaba muy bien en compañía de su prima Anabel, que su
tía Mari, se la llevaba para que también disfrutara con su prima ese día tan
especial para todos. En los carnavales, a Carmen, le gustaba mucho el cachondeo,
porque su abuela se lo inculcaba bastante. La abuela de ella, cogía a su nieta
y la disfrazaba para las dos jugar, que algunas veces, Carmen estaba de vez en
cuando aburrida, Dolores fue a buscar un disfraz de payaso que tenía guardado
en el armario de su hija Verónica, se lo puso a su nieta, después le colocó
unas gafas y por último, le dio un paraguas como accesorio final. En vísperas
de navidades, esta niña apareció disfrazada del superhéroe Batman, y su madre,
le dijo que se pusiera al lado del árbol para hacerle una foto, y ella posó sin
ningún reparo. Sin darse cuenta, e iban pasando los días y los meses, su pelo
fue poco a poco, creciendo cada vez más, hasta llegarle al culo. A su madre
también le pasaba lo mismo que a su hija, las dos tenían el pelo que les
llegaba hasta el mismo sitio. Con sus primas Anabel y Vicky, se llevaban muy
bien, y le gustaba mucho estar juntas. Algunas veces, las traían su padre
Manolo para que vieran a sus abuelos y de vez en cuando, se quedaban a comer.

Un sábado de carnaval por la mañana, la abuela de Carmen, le compró a su nieta favorita, un disfraz de rumbera. Cuando ella lo vio, no se lo pensó dos veces y se lo puso, bajando las escaleras, se lo vieron puesto, y le dijeron que estaba muy graciosa, entonces, su compañera de juegos y amiga, Desireé, la volvieron a disfrazar de gatita. Cuando los demás vecinos las vieron a las dos juntas, Redouan sacó la cámara de fotos. Les decían que se colocaran en la pared y posaron las dos con una sonrisa que les llegaba de oreja a oreja. El 6 de Enero de 1994, visitaron Los Reyes Magos, la casa de los abuelos de Carmen. Su madre, Mari, despertó a su hija ese día temprano para que viera lo que le habían traído. Entraron en la casa, y vieron todos los juguetes, y Carmen no se decidía por cuál coger, hasta que vio un muñeco que le encantó y lo cogió en sus brazos como si fuera un bebé de verdad. Juani se enteró por una amiga de ella que en el parque “Genovés” de Cádiz, había un casting abierto para un pase de modelos, y estaban buscando a niños y niñas con mucho desparpajo y también con mucha gracia. Entonces, Juani le preguntó a Dolores, si podía llevarse a la pequeña Carmen, para que ella también fuera con ella y con sus dos hijos, Yolanda y José. Cuando llegaron allí, los elegían uno por uno para que demostraran lo que supieran hacer, a José lo escogieron, sin embargo, su hermana, no tuvo tanta suerte, pero, cuando vieron a la pequeña Carmen, cantando y bailando, se quedaron prendados de ella y también la escogieron, entonces, Yolanda como estaba mal porque lo fue elegida por el jurado del casting, le dieron una oportunidad para que pudiera salir ella también con sus amigos. Llegaron a la casa y cuando Carmen le contó a su madre, a su “padre”, Redouan y a sus abuelos, que la habían elegido para un pase de modelos infantil, se pusieron todos muy contentos al escucharla, y les dijo Juani que tenían que ir disfrazados cada uno de lo que le habían tocado. Así que, al día siguiente, fueron a la tienda de la costurera de Pepi Mayo para que les hiciera lo que les pidieron. Juani llevó un papel que le dieron en el casting con los nombres de los niños y de que iban vestidos. Yolanda fue de hadita, con su traje y sus alas a conjunto con una pasada de flores y un lazo en cada uno de sus zapatos blancos, y su madre le compró una varita como accesorio. Su hermano José, le tocó de un mosquetero, la verdad es que le venía como anillo al dedo todo lo que se ponía. Y a Carmen, le encantó el disfraz que le pidieron, porque desde siempre se había querido disfrazar de trapecista, ahora llegaba este momento tan esperado para ella que tenía muchísima ilusión. Llegó el día tan esperado para los tres pequeños. La primera en desfilar de los tres, fue Yolanda imitando a un hada, más adelante, José salió con un compañero imitando a dos mosqueteros que luchaban entre ellos, y por último, Carmen, acompañada de otra pequeña, que también iba vestida parecida a ella, pero con un pantalón más corto, y Carmen lo llevaba largo, con una capa y un top todo de leopardo. Aparte, también desfilaron más niños y niñas con diferentes disfraces. Un día, de pleno invierno, antes de que terminara el año 1996, Carmen, llegó del colegio vestida de mamá noél, porque había hecho una función en el colegio con el resto de sus compañeros y compañeras. Y su madre la subió a casa de sus abuelos para que la vieran vestida, y le dijeron que estaba muy guapa. Dolores le dijo a su hija que fuera por la cámara de fotos, y se la hizo enfrente del árbol de navidad que todos los años Carmen ayudaba a su abuelo a colocar y a ponerle las guirnaldas, las bolas, los regalitos, y debajo, como una especie de agujero para colocar las figuras del portal de belén. A Carmen le encantaban los animales, y de vez en cuando, tenían algún que otro animal en la casa.

Un sábado de carnaval por la mañana, la abuela de Carmen, le compró a su nieta favorita, un disfraz de rumbera. Cuando ella lo vio, no se lo pensó dos veces y se lo puso, bajando las escaleras, se lo vieron puesto, y le dijeron que estaba muy graciosa, entonces, su compañera de juegos y amiga, Desireé, la volvieron a disfrazar de gatita. Cuando los demás vecinos las vieron a las dos juntas, Redouan sacó la cámara de fotos. Les decían que se colocaran en la pared y posaron las dos con una sonrisa que les llegaba de oreja a oreja. El 6 de Enero de 1994, visitaron Los Reyes Magos, la casa de los abuelos de Carmen. Su madre, Mari, despertó a su hija ese día temprano para que viera lo que le habían traído. Entraron en la casa, y vieron todos los juguetes, y Carmen no se decidía por cuál coger, hasta que vio un muñeco que le encantó y lo cogió en sus brazos como si fuera un bebé de verdad. Juani se enteró por una amiga de ella que en el parque “Genovés” de Cádiz, había un casting abierto para un pase de modelos, y estaban buscando a niños y niñas con mucho desparpajo y también con mucha gracia. Entonces, Juani le preguntó a Dolores, si podía llevarse a la pequeña Carmen, para que ella también fuera con ella y con sus dos hijos, Yolanda y José. Cuando llegaron allí, los elegían uno por uno para que demostraran lo que supieran hacer, a José lo escogieron, sin embargo, su hermana, no tuvo tanta suerte, pero, cuando vieron a la pequeña Carmen, cantando y bailando, se quedaron prendados de ella y también la escogieron, entonces, Yolanda como estaba mal porque lo fue elegida por el jurado del casting, le dieron una oportunidad para que pudiera salir ella también con sus amigos. Llegaron a la casa y cuando Carmen le contó a su madre, a su “padre”, Redouan y a sus abuelos, que la habían elegido para un pase de modelos infantil, se pusieron todos muy contentos al escucharla, y les dijo Juani que tenían que ir disfrazados cada uno de lo que le habían tocado. Así que, al día siguiente, fueron a la tienda de la costurera de Pepi Mayo para que les hiciera lo que les pidieron. Juani llevó un papel que le dieron en el casting con los nombres de los niños y de que iban vestidos. Yolanda fue de hadita, con su traje y sus alas a conjunto con una pasada de flores y un lazo en cada uno de sus zapatos blancos, y su madre le compró una varita como accesorio. Su hermano José, le tocó de un mosquetero, la verdad es que le venía como anillo al dedo todo lo que se ponía. Y a Carmen, le encantó el disfraz que le pidieron, porque desde siempre se había querido disfrazar de trapecista, ahora llegaba este momento tan esperado para ella que tenía muchísima ilusión. Llegó el día tan esperado para los tres pequeños. La primera en desfilar de los tres, fue Yolanda imitando a un hada, más adelante, José salió con un compañero imitando a dos mosqueteros que luchaban entre ellos, y por último, Carmen, acompañada de otra pequeña, que también iba vestida parecida a ella, pero con un pantalón más corto, y Carmen lo llevaba largo, con una capa y un top todo de leopardo. Aparte, también desfilaron más niños y niñas con diferentes disfraces. Un día, de pleno invierno, antes de que terminara el año 1996, Carmen, llegó del colegio vestida de mamá noél, porque había hecho una función en el colegio con el resto de sus compañeros y compañeras. Y su madre la subió a casa de sus abuelos para que la vieran vestida, y le dijeron que estaba muy guapa. Dolores le dijo a su hija que fuera por la cámara de fotos, y se la hizo enfrente del árbol de navidad que todos los años Carmen ayudaba a su abuelo a colocar y a ponerle las guirnaldas, las bolas, los regalitos, y debajo, como una especie de agujero para colocar las figuras del portal de belén. A Carmen le encantaban los animales, y de vez en cuando, tenían algún que otro animal en la casa.

Tenían un perro de raza podenco que se llamaba Spike, era muy bueno y le gustaba mucho jugar con la pequeña. Pero un día, sin esperárselo nadie, se encontraron al perro desangrándose por las patas cuando lo vieron entrar por la puerta. Cuando lo vieron sus dueños, corriendo lo llevaron para el veterinario, y les dijo que tenía una grave infección que había cogido y que no pudieron salvarle la vida, y el pobre animal murió. El abuelo de la pequeña Carmen, se fue a hacer un viaje a Ceuta. Y vino con una sorpresa para su nieta que no se lo esperaba nadie. Cuando entró por la puerta de su casa, Carmen no le faltó tiempo al ver a su abuelo aparecer, que se fue para él corriendo para darle un fuerte abrazo, de lo que le había hechado de menos. Le dijo a su nieta que le había traído un regalo, y ella no paraba de decirle de qué se trataba. Entonces, apareció su tío Luis con un cachorrito, era una hembra, se la dio para que la cogiera en brazos y cuidarla mucho. Le pusieron el nombre de “Chica”, era muy juguetona y sobre todo bastante traviesa. Cuando la perrita fue creciendo, los abuelos de Carmen la echaban a la calle para que hiciera sus necesidades y después ella sola se sabía perfectamente el camino de vuelta hacia la casa de sus dueños. Dormía en la habitación de la hija pequeña de Dolores, Verónica porque era la que más la cuidaba de todos de la familia. Manolo, primo de Manuel, se la llevaban a mariscar con ellos, se metía en las posas y se ponía a buscar sapitos pequeños para poder jugar. Algunas veces, conocidos de la familia, la veían por la calle sola y la mandaban hacia la casa de los abuelos de la pequeña Carmen. Un día, sin que nadie se lo esperara, apareció esta golfilla embarazada. Entonces, Vero, que la llamaban todos así, la ayudó a traer al mundo a los pequeños cachorrillos. Tuvo siete cachorros en total, algunos de diferentes colores, pero muy graciosos. Hasta que la familia se decantó por un machito, y los demás los dieron. Pero Carmen se encariñó con uno de estos pequeñines, que no quería que se la llevasen, porque para ella era su preferida, era una hembra, y le puso el nombre de “Blanquita”. Con el macho que al final se quedaron, lo llamaron “Yacky”. Era un cachorrito bastante juguetón y travieso, pero al fin y al cabo, se hizo un hueco en el corazón de todos. Un día por la tarde, estando la pequeña Carmen con su tía Verónica dando un paseo por la calle, pasaron por la calle de “La Palma”, para comprar chucherías, en el containe de basura de la casa de enfrente del pequeño kiosko, se escuchaban un ruido muy extraño. Vero y Carmen se fueron acercando para saber quién o quienes hacían ese ruido que las dos escuchaban. Entonces, quitaron la tapa que tapaba la basura que tiraron los vecinos de aquella casa, y empezaron a mirar por todas las bolsas. Cuando dieron con ella, Vero la cogió en sus manos y la sacó del containe y la puso en el suelo. Le quitó el nudo que le habían hecho a la bolsa de plástico, y se encontraron a un pequeño gatito. Cuando Carmen lo vio, le dijo a su tía que se lo llevasen para la casa de sus abuelos, entonces, no se lo pensaron y se fueron las dos corriendo hacia su casa para que los demás lo vieran.
Los abuelos de la pequeña Carmen, cuando vieron a su hija y a su nieta con el
pequeño gatito, Vero les contó a sus padres que se lo habían encontrado tirado
en la basura, porque alguien lo habría tirado sin razón alguna. Le pusieron el
nombre de containe, y poco a poco, fue otro más en la familia. Con su amiga
Desireé, se llevaban las dos super bien, incluso, Carmen la buscaba en su casa
para jugar a sus juegos preferidos un día de pleno verano, hasta se hicieron el
mismo pelado. Porque la madre de Carmen, Mari, decidió cortarle el pelo a su
hija porque lo tenía muy largo, y cuando Mari las vio que estaban con el mismo
corte de pelo, les hicieron a las dos una foto, y salieron muy bien, de pie y
sentada en el suelo. En Mayo de 1996, parte de la familia estaban invitados a
la comunión del hijo de Mª de los Ángeles y Fernando, José Manuel, que la hizo
en la iglesia de Puerto Real y el convite lo dieron en el campo de ellos con
más invitados. Carmen ya tenía sus seis años cumplidos y era la primera vez que
iba a conocer a sus primos. Su madre le compró un traje muy bonito, que lo
añadió con un lazo de color blanco para el pelo, sus zapatos blancos, sus
leotardos blancos y por último su rebeca a conjunto. Fueron a la comunión los
abuelos de Carmen, su tío Luis y su madre Mari, se vistieron cada uno con ropas
arregladas, cogieron en la estación el autobús que los dejaran en Puerto Real. Cuando
llegaron al sitio, primero se dirigieron a la casa de esta familia. Mª de los
Ángeles que es al tía abuela de la pequeña Carmen, le dijo a la niña que estaba
muy guapa y graciosa vestida, que incluso le hecharon una foto. Se fueron
andando todos juntos para la iglesia, miraron a ver si encontraban sitio para
poder sentarse, y se colocaron todos en un banco como podían, y la pequeña se
sentaba en las piernas de su madre o la cogía su tío Luis. Después, al
finalizar la misa, fueron saliendo de la iglesia para irse al convite. Cuando ya
llegaron al campo, algunos niños y niñas de más personas, empezaron a jugar por
todo el campo, y la pequeña Carmen intentaba hacer amigas para ella también
jugar con ellas. Su tía abuela le presentaron a sus primos y a los hijos de su
otra tía abuela Manoli, Paula y Abraham. Cuando se conocieron las dos primitas,
congeniaron bastante bien y empezaron a entablar una amistad. La verdad es que
se lo pasaron bastante bien y disfrutaron del día. Una mañana de casi entrando la primavera, se colaron Mari con su marido Redouan, la pequeña Carmen y Verónica en el castillo de Santa Catalina, que estaba poco a poco veniéndose abajo, hasta se caían las calichas de las paredes. También teniá en su interior un jardín muy grande y una piscina en los que Carmen no paraba de echarse fotos, tanto con su madre y con su tía.






































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