martes, 8 de marzo de 2016

Colegio Valcárcel

Cuando salió de este centro donde lo pasó muy mal por lo que le hicieron esos chavales salvajes, que la dejaron por todo el cuerpo lleno de cardenales y de moratones, su madre la dejó un tiempo en su casa para que se pudiera recuperar pronto. Pasaron unos días y decidieron los dos matricularla en el centro que se encontraba enfrente de donde ella estaba estudiando primero y segundo de primaria. Este centro se llamaba Valcárcel, y era bastante acogedor y más agradable, pero sobre todo muy grande y espacioso para poder jugar con los demás niños y niñas. Entraron dentro, y cuando ella alzó la mirada por todos los lados, tanto a la derecha como a la izquierda, se quedaba con lo que veía a su alrededor muy asombrada por aquel sitio donde la habían traído. Aparte de ella, hubo más niños y niñas que fueron entrando en el aula. Al ver lo grande que era el aula, se lo pasaron el primer día bien colocando cada uno su silla y su mesa para sentarse por parejas que lo ponía la profesora. Ella se llamaba Doña Teresa, y era una persona que se ganaba fácilmente el corazón y el cariño de los niños y las niñas, porque con sus juegos, lo que conseguía es que se lo pasaran bien y que se olvidaran de los llantos y que se convirtieran en risas. Al finalizar la clase de la mañana, salieron muy contentos y muy a gusto del ambiente que dentro se desprendía, sobre todo la pequeña Carmen, la que su madre le cortó su larga melena, y le hicieron un corte de pelo que ella salió loca de contenta de la peluquería. A partir de que los días iban pasando, a Carmen cada vez le gustaba más ir a su colegio y ver a sus amigas sobre todo para contarse lo que han hecho el fin de semana, o también en las vacaciones de carnaval, semana santa o verano. En navidad, se le ocurrieron cantar villancicos cada uno disfrazado de pastorcillos y pastorcillas, algunos tenían que tocar las panderetas y otros con las palmas, acompañados por su profesora de música que les guiaba con la guitarra para que siguieran el compás.  Adornaban la clase con guirnaldas, coloreaban dibujos de árboles con sus adornos incluidos y sus regalos, recortaban Papá Noel de papel y con chinchetas los colocaban en la pared. Algunas veces cuando no podían venir a recoger a la pequeña Carmen a la puerta del colegio, iba su perrito Yacky a esperarla a que saliera y se fueron los dos juntos hasta su casa, y la abuela de la pequeña, que se quedaba esperándola en la casapuerta de su casa para que la pequeña tuviera cuidado al cruzar la calle y que viniera bien y tranquila por el camino. Cuando la vio aparecer junto al perro, se alegró al ver a su nieta muy bien acompañada por el animal que supo cuidarla hasta el camino de vuelta a su casa. Al finalizar las vacaciones de navidad, se pusieron todos los niños y las niñas locos de contentos y felices al ver a sus compañeros para poder contarles lo que les habían traído los Reyes Magos y si se vieron por la calle cuando estaban viendo la Cabalgata pasando por la avenida. En el mes de Febrero del año 1997, la profesora se le ocurrió que por carnavales, sus alumnos y alumnas se disfrazaran cada uno de lo que quisieran y cantaban en el teatro del centro canciones como una chirigota del concurso de agrupaciones del Gran Teatro Falla. En su misma clase, había un muchachito que se llamaba Raúl, y a todas las niñas las volvía locas cuando pasaban por su lado, pero un día, estando en el patio del colegio en el recreo, se acercó a Carmen y le pidió salir. Y a ella que no se cortaba ni un pelo, le dijo que no en su cara, aunque al chico le llamaba mucho la atención ella por ser como era y por su espontaneidad. Ella le dijo a él que era un chico muy guapo pero que a ella no le gustaba para que pronto se hicieran novios. Entonces él le pidió salir a otra chiquilla que se llamaba Lucía, que era compañera suya también de clase, y ella le contestó rápidamente que si. Carmen se disfrazó de la princesa Cenicienta, que le habían emprestado el disfraz, Lucía, otra compañera, de Egipcia, Raúl de vaquero del oeste, Aarón del príncipe Aladdín, otros más de mosquetero, de bugs bunny, de batman, de unos dibujos que estaban de moda entre los niños, que era Son Goku, y por último, Álvarito se disfrazó del Chavo del Ocho. E hicieron todos juntos un cartel que lo pusieron en el teatro antes de su actuación. Al terminar cada clase su función, les daba su profesora las notas, y una semanita de descanso para que pudieran disfrutar del carnaval junto a su familia y el resto de sus amigos. Cuando volvieron a retomar las clases, la profesora les contó a sus alumnos y alumnas que tienen pensado pronto de visitar una cadena de radio, para que los niños y niñas descubran este mundo que ellos apenas conocen y hasta los dejaban que se probaran los cascos y escuchasen con sus pequeños oídos a las personas que les hablaban a través de los auriculares y cada uno acompañados por un micrófono que se sentaban alrededor de una mesa. En ese momento, interrumpió la profesora de música, la señorita Tania, que quería comentar una idea que se le ocurrió.

Les contó a todos que si les gustaría que esa clase se aprendieran una canción que ella compuso vestidos cada uno con las letras del abecedario, y todos respondieron que si con un grito muy fuerte, que a la vez de eso, se mostraron muy contentos y alegres. En las clases de música, se dirigían con la profesora hacia el teatro del colegio. Ella los situaba uno por uno en fila y como tenían que ir situados, mientras su tutora se encargaba junto con algunas madres hacer los disfraces. Las letras que les asignaban a cada uno de los alumnos, se las ponían de varios colores con una cartulina de color marrón que le servían como una especie de traje. A Carmen le tocó la letra C de su nombre, y cada uno se disfrazaban de los que a ellos les gustarían ser de mayor. Esta pequeña de 6 años le hizo su madre una cofia de color blanca con una cruz roja en medio, porque ella decía que le gustaría ser enfermera para ayudar a los médicos. Cuando llegó el momento de que les tocaran actuar, estaban todos bastantes nerviosos y deseando que abrieran las cortinas del teatro para que por fin todos sus familiares pudieran verlos. Carmen estaba contenta porque fueron a verla su madre que estaba embarazada de pocas semanas, y cuando ella dio la noticia, todos se volvieron locos de contentos al saber que la pequeña Carmen iba a tener un compañero o compañera de juegos, su “padre” y sus abuelos maternos. Algunos de sus compañeros y compañeras iban: Manolito le tocó la letra P y se disfrazó de cocinero, porque a él le gustaba mucho la cocina, iba vestido con una camisa blanca de cuadros, unos pantalones blancos con cuadros, su gorro de color blanco y en la mano llevaba un pastel de mentira. Aarón con la letra J y se disfrazó de jardinero, porque le gustaban mucho las flores y cuidarlas, llevaba en la mano una regadera y tenía puesto unas botas de agua.  Juan Luis con la letra F y se disfrazó de bombero, decía que él de mayor le gustaría ser bombero para salvar las vidas de las personas que corran peligro y apagar los fuegos, llevaba puesto en la cabeza un gorro de color rojo con una línea negra, su chaqueta también roja y sus pantalones del mismo color, con sus botas de agua de color negras y en la mano llevaba una manguera de color amarilla. Su compañero de clase, Diego le tocó la letra M y se disfrazó de rey, llevaba en su cabeza una corona de color dorado hecha de cartulina y una capa de color marrón agarrada al cuello. Lucía le tocó la letra i, y ella quiso representarla de reina, con una corona pequeña de color dorado junto con una capa de color rosa que le amarraba el cuello con una cinta del mismo color. Estando una mañana en clase, iban a ir a visitar las instalaciones de una cadena de radio muy famosa en Cádiz. Cuando entraron, se quedaron todos y todas impresionados donde les habían traído, se dirigieron hacia una sala que al abrir la puerta vieron con sus pequeños ojitos una mesa redonda bastante grande, con auriculares para que pudieran escuchar al otro lado como les hablaban con sus micrófonos al lado para que hablasen y se escucharan a la vez. Entre los meses de Septiembre y Octubre de 1996 la profesora les comentó a sus alumnos y alumnas les comentó que se apuntaran a clases de natación para que aprendieran a nadar, entonces ellos y ellas se pusieron locos de contentos al escucharlo. Cuando la pequeña Carmen llegó a su casa, le contó a su madre que la profesora hoy en clase les comentó que iban a aprender a nadar en la piscina municipal, así que esa misma tarde, fueron a comprar el traje de baño, aparte tenía que llevar su mochila con su toalla y sus zapatillas de goma para que no se resbalara al salir de la piscina. Un miércoles por la mañana, concretamente, a las nueve de la mañana, salieron de su centro para dirigirse a la piscina municipal, a su primera clase de natación. Llegaron allí, se fueron bajando del autobús, cruzaron despacio el paso de peatones hasta llegar a la puerta principal. Entraron en fila india, como les ordenó su profesora. Los estaba esperando el monitor que les iba a enseñar a nadar, se dirigieron hacia los vestuarios para cambiarse. Eran separados, los niños por un lado y las niñas por otro. Cuando ya estaban listos, el monitor les fue dando a cada uno un gorrito para que no se les mojara el pelo. Empezaron con unos ejercicios muy simples, bracear e intentar flotar para no ahogarse. Ninguno sabían nadar, entonces hicieron uso de unos manguitos de color amarillo, también usaron unas pequeñas tablitas de color azul para que estiraran los brazos y que movieran las piernas. Fueron pasando los días, y poco a poco, cada vez estaban aprendiendo más y le estaban gustando muchísimo. El monitor se dirigió a sus alumnos y alumnas, les dijo que ya era hora de poner en práctica todo lo que habían aprendido en estos meses, entonces se le ocurrió hacer como una especie de competición entre ellos para que el resto de sus familias estuvieran orgullosos de ellos por todo el esfuerzo que hacen. Carmen ya había cumplido el 24 de Enero de 1997 los siete años, y cada vez se sentía con más ganas de seguir aprendiendo. Se realizó la competición, sus familiares fueron a verles, les aplaudieron muy alegres y contentos, se colocaban en posición y a cada uno le tocaba realizar lo que el monitor les encargaba. Algunos hasta se les quitó el miedo de saltar en el trampolín, hasta que Carmen se colocó para realizar un salto, y lo hizo bastante bien, su madre cuando la vio se puso de pie y empezó a aplaudirle contenta por ver a su hija lo que hizo. Sus compañeros y compañeras se alegraron mucho por el salto de su compañera que le aplaudieron con mucha fuerza. En este acto no podía faltar la señora alcaldesa de Cádiz, Doña Teófila Martínez. Al finalizar de sus ejercicios, el monitor se acercó para darles la enhorabuena por todo el trabajo y la paciencia que tuvo con ellos para aprender, pero al final todo esfuerzo tiene su recompensa. Fueron todos corriendo hacia los vestuarios para quitarse sus trajes de baño y ponerse sus ropas. Cuando salieron todos y todas, los estaba esperando la señora alcaldesa para entregarles sus correspondientes diplomas para que tengan un buen recuerdo de este día tan especial para todos. Subieron en fila india, e iba entregando diploma por diploma, con un beso de la señora alcaldesa. Ya fueron repartidos todos, se hicieron una foto de recuerdo. Esto pasó el 31 de Mayo de 1997. Un mes antes de que pasara esto, llegaron al centro dos policías de la comisaría para hablar con los pequeños y pequeñas de la clase para informarles de que iban a recibir un pequeño curso sobre la educación vial y saber de que trataba. Por las mañanas, los recogían un autobús en la parada para llevarles a un parque pequeño situado enfrente del estadio Ramón de Carranza, donde tenía muchas señales que ellos no sabían porque estaban ahí. Cuando llegaron allí, los mismos policías los estaban esperando para empezar sus “clases”.



Para ellos y ellas no se esperaban lo que les deparaba esta vez, pero sabían perfectamente que era una nueva experiencia en sus vidas que nunca van a olvidar. Les fueron poniendo unos chalecos de color amarillo fluorescente con un gorro de policía, les explicaban que eran lo que hacían ellos en su trabajo, entonces, sacaba a dos alumnos, los ponían en pareja y tenían que repetir los movimientos que realizaban estos dos caballeros, uno se montaba en una bicicleta, y el otro hacía el papel de policía, le hacía señales diciéndole por donde tenían que coger, y así sucesivamente con todos ellos y ellas. Al día siguiente, les enseñaban los tipos de señales de tráfico que habían en todo el mundo, poco a poco, las distinguían, tenían que decir el nombre y que significaba esa señal a la hora de conducir. A algunos que no sabían montar en bicicleta, les enseñaban para que no le tuviera miedo y también saber aguantar el equilibrio, sobre todo a Carmen, que le costaba bastante trabajo cogerle el truco, pero poco a poco se iba acostumbrando. Pasados los días, ya iban aprendiendo cada vez más y se sabían los tipos de señales que veían. Por todos los días que estuvieron aprendiendo de estos dos profesionales, les entregó un diploma a cada uno, con fecha del 25 de Abril de 1997. Cuando llegó Carmen a su casa con el diploma que le dieron, su madre y su “padre”, se pusieron muy contentos al ver a la pequeña aprendiendo cada vez más de lo que le enseñaban. Terminadas las vacaciones de semana santa de este año, volvieron a retomar las clases, siguiendo lo que les tocaban por los estudios. Recogieron los adornos del aula con los que habían adornado para darle el toque de lo que cada uno representaba con sus dibujos pegados en la pared. Carmen, iba bastante regular con el tema de las matemáticas, por eso, su madre decidió apuntarla por las tardes a clase particulares con una muchacha que se llamaba Eva. Que casualidades de la vida, ella era la tía de su compañera de clase Lucía. La llevaba su madre por las tardes una hora y media, y esta profesora le ayudaba en ejercicios que no sabía hacer y que apenas entendía. Hasta que poco a poco, ella por su cuenta fue intentando resolverlos sin ayuda de su profesora particular, y cuando les mandaba tarea, su madre le ayudaba cuando ella tenía alguna duda. Con su ayuda, esta pequeña fue en sus estudios cada vez mejor y comprendiendo más los problemas y sobre todo sus dudas a la hora de preguntar a la profesora. Después de las lecciones que Doña Teresa explicaba a sus alumnos y alumnas, les enseñó a realizar punto de cruz, para que en un futuro supieran coser y aprender algunas tareas de la casa, para que ayuden a sus madres. Fueron una mañana de visita a la pizzería de Telepizza, situada en la plaza de San Antonio. Entraron para que les explicara como hacían las pizzas y que ingredientes les colocaba para después meterlas en el horno para que se vayan calentando y solamente servirlas y comerlas. Como recuerdo de esta visita, se llevaron todos y todas puestos una gorra en la cabeza y les dieron una camiseta. En las clases de gimnasia con la profesora Carolina, se lo pasaban muy bien, y cada vez aprendían más a través de los deportes que ella les explicaba en que consistían y como se jugaban. Los compañeros con los que más se llevaba la pequeña Carmen eran dos niños, se llamaban Juan Diego e Isaías. Con ellos, ella tenía más confianza que con los demás, porque eran los únicos que la comprendían y sobre todo, la defendían mucho cuando la metían en problemas. Para ella era como tener dos ángeles de la guarda, porque se sentía protegida y segura. Una mañana, estando la profesora dando una lección de Lenguaje, se presentó en el aula, la profesora de música, la señorita Tania. Todos y todas la saludaron como todas las mañanas, se puso al lado de Doña Teresa, y les comentó a los alumnos y alumnas que se iban a cumplir años de la muerte del poeta granadino Federico García Lorca, y que mejor que hacerle un bonito homenaje cantando sus poesías que escribía. Se organizó una reunión con las madres de los alumnos y alumnas para acordar como iban a ir cada uno vestidos, así que decidieron ir representando a niños y niñas de la época antigua de colegio. Las niñas se vistieron con un traje marrón con una coleta con un lazo azul a conjunto, unos calcetines de color blanco con sus zapatos de color negro. Y los niños se vistieron con una camisa del mismo color con un pantalón corto también del mismo color a conjunto, sus calcetines de color blanco y sus zapatos negros. Acompañados por un grupo de niñas vestidas con una falda de baile de flamenco, con sus tacones de color negro y con una camisa de media manga del mismo color. Decoraron el escenario con unos pupitres antiguos de color marrón y las sillas del mismo color, y por último, un cuadro en grande con el retrato del poeta. Junto a ellos y a ellas se encontraba su profesora de música, la profesora Tania, acompañada de su guitarra para poder guiarlos a la hora de cantar y para que no se le pasara el compás. Ese día para todos y todas fue especial, aunque entre el público, se encontraba una persona que no se esperaba nadie encontrar. Se trataba de una sobrina del poeta fallecido, que le hablaron de la historia de este centro, y sobre todo, de estos pequeños que alegraban a las personas con la gracia y el desparpajo que desprendían sobre el escenario. A la pequeña Carmen, que contaba con la edad de 8 años, tuvo la oportunidad de conocerla en persona, y hablar con ella. De hecho, de esta persona se llevó un grato recuerdo, que siempre tuviera en sus pensamientos las poesías de su difunto tío, sobre todo, también en algunas obras de teatro. De ese día se llevó un buen regalo de parte de esta mujer, un libro de la hermana de Federico García Lorca, que trataba sobre su vida, hasta el fallecimiento de Federico. 12 de Junio de 1998, todavía no sabían que era lo que tenían pensado hacer para darle la bienvenida a las vacaciones de verano, les dijo sus alumnos y alumnas a la profesora, que querían bailar una canción de un cantante famoso, a ella le pareció buena idea. Y Carmen se dirigió a su profesora, y le comentó que ella tenía pensado cantar una canción de un cantante que le gustaba mucho, que era árabe, el cantante HAKIM. Empezaron primero con las clases de baile, entonces, se decidieron por la canción de SALOMÉ del cantante puertorriqueño CHAYANNE. Las demás clases se decantaron a realizar obras de teatro y de baile también. Cuando llegó el momento de actuar, todos y todas estaban nerviosos, sobre todo, Carmen, que a su madre le quedaba poco para dar a luz a su hermana pequeña. Bailaron con mucha alegría, mucho desparpajo, y sobre todo, les hacían reír y aplaudir a todos sus familiares. Le tocó el turno a Carmen cantar su canción, acompañada de sus compañeros de clase, Lucía disfrazada de princesa árabe y de Aarón, que también estaba disfrazado de príncipe Árabe. Tan bien cantó que le hicieron que volviera a cantar otra vez, y por último, para finalizar este día, cantaron y bailaron todos juntos con las demás clases y sus profesores. 




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