Capítulo 2
En la
calle “San Félix” número 8, había una
muchacha muy guapa, de cabellos rubios y ojos muy bonitos. Su nombre es Dolores
Villegas Gil, nació el 7 de Enero de
1945. Vivía con sus padres y dos hermanos, su madre María Del Carmen Gil Villar, “Cuchi”, su
padre Francisco Villegas, su hermano Antonio,
y otra hermana María Del Carmen,
“Meli”. Era una niña muy vistosa, porque
llamaba mucho la atención de los muchachos del barrio. Sobre todo a uno,
Salvador, y estaban algunas muchachas detrás de él. Era de piel morena, ojos
verdes, y pelo oscuro. Cuando la vió por primera vez, se quedó sorprendido. Se
iban los viernes y los sábados por la tarde a ver películas al cine, daban sus
vueltas, se montaban en coches de
caballos, entraban en el parque, cojían por la playa viendo el atardecer, por
sus rincones más escondidos, etc. En
semana santa, salían a ver los pasos, se compraban para merendar unos dulces en
la confitería, que le decían platillos volantes, tenían crema por dentro y
azúcar por encima,y un batido. No se le conocían pretendientes, pero este muchacho se integró
en la pandilla, se llevaban muy bien. Intentaba pedirle que saliera con él,
pero no lo consiguió. Hasta que un día, paseando tranquilamente con sus amigos
por la calle, casualidad, que Manuel pasaba por allí, y le hechó el ojo.! Esto
si que fue amor a primera vista! , se presentaron el uno al otro y se dieron
dos besos en la cara. Las palabras costaban demasiado salir de sus bocas,
apenas hablaban cuando caminaban. Le pidió a ella que salieran los dos solos,
para conocerse un poco mejor. Los padres de cada uno se tomaron muy bien la
noticia de que estaban juntos,paso'un mes,
y llegó el deseado primer beso. Ya se podía decir que ya eran formalmente una pareja de novios,
pero ocurrió algo muy desagradable en la vida de Dolores. Su padre padecía una
enfermedad a causa del alcohol, le atacó el hígado y el riñon, algunas veces se
quedaba en la cama. A los pocos días,
falleció, la pérdida fue muy triste, el velatorio se celebró en su casa. Dieron
un pequeño aperititvo a los más allegados, y vinieron a dar el pésame a la
familia. Esta, precisamente, es una persona muy graciosa, dicharachera, porque
cuando se celebraba algún velatorio de alguien o un bautizo, una comunión, una
boda, las vecinas la llamaban por el patio, se
bajaba corriendo las escaleras. Llegaba al convite, y contaba chistes, la gente se quedaban con la
boca abierta, y se hartaban de reír con la gracia que contagiaba. En este caso,
solamente estaba para despedir a su difunto marido. Dió las gracias a todos los
que se encontraba en aquel momento, para apoyarla y darle su cariño. Lo
quemaron y hecharon las cenizas al mar, antes de darle el último adiós, le
tiraron flores. Pasaron algunos años, se
puso a trabajar muy joven para ayudar en casa, y salir adelante, no sabía leer
ni escribir, ni sus hermanos. No podían
matricularse en el colegio, ni los otros dos, pero hechaban una mano en lo que
pudiesen. Entró a formar parte de sus vidas, un nuevo hombre, que conoció la
madre. Su nombre era Armando Penedo, y con un
carácter muy fuerte. Se casaron, y tuvieron dos hijas más que añadió,
les llamaron María De Los Ángeles y Manuela. Este último que tuvo, era todavía
peor, todo lo pagaba con la mayor, que la trataba mal. De un momento a otro, la
madre se vió en el espejo, que le había salido en el rostro, como una especie
de grano. A lo primero, no le hechaba cuenta, pero después, la cosa se puso más
complicada. Cada vez, empeoraba, entonces, no tuvo más remedio que ir al
médico. Le dijo que lo que tenía era un grano de grasa, al final, se lo
quitaron, lo curó, se lo tapó con una gasa, y se marchó. Cuando pasó , estaba
bien, sin embargo, su cara decía todo lo contrario. Empezó a ponerse como
desfigurada, y ya los nervios, se apoderaban. Al cabo de los días, murió, con
tan solo 40 años, dejando a la más pequeña con meses. En aquellos tiempos, la
ciencia no estaba tan avanzada como ahora, porque no había los medicamentos
suficientes para curar a las personas con alguna enfermedad o virus. Manuel iba
a buscar a su novia para dar un paseo, y se llevaban a sus hermanas. Las
personas que les veían paseando con el cochecito de la pequeña, se pensaban que
era su hija. Eran muy jóvenes para saber lo que les iba a deparar el futuro,
pero la vida da muchas vueltas. Al fin y al cabo, el amor es lo que cuenta
entre ellos. Él no sabía como dirigirse al padrastro de Dolores para pedirle su
mano, pero hasta que al final, fue a su casa, se sentaron, hablaron los dos, y
por fin, dió su consentimiento.



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